Gisela Pulido: “Quiero enfrentarme a mí misma y a la naturaleza”

Gisela Pulido consiguió su primer Mundial de kitesurf con tan sólo 10 años. Desde esa fecha siempre ha estado en lo más alto de este deporte, alzando el título en una decena de ocasiones. A sus 22 años, esta mezcla de competitividad, autoexigencia y madurez se ha convertido  en toda una leyenda, que además estudia a distancia ADE y posee escuelas de kitesurf en varios países. Ahora, en un año en el que ha decidido aparcar la competición para enfrascarse en nuevos proyectos proclama para Compostimes su amor por el kitey repasa una carrera plagada de éxitos.

El kitesurf es un deporte minoritario, y lo era aún más hace casi 15 años cuando te iniciaste en él. Gisela, ¿por qué kitesurf?

Pues un poco por dos motivos: primero porque mi padre no me dejaba practicar kitesurf porque era muy peligroso y cuando a un niño pequeño le prohíben algo tiene más ganas de hacerlo. Y luego también porque cuando estaba con el kite lo pasaba súper bien, me parecía el deporte más increíble del mundo, era mi pasión.

¿Cómo fue tu “primera vez” con la cometa?

Con 6 añitos me hacía mis propias cometas y las volaba en la arena hasta que al final convencí a mi padre para que me comprara una.  Y cuando tenía 8 años por fin accedió. Así que cuando me metí en el agua tenía tan dominada la técnica que cogí la tabla y salí navegando.

¿Cómo consigue una niña de 10 años sobrevivir en un circuito con gente que le saca 15 o 20?

Uno no es consciente cuando es tan pequeño de lo que está haciendo, a lo que se está enfrentando. Creo que es como cuando eres pequeño y no te da miedo volar en avión ni las turbulencias. A mí me da más respecto  volar en avión ahora que antes. Es lo mismo.  Antes era un juego, no te ponías nerviosa, no tenía esa presión tampoco. No tenía nada que demostrar a nadie. Lo hacía porque era un sueño que quería cumplir.

“Si pudiera elegir, volvería a vivir lo mismo que he vivido”

Tu niñez ha sido de todo menos convencional. ¿Qué crees que te ha aportado vivir una infancia tan diferente?

El poder viajar desde tan pequeña y ver las diferencias sociales, las distintas culturas y religiones. Y ver como conviven unos con otros, las diferentes personalidades. Gente increíble del mundo, gente no tan buena… Todo eso. Yo si pudiera elegir, volvería a vivir lo mismo que he vivido. No lo cambiaría por nada porque me ha hecho como soy como persona hoy en día. Estos últimos cuatro años que he empezado a viajar sola y he visto más el mundo por mis propios ojos y eso ha marcado un antes y un después en mí como persona.

¿Qué se le pasa por la cabeza a una niña de diez años cuando se convierte en Campeona del Mundo?

Recuerdo que estaba en la última etapa del mundial y estaba empatada a puntos con otra chica. Cuando salí del agua y dijeron que había ganado estaba súper contenta porque era campeona, pero realmente no era consciente de lo que había conseguido. Estaba  más contenta porque mi padre estaba eufórico y dije: “si mi padre está feliz, pues yo también”.

Gisela no ha soltado las cometas desde los 6 años, cuando las volaba en la arena ©Instagram Gisela Pulido

Gisela no ha soltado las cometas desde los 6 años, cuando las volaba en la arena | ©Instagram Gisela Pulido

Precisamente tu padre ha jugado un papel fundamental en tu carrera, ya que además ha sido tu entrenador, tu mentor… ¿No es difícil separar donde empieza el exigente coach y donde comienza simplemente “papá?

Él siempre tuvo pasión por los deportes extremos y también por el kite. De hecho fue de los primeros en practicarlo en España. Fue mi inspiración. Cuando empezamos esta aventura de mudarnos a Tarifa para convertirme en profesional de este deporte hacía todo lo que él me decía.  Era consciente de que si quería llegar a la élite mundial tenía que escucharle e intentar separar la parte de padre y la de entrenador.

¿Cuándo el kitesurf deja de ser un hobby y se convierte en una profesión?

Creo que  me di cuenta cuando me mudé a Tarifa y empecé a entrenar muchas más horas que en Barcelona. Y daba igual si hacía sol,  si estaba nublado o si estaba lloviendo. Me metía al agua igual. Ese fue el momento que dije: “vale esto no es un juego, esto es algo serio”. Esto era quizás lo que más duro se me hacía. Una vez que estaba en el agua ya se me olvidaba si hacía frio o calor. Pero el momento este de decir: “tengo que ir al agua” da pereza.

¿Con qué momento de todos estos años en el kitesurf te quedas?

Con el primer Mundial que conseguí porque fue eso, el primero de todos. Y con este año  porque ha sido un tiempo de transición para mí, donde he pasado mucho tiempo pensando en mis futuros proyectos, en lo que quiero conseguir, en lo que quiero hacer…  Y he disfrutado mucho de la naturaleza, sitios nuevos, viajes increíbles y he conocido a gente súper especial. Ha sido un año donde he podido disfrutar mucho más de mi misma y de este deporte.

“Era una niña que apenas hablaba castellano y me costó mucho habituarme a la Andalucía profunda y cerrada”

¿Cuál ha sido la parte más dura de dedicarte a eso?

Hay dos partes duras: la primera dejar a mi familia, y sobre todo a mi madre en Barcelona y verla muy poco cuando me mudé a Tarifa para poder mejorar mi entrenamiento. Y la otra parte muy dura fue adaptarme. Era una niña que apenas hablaba castellano y me costó mucho habituarme a la Andalucía profunda y cerrada. Lo pasé mal los dos primeros años en el colegio, pero al llegar al instituto ya empecé a encontrar a mis amigos, gente que hacía kite…  Y ahora ya me considero más de Tarifa que de Barcelona.

La 10 veces campeona del Mundo de kitesurf no deja de superarse con nuevos retos. ¿El último? Recorrer con su tabla las islas Canarias ©Instagram Gisela Pulido

La 10 veces campeona del Mundo de kitesurf no deja de superarse con nuevos retos. ¿El último? Recorrer con su tabla las islas Canarias | ©Instagram Gisela Pulido

¿Sientes que has tenido que sacrificar demasiado para convertirte en profesional del kitesurf?

No he conocido una vida tampoco donde haya tenido que sacrificar mucho. Porque a los diez años ya empecé a competir, a ser profesional de este deporte. No he sido una adolescente que haya tenido que dejar de salir con los amigos porque desde muy pequeña he vivido eso, la disciplina del entrenamiento y de la competición. Siempre hacía lo que quería en ese momento, lo que me motivaba y lo que me hacía feliz. Para mí eso era entrenar. Y el tiempo libre que me quedaba era para descansar o a lo mejor sí pasar un rato con mis amigos pero no era mi prioridad. Mi prioridad era siempre estar en el agua.

“Somos un punto de nada entre tantos litros y litros de agua que hay en el océano”

Ahora que te has dado un descanso del Mundial de kitesurf ¿qué retos tienes en mente?

Este año  he hecho uno que ha sido muy exigente. Unir las 8 islas Canarias en 7 días, en etapas de 90 kilómetros, navegando cada día 3 o 4 horas bastante rápido. Había días en los que estaba en el mar y no veía al barco de apoyo porque había 5 o seis metros de olas. ¡Imagínate! Somos un punto de nada entre tantos litros y litros de agua que hay en el océano. Fue un reto súper bonito, de estar en contacto con la naturaleza, pero también en el que hubo momentos de miedo e inseguridad.

¿Ese temor está presente cuando estás en el agua?

En realidad no sabes lo que hay debajo de ti, no ves tierra, sólo mar. Pero creo que una de las cosas más chulas de estar navegando es mirar hacia atrás y ver la tierra cada vez haciéndose más pequeña, y luego verla poco a poco volverla hacerse más grande. Eso no se me va a olvidar nunca.

¿Y cómo planteas ahora tu futuro?

Me gustaría entrenar no tan centrada en el freestyle sino en una modalidad en la que trabajo con las olas. Y también practicar otro tipo de deportes como windsurf, pádel surf o paracaidismo. Convertirme en una mujer que hace toda clase de deportes. Quiero enfrentarme a mí misma y a la naturaleza.

¿Y el Campeonato Mundial? ¿entra en esos proyectos?

Sí, Pero la situación del Mundial es complicada: el año pasado cuando Virgin lo compró todo el mundo tuvo unas expectativas muy altas, pero al ser una empresa tan grande, todo el mundo quiso aprovecharse de la situación y eso hizo lo contrario de lo que se esperaba: separó el Mundial. Este año no ha habido Mundial (apenas 4 pruebas) y el año que viene no sabemos cómo va a ser tampoco. Por eso no quiero dedicar mis esfuerzos a algo que no me va a satisfacer y que no me motiva en este momento. Ahora quiero mejorar más como atleta, aprendiendo otros deportes y entrenando, no compitiendo.