Borja Golán: “Algún día espero poder devolver al squash todo lo que me ha dado a mí”

El pasado sábado comenzó la temporada baloncestística en Santiago para el Obradoiro. Antes de un primer partido marcado por la lesión de Alberto Corbacho, el Multiusos Fontes do Sar rindió un homenaje a uno de los deportistas más prolificos que ha dado esta ciudad: Borja Golán. Dos días antes, en ese mismo pabellón, teníamos la oportunidad de charlar con el mejor jugador de squash de la historia de España. La de Borja (Santiago, 1983) es la historia de un chico que decidió convertir un deporte minoritario en su proyecto de vida, dejando atrás su hogar para formarse y poder codearse con los mejores. Llegó a ser número cinco del mundo tras superar una lesión que lo mantuvo alejado de las pistas durante casi un año, allá por 2009. Ese bache no sólo no lo paró, sino que sirvió para impulsarlo a viajar hasta cotas más altas. A sus 33 años sigue rompiendo barreras: recientemente se proclamó campeón de Europa, destronando al aparentemente imbatible Gregory Gaultier y convirtiéndose en el primer español en alcanzar ese logro. Aunque aún ve lejana la retirada, tiene muy claro su futuro: dedicarse en cuerpo y alma a un deporte que se lo ha dado todo, tanto dentro de la pista como cuando la abandone. 

Estamos ante el mejor jugador español de squash de la historia. ¿Da vértigo ser la cara visible de ese deporte, el modelo a seguir por los chavales que empiezan a practicarlo?

Aún no me he sentado a pensar en todo lo que he hecho y lo que no, sólo pienso en mejorar como jugador el tiempo que pueda y acabar mi carrera lo mejor que pueda. Cuando lo deje recordaré unos años que han sido muy bonitos para mí, en los que aprendí muchísimo no sólo por los títulos que he ganado, sino por las experiencias que he vido como niño, como adolescente y como adulto. El deporte es muy importante en la vida de una persona, te aporta valores que otras actividades no pueden, te lleva a viajar, a abrir tu mente y a tener otra perspectiva del mundo en el que vives. Al final todo esto me ha costado mucho trabajo, muchas horas fuera, mucho tiempo lejos de la familia… ya con 19 años me fui a Inglaterra para seguir con mi carrera. Pero al final todo ese trabajo tiene su recompensa.

En España no hay demasiados jugadores entre los mejores del mundo. Tú eres el número catorce, pero hay que bajar al 86 para encontrar a otro español. Mientras tanto, otros países como Egipto cuentan con cuatro jugadores en el Top 5. ¿Qué se está haciendo mal aquí?

Funciona por tendencias, a en los años 80 y 90 dominaban los pakistaníes, ahora lo está haciendo Egipto, que tiene una hornada impresionante. También lo han fomentado: tienen muchos clubes, muchas pistas, muchos niños jugando… tú en Egipto vas a un club de veinte pistas y ves que están todas ocupadas, vas a un torneo sub-11 de niños o de niñas y te encuentras con que hay más de cien participantes, es algo increíble. En España, si nos comparamos con otros países, las ayudas son bastante flojas, se nota la diferencia. Aquí en Santiago llevamos unos años luchando por unas pistas municipales y parece que al final crearán unas instalaciones cerca del Fontes do Sar en las que se podrá practicar bádminton, ping pong y squash. Será una especie de Ciudad de la Raqueta, algo que no hay ni en Galicia ni en España. Si se hace, será impresionante. Las autoridades tienen que ser conscientes de que para obtener resultados hay que invertir, no hay una varita para conseguir que los jugadores te traigan a casa trofeos.

Borja Golán es el mejor jugador de squash que ha visto España | ©Carlos Rey

Borja Golán es el mejor jugador de squash que ha visto España | ©Carlos Rey

¿Hay mucha afición en Santiago?

En Milladoiro, donde yo entreno, cada vez va creciendo más la escuela y viene más gente a probar el deporte. El problema con el squash es que no llega a todo el mundo, porque la gente sólo ve las pistas si va hasta el club. Lo ideal sería que hubiese más pistas municipales para que la gente tuviese la oportunidad de conocer el deporte. Y te digo una cosa: el squash engancha. Es muy divertido y muy fácil de jugar desde el primer día, tú te pones tu propio ritmo. Los puntos acaban cuando dejas de correr. También es muy activo, se entra en contacto con la pelota cada muy poco tiempo, es más participativo que otros deportes colectivos.

Has conseguido de todo en estos años en la élite del squash. En septiembre te proclamaste campeón de Europa ante Gregory Gaultier (actual número dos), que lleva dominando el torneo los últimos diez años.

Sí, ganar el Campeonato de Europa no es fácil, sobre todo ante un rival de su talla, que lleva toda la vida entre los diez primeros. Pero no hay que mirar atrás, ahora toca seguir haciendo las cosas bien y seguir disfrutando del squash. Esto también ayuda a dar visibilidad al deporte. Los medios locales siempre se han portado muy bien conmigo, pero a raíz del europeo el squash se hizo un hueco en la portada de Marca, algo que nunca antes había pasado. Poco a poco vamos rompiendo barreras.

“Ganar títulos como el europeo ayuda a dar visibilidad a este deporte”

¿Cómo afrontas esta temporada?

Ha empezado bien, la verdad. Además del europeo, hace dos semanas ganamos un torneo de selecciones autonómicas y desde agosto ya participé en otros cinco. Ahora estoy aprovechando para entrenar y recuperar. También estoy haciendo pruebas por una pequeña lesión en la espalda, pero tengo un mes para volver a estar al cien por cien.

Ya habías superado una lesión muy dura en 2009.

Sí, tuve una rotura completa del ligamento cruzado derecho. Me recuperé bien de la lesión, pero perdí muchos puestos en el ránking y bajé al cien. En aquella época justo me había conseguido situar entre los diez primeros, pero después de la lesión, en 2014, conseguí llegar al número cinco. Cuando tocas fondo sólo cabe ser positivo y entrenar más duro incluso. Creo que también disfrutas más del deporte tras pasarlo mal: de verte con muletas e incapaz de valerte por ti mismo pasas a estar de otra vez en una pista de squash. La idea de verte de nuevo haciendo lo que más te gusta te motiva más y empiezas a jugar para vivir el juego, más allá de ganar o perder.

¿Llegaste a plantearte la posibilidad de retirarte?

La primera semana después de la lesión, mientras esperas a que te operen, te pasan muchas cosas por la cabeza. Pero por aquel entonces tenía 26 años y sabía que aún quedaba mucha carrera por delante. Una vez operado me fui marcando retos cada semana con la rehabilitación, haciendo cosas nuevas, y me motivé mucho para recuperarme lo antes posible. Al final fue una etapa constructiva, te conoces mucho más a ti mismo a través de situaciones adversas y ahora creo que soy mejor jugador y mejor persona de lo que era.

Golán espera recuperarse de una pequeña lesión en la espalda de cara al Campeoato Mundial, a finales de este mes | ©Carlos Rey

Golán espera recuperarse de una pequeña lesión en la espalda de cara al Campeoato Mundial, a finales de este mes | ©Carlos Rey

El squash es un deporte con una vida profesional relativamente larga, de más de 35 años. Tú ya tienes 33. ¿Qué perspectivas de futuro tienes?

Ya soy uno de los veteranos del circuito. Últimamente la edad media de retirada está en 37 años, aunque veo muy complicado llegar, pero espero seguir un par de años más al mismo nivel.

No suele ser fácil para los deportistas de élite volver al mundo laboral después de la retirada. ¿Ya te has planteado qué hacer cuando dejes de ser un profesional del squash?

Pues la idea sería no dejar de lado ese mundo. En España todavía se pueden hacer muchas cosas y me gustaría poder ayudar a ese deporte que tanto me ha ayudado a mí, aportando mi experiencia para entrenar gente, mejorar los circuitos o conseguir más pistas. No es tan fácil, pero si fui prácticamente el único español que vivió quince años de esto, ¿por qué no plantearse otro reto?

“Me gustaría ayudar al deporte que tanto me ha dado después de retirarme”

¿Cuánta gente puede dedicarse exclusivamente a este deporte?

Los cien primeros, más o menos. Luego ya depende del país en el que estés, de los patrocinios que tengas… si en un país eres el número uno, es posible que puedas vivir de ello aunque seas el 120. Aunque todo depende de que tengas buenas ayudas. Mucha gente para salir adelante da clases, pero hacerlo también te quita tiempo para entrenar, mejorar y escalar puestos en el ránking. Pero vaya, que una vez entre los cincuenta primeros la dedicación es exclusiva.

¿Cuál fue tu primer acercamiento al squash?

La casa de mis padres estaba a trescientos metros del club, entonces… practicaba varios deportes y me quedé con el squash y el fútbol. Estuve unos años practicando los dos, pero al final me decidí por el squash: viajaba más, iba a más torneos y al final es un deporte individual en el que si te esfuerzas sabes que vas a sacar más provecho que en uno colectivo en el que dependas de más gente.

¿Cómo animarías a un joven a, como hiciste tú, dar sus primeros pasos en este deporte?

Yo le diría que es un deporte fácil, que te obliga a moverte mucho y a mejorar la coordinación y los reflejos. El squash es muy completo, ejercitas desde las piernas y las manos hasta el tronco. Además, es muy divertido. Y oye, que con lo que llueve en Galicia, el hecho de que se juegue a pista cubierta ayuda. Estamos intentando crear escuelas municipales en los alrededores de Santiago también. Al final, la base de un deporte, los niños, son el termómetro para ver si un deporte está sano.