De cuando el medievo vistió Padrón

El conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, afirmó una vez que “Galicia é unha auténtica festa”. Y no estaba equivocado. El amplio abanico de posibilidades culturales y de ocio en el territorio gallego es indudable: festivales, actuaciones, fiestas, torneos, jornadas,… La diversidad de opciones de recreo se incrementa, además, en la época estival.

Durante el verano tradición y cultura popular se suman, más que nunca, para traer pedazos de memoria pasada que hacen disfrutar a decenas de pueblos en la comunidad. Una de las piezas clave de este puzzle son las fiestas medievales. La Feira Franca (Pontevedra), la Festa da Istoria (Ribadavia) o, la más reciente, la Festa Medieval de Padrón son ejemplos de ocasiones en las que turistas y visitantes tienen la posibilidad de, al menos por unas horas, regresar a épocas de siglos atrás.

Durante la Edad Media la vestimenta no definía sino el estatus social de las personas

El pasado fin de semana (8, 9 y 10 de julio), Padrón se convirtió en una “auténtica festa” que impregnó los rincones del municipio de nobles, campesinos y siervos medievales. Aunque las calles también se visten para la ocasión, no hay duda de que los trajes son lo más llamativo de esta celebración como máximo representante de una época.

Mercado. ©María C.

Mercado. ©María C.

En la actualidad, la moda representa la personalidad, el gusto o las aficiones personales de su portador, mas durante la Edad Media la vestimenta no definía sino el estatus social de las personas. Los principales personajes que paseaban el fin de semana pasado por el Padrón medieval eran:

Campesinos y siervos: la indumentaria típica de este estamento es sencilla y funcional, ya que estaba pensada para trabajar. Las telas empleadas eran económicas -lana, lino y pieles-, incluso cuando se trataba de los vestidos para los días de celebración. Las mujeres confeccionaban sus propias prendas con esos tejidos, mas solo podían emplear colores como el negro, el gris o el marrón, pues las tonalidades vivas estaban reservadas para las clases altas. Además, el único tocado permitido era una caperuza de fieltro, que ellas acompañaban con una melena suelta o alguna trenza.

Campesina en Padrón. ©María C.

Campesina en Padrón. ©María C.

Nobles y realeza: sus ropas se caracterizan por ser prendas lujosas, tanto en los tejidos como en la pedrería y en otros detalles decorativos. Los trajes de las mujeres tendían a ser más alegres y coloridos que los de las clases bajas. Junto a esto, los tocados también variaban. Lo adornos más habituales eran las diademas hechas de piedras, hojas o tela. Las casadas llevaban por debajo un velo, mientras que las doncellas o solteras tenían permitido lucirlas sobre su, habitual, larga melena o sobre un recogido de trenzas. Por su parte, los hombres vestían jubones y túnicas que solían acompañar con caperuzas en la cabeza. Pero la función de este tipo de gorro no era ornamental, sino que su fin era protegerlos del mal tiempo.

Noble en la Festa Medieval de Padrón. ©María C.

Noble en la Festa Medieval de Padrón. ©María C.

Nobles en la plaza de toros de toros de Pontevedra durante la Feria Franca. ©Tatiana Ojea

Nobles en la plaza de toros de toros de Pontevedra durante la Feria Franca. ©Tatiana Ojea

Los caballeros son hombres que representaban la protección y la guerra, pues pertenecían al cuerpo militar. Por ello, portan armadura de malla y metal para protegerse y también acompañan su indumentaria con un escudo y algún tipo de arma: espada, ballesta, alabarda o lucero de alba.

Mercado Padrón. ©María C.

Mercado Padrón. ©María C.

Los trajes medievales que lleva la gente a este tipo de celebraciones son tanto o más seductores que la propia programación del festejo. Las atracciones, el mercado o los puestos de comida quedan relegados a un segundo plano, puesto que el gran atractivo de las fiestas radica, precisamente, en poder vestirse con ropas que mucho distan de la época actual. Un disfraz que, durante algunos días, nos traslada a una sociedad anterior.

Autores: Sara Pérez Seijo y Raquel Otero