A cambio de todo

Afrontar una película con mirada analítica no siempre es fácil, debido a la complejidad de los productos cinematográficos y la numerosa cuantía de aspectos a valorar. Sin embargo, si hay algo en un filme que pueda ser detectado con rapidez por cualquiera es si éste está escrito desde las entrañas. La honestidad fílmica es un fenómeno nada habitual y que gusta afrontar, un hecho que se ha desvanecido entre luces, cámaras y acciones vacías. La pureza artística nos ha hecho olvidar el por qué de que, ya más de un siglo más tarde de la aparición del cinematógrafo, sigamos sentándonos delante de la pantalla y mordiéndonos las uñas. Hemos olvidado a identificarnos con nuestras historias.

Alguien que no ha olvidado que el cine es un arte que también puede expulsarse desde lo más profundo es Daniel Guzmán. Conocido por sus escarceos en sitcoms de Atresmedia como ‘Aquí no hay quien viva’ o ‘La familia Mata’ y tras pasar diez años alejado de la gran pantalla, el intérprete madrileño ha decidido volver al cine colocándose, además, al otro lado de las cámaras. La dirección de la cinta ‘A cambio de nada’ le ha supuesto el segundo Premio Goya de su carrera (ya lo había ganado en 2003 por el cortometraje de ficción ‘Sueños’), en esta ocasión correspondiente a la categoría de Mejor Dirección Novel.

Luis Tosar participa de forma casi circunstancial como el padre de Darío (Foto: Al Cine).

Luis Tosar participa de forma casi circunstancial como el padre de Darío | ©Al Cine .

La premisa de la cinta es sencilla, al igual que el desarrollo narrativo de su trama. Darío (el sorprendente Miguel Herrán, cuya historia para con la película merece ser leída) se escapa de casa ante la problemática constante entre sus padres y encuentra cobijo en su amigo Luismi, ingenuo y bobalicón a ratos; Caralimpia, un mecánico asomado de lleno al mundo de la delincuencia y propietario de una destructiva lógica vital; y Antonia, una mujer de avanzada edad que se dedica a vender chatarra en un mercadillo (curiosamente interpretada por la abuela del propio Daniel Guzmán, ajena por completo al universo del cine). Un cuadro francamente suburbial para acoger una historia de crecimiento adolescente.

A nivel estético, la cinta es particularmente limpia y retrata con solidez cada rincón del propio barrio en el que Guzmán se crió. Relata las circunstancias y el contexto decadente en el que tanto él como el ficticio Darío se vieron obligados a desarrollar su personalidad con el aplomo de un director que, pese a su inexperiencia, conoce al dedo aquello que nos está contando. La franqueza de su discurso es tan apabullante que el espectador acaba por pedir al trabajo de producción que únicamente cumpla con la función de dar fluidez a la cruda historia que se presenta ante sus ojos.

La pureza de la cinta es lo que la hace distinta | ©Zircozine.

La pureza de la cinta es lo que la hace distinta | ©Zircozine.

Lo brillante de esta cinta y lo que ha terminado por hacerla especial desde el Festival de Málaga hasta los propios Premios Goya ha sido, precisamente, la validez de su mensaje a la hora de ser trasladado al pie de calle. El reflejo de una situación tan brutalmente cierta como la de los puñados de jóvenes que acaban viendo como sus sueños se sumergen en territorio sombrío, dilapidando así sus esperanzas vitales, es tan puro y tan creíble que funciona como un reloj a la hora de cogerte y colocarte rápidamente en la piel de Darío.

El trabajo tras ‘A cambio de nada’ ha ocupado los diez últimos años de la vida de Daniel Guzmán, destripando en ella, además, las experiencias, sensaciones y sinsabores de su paso de la adolescencia hacia la vida adulta en los suburbios de Madrid. Nada como una vida de experiencias para contar una experiencia tan llena de vida. Daniel Guzmán nos ofrece su historia a cambio de nada y, así, a cambio de todo, es como ha acabado por triunfar definitivamente en el universo de los largometrajes españoles. Ofreciendo un producto de calidad pero, sobre todo, firmando su legado y su homenaje a su vida pasada. Quién sabe si en su memoria todavía quedan historias por contar.