Europa, al fondo a la derecha

“Somos el único partido que tiene una línea dura con los inmigrantes ilegales. Si no paramos esto, en unos años los griegos vamos a ser una minoría en Grecia, y eso no lo vamos a consentir”. Así de contundente es Ilyas Kasidiaris, portavoz de la tercera fuerza política con más apoyo popular en las elecciones del pasado domingo en Grecia: Amanecer Dorado. Algunos le recordarán como el político que abofeteó a una periodista en directo en un debate televisado. Mucho ha pasado desde entonces. En lo personal (y penal), Kasidiaris estuvo 18 meses en prisión por posesión de armas. En lo social la cosa ha ido mejor para su partido, que antes de la crisis representaba un testimonial 0.5% del voto griego. Hoy en día es del 7%, lo que equivale a más de medio millón de ciudadanos griegos.

Si bien su ascenso con respecto a las elecciones del pasado mes de enero no ha sido de más de un punto, la fragmentación del escenario político ha hecho que ahora ocupen esa tercera plaza… y prometen ir a más. “En octubre, cuando los griegos empiecen a sentir los efectos de la inmigración y el memorándum, veréis como nuestro apoyo se incrementa radicalmente”, vaticina Kasidiaris. Y no parece que vaya desencaminado. Los parados son uno de los grupos sociales que mejor reciben sus mensajes: el 16.6% del voto que reciben proviene de desempleados. Lesbos, Samos y Kos, las islas que se han hecho tristemente célebres por la llegada masiva de refugiados a sus costas, confirman también la visión del portavoz de Amanecer Dorado. En Lesbos y Samos pasaron del 4.7% y el 5.5% de enero al 7.8% y 7.7% del pasado domingo. En Kos superaron la barrera del 10%.

“En octubre, cuando los griegos empiecen a sentir los efectos de la inmigración y el memorándum, veréis como nuestro apoyo se incrementa radicalmente”, vaticina Ilyas Kasiriadis

Imagen tomada durante una marcha de partidarios de Amanecer Dorado en Atenas | ©Yannis Kolesidis / AP Photo

Imagen tomada durante una marcha de partidarios de Amanecer Dorado en Atenas | ©Yannis Kolesidis / AP Photo

Pero el crecimiento de la extrema derecha (entendiendo ésta como euroescéptica, contraria a la inmigración y ultranacionalista) no es un fenómeno exclusivamente griego: el de Amanecer Dorado puede ser el caso más radical de Europa, pero no es ni el más relevante ni el que más representación ha obtenido. Los Finlandeses (que antes se hacían llamar ‘Auténticos Finlandeses’) forman parte de un Gobierno de coalición con la derecha moderada. El Front National de Marine Le Pen fue la fuerza más votada de las pasadas Elecciones Europeas. Cada país y cada partido tiene sus peculiaridades, pero la tendencia en el viejo continente es clara: su contestación a la crisis es un giro a la derecha.

El euroescepticismo, eso sí, no es patrimonio de la derecha. También encontramos críticas de Syriza, Podemos o el Front de Gauche a la Unión Europea por su falta de solidaridad. Desde el extremo opuesto las voces se alzan contra el exceso de la misma. La crisis migratoria del último mes no ha hecho más que evidenciar estas posturas, dejando ejemplos tan claros como el del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, que gobierna en coalición con los democristianos. Su respuesta a la llegada de inmigrantes ha sido el cierre de las fronteras, una decisión que ha levantado ampollas entre sus compañeros del Partido Popular Europeo. El final de este año está cargado de citas con las urnas alrededor de toda Europa. La inmigración será uno de los temas candentes en la mayor parte de ellas.

Ley y Justicia, un partido polaco que podríamos etiquetar dentro de lo que hemos llamado extrema derecha, será uno de los primeros en experimentarlo. En 2011 ya habían obtenido el 29.9% de los votos, pero de cara a la cita electoral del próximo 25 de octubre ninguna encuesta baja sus expectativas del 35%, mientras que el partido de centro-derecha que gobierna actualmente caería veinte puntos y perdería la primacía en un país tan conservador como Polonia. En Suiza, donde el año pasado se aprobó por referéndum la limitación de permisos de trabajo a extranjeros, todo apunta a que el Partido Popular Suizo revalidará su primer puesto el 18 de octubre.

En la Europa Occidental los sistemas electorales y los grandes partidos tradicionales han impedido en buena medida el auge de partidos de extrema derecha. El reparto de diputados de Reino Unido hizo que el United Kingdom Independence Party (UKIP) lograse tan solo un escaño a pesar de recibir el 12.7% de los votos. Esta incapaz a la hora de obtener cargos orgánicos, sin embargo, no ha hecho que caiga en la irrelevancia. El auge de un partido ubicado en el mismo tramo del espectro ideológico hizo que David Cameron radicalizase su postura hacia la inmigración o la Unión Europea, buscando así contener el crecimiento del UKIP. Una vieja compañera de partido, Margaret Thatcher, dijo en su momento que su mejor creación política había sido Tony Blair. Lo mismo podría decir Marine Le Pen de la dupla Hollande-Valls en Francia: su presión fue culpable en buena medida de que el Partido Socialista siguiese adelante con la expulsión de gitanos iniciada en su momento por Nicolas Sarkozy.

Manifestación de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) en Dresde | ©Kay Nietfeld / DPA

Manifestación de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) en Dresde | ©Kay Nietfeld / DPA

En Dinamarca y los países escandinavos, siempre idealizados como los paraísos de la socialdemocracia, también han crecido notablemente estos partidos, lo que demuestra que no se necesita una situación límite como la griega en lo económico y lo social para que estos posicionamientos ideológicos cobren fuerza. Es más, mientras que en el caso griego es la población de los barrios populares la que deposita su confianza en Amanecer Dorado, en el norte de Europa es una clase media temerosa de perder sus privilegios la que constituye la base electoral de estos grupos. Estas expresiones no llegan sólo a través de las urnas: el movimiento Pegida (patriotas europeos contra la islamización de Occidente) alemán, por ejemplo, recurrió a manifestaciones para defender unos principios similares a los de estos partidos.

La extrema derecha ha sabido adaptarse a los tiempos: han huido del militarismo y la estética fascista que aún conservan grupos como Amanecer Dorado para dar un paso más hacía la consecución del poder político. Jean-Marie Le Pen era considerado una rareza antisemita, mientras que su hija se ha enfrentado a esa figura para dar una imagen más respetable pero que, en el fondo, conserva los mismos ideales. Y es que las ideas permanecen inalterables, pero se presentan nuevas realidades que ofrecen oportunidades aprovechables para quienes saben vender su mensaje mejor que sus predecesores. El tiempo pasará y mensajes tachados de “radicales” como los de Viktor Orbán serán reformulados conservando un mismo fondo. De la capacidad para entrar en ese debate dependerá en buena medida el futuro de una Unión Europea que no es capaz de contener el auge de los escépticos en su seno.