El Mercado interminable: cinco años de obra en el Mercado de O Progeso

El Mercado de O Progreso de Vigo cuenta ya con 107 años de historia. Considerado como uno de los más importantes por situarse en pleno corazón de la ciudad, ha sido hasta hace poco el lugar donde confluían las compras de las mejores materias primas de nuestro país con las mejores historias que se intercambiaban de boca en boca en una especie de trueque de información. Y es que ir al mercado siempre ha tenido un componente social que poco o nada han podido heredar las grandes cadenas de alimentación.

Sin embargo, estos últimos años no están siendo nada agradables para un grupo de comerciantes que han visto crecer el mercado tras las cajas registradoras de sus puestos. El proyecto de construcción del nuevo edificio iniciado en 2010 ha demorado las obras hasta hoy, julio de 2015. Un plazo de un año y medio inicial que se ha convertido en cinco largos años de mentiras, reducción de ventas, fuga de clientes y desesperación de los trabajadores. La falta de acuerdo entre el PSOE y el BNG y la falta de financiación para el proyecto han hecho de lo que se vendió como el resurgir del Progreso, un auténtico cubo de cenizas. Aún así, no todos se muestran pesimistas y creen que la apertura del nuevo edificio relanzará el mercado y volverá a recuperarse todo lo perdido en cinco años de obras.

El proyecto de construcción del nuevo edificio iniciado en 2010 ha demorado las obras hasta hoy, julio de 2015. Un plazo de un año y medio inicial que se ha convertido en cinco largos años

Septiembre de 2010: Aún con el gobierno del bipartito, se decidió comenzar la construcción de un nuevo edificio para el Mercado con el objetivo de “crear un ambiente más cálido, con espacios, con vistas, con buena luz natural y artificial, con materiales de construcción agradables y con aire fresco y sano”, según recoge la página web del nuevo Mercado de O Progreso. Un palacio para frutas, verduras y pescado donde se buscaba renovar el concepto de mercado tradicional y “adaptarlo a los nuevos tiempos”. Se fijó la fecha de remate de la obra en abril de 2012 y se le asignó un presupuesto inicial de 4,5 millones de euros. Cantidad que dista de lo invertido en la remodelación de los otros dos mercados de la ciudad, el del Berbés y el de As Travesas, con 1,74 y 3 millones de euros de financiación, respectivamente.

Interior del edificio provisional del Mercado de O Progreso, con ya casi cinco años de recorrido |  © M.Moralejo, La Voz de Galicia

Interior del edificio provisional del Mercado de O Progreso, con ya casi cinco años de recorrido | © M.Moralejo, La Voz de Galicia

“Los otros mercados fueron reformados, sin tocar la estructura”, explica Mingos, con su batín azul de faena y los zapatos de medio Vigo a su alrededor dispuestos a pasar por sus manos de zapatero. Su puesto ya no forma parte del Mercado propiamente, sino de una parte comprada por una empresa privada, pero al llevar desde el año 84 en las filas nada se le escapa. “Yo hubiera mantenido el mercado como estaba, lo hubiera adaptado bien, le hubiera hecho un par de reformas, pero no tanta obra. Me parece a mí que fue demasiada obra inútil. Pretenden hacer un Mercamadrid, pero esto no es Madrid. Hay que adaptarse a cómo es cada ciudad.”, sentencia. Forma parte de los pesimistas que creen que un nuevo concepto de mercado no tendrá demasiado arraigo aquí. En el bando contrario está Pili Quiñones, frutera, que cree que “la reforma hará que el mercado sea más bonito y operativo, tanto para nosotros como para los clientes” y que “hay que ir con los tiempos”. Está de acuerdo en que en muchas ciudades están revalorizando los mercados y “muchos se han transformado en zonas de tapeo, como puede que ocurra aquí. La gente lo ve como algo bonito para visitar. Esperemos que nuestros clientes vuelvan.”, dice con una sonrisa que te anima a comprar un kilo de cada fruta.

Llegó 2012 y no se acabó ni el mundo ni el edifico del mercado. Las obras continuaban a medio gas y con una financiación precaria que hacía que los clientes tuvieran que empezar a buscar alternativas. La paciencia se iba acabando y la gente se iba marchando. Lila es charcutera y está al frente de uno de los puestos más emblemáticos del mercado. Para ella, la demora en la llegada del fin del proyecto “es morirnos en vida. Todo ha sido ir cada vez más para abajo. No tiene aliciente venir aquí, no tenemos supermercado, no tenemos garaje -en un momento en que la gente va hasta al baño en coche-.” Es una veterana del oficio (“yo llevo desde los 14 con este negocio y ahora tengo 77”) y tiene ojo clínico para comprobar que otros mercados se han llevado a clientes de toda la vida y que no sólo ellos lo notan, sino todo el comercio de la zona.

El 23 de agosto de 2014 el Faro de Vigo publicaba el siguiente titular: “El mercado de El Progreso recibirá un millón más de inversión para concluir su reforma integral”. Pero ni siquiera con esta nueva inyección de capital se alcanzaba el presupuesto necesario, por lo que los propios vendedores y las cafeterías tuvieron que arrimar el hombro a golpe de talonario. “Nosotros no cerramos porque estamos poniendo algo de dinero que esperamos que se recupere. Estamos apañados si no es así. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Hay que arriesgarse, no nos queda otra”, dice Lila antes de despedirme y empezar a atender a un cliente.

Fachada del edificio provisional |  ©Flickr Mercado Progreso

Fachada del edificio provisional | ©Flickr Mercado Progreso

Tras la barra de la cafetería está Gerardo, que con 20 años a sus espaldas de trabajador, augura un futuro buenísimo para el mercado, “sino no seguiría apoyando el proyecto”. Le pregunto cómo es eso de que se estén dejando un dinero que no les correspondería pagar a ellos y me explica que “en mi casa -refiriéndose al puesto que ocupa la cafetería- los muebles los pongo yo, pero lo que es el espacio me lo tendría que poner el Ayuntamiento, porque yo marcho y no me llevo conmigo ni el suelo ni las tomas de agua.” Sin embargo, son ellos mismos los que han tenido que hacer frente a este coste si no quieren ver el proyecto ir a pique. “El alcalde nos dijo que si queríamos abrir teníamos que ser nosotros los que termináramos las obras individuales de cada uno. No se portó bien con nosotros, fue una actitud chantajista. Es verdad que nos dijo que lo que invirtiéramos nos lo descontaría después de la deuda, pero el dinero hay que ponerlo ahora y supone un desembolso grandísimo”. Así, el coste global de la obra supera los siete millones de euros… Muy lejos quedan ya esos 4,5 iniciales. Y eso no es todo. Ha sido una empresa privada la que ha salvado un proyecto público ya que, tal y como explica Gerardo, “el Familia -que será el supermercado que se instalará en la segunda planta del nuevo edificio- invirtió un dinero que nos dio la vida. La empresa Vegalsa apostó muy fuerte aquí, gracias a ellos rematamos la obra. Por ejemplo ahora vamos a montar una máquina que sirve para centralizar todo el frío en una zona y sacarlo del mercado. Eso lo va a sufragar el súper”.

 “El alcalde nos dijo que si queríamos abrir teníamos que ser nosotros los que termináramos las obras individuales de cada uno. No se portó bien con nosotros, fue una actitud chantajista”, dice Gerardo, camarero de la cafetería

Aunque parezca mentira, esta forma de hacer las cosas ya no sorprende a los trabajadores del mercado, los años de experiencia les han dado rodaje y saben cómo funcionan las cosas en la ciudad: “Aquí en Vigo hay que ir de la mano del alcalde, sino vas fastidiado y más si se trata de una obra municipal. Hay que decirle que es buenísimo sino no nos queda más que no esperar nada de él”, explica uno de los trabajadores. Por otro lado, los comerciantes, a pesar de toda esta situación, nunca se han puesto en pie de guerra contra el Concello. “Pudimos protestar pero no lo hicimos, sabiendo lo que se cuece ahí sabíamos que llevábamos las de perder. No hicimos ni ruido ni presión.”. Y aún a pesar de ello, “con el alcalde, personalmente, no tuvimos ninguna reunión. Él manda a sus discípulos a defenderse pero personalmente nunca nos recibió”. Abel Caballero, un alcalde recién reelegido con una apabullante mayoría absoluta, nunca se reunió con las personas que sostienen uno de los mayores activos del centro de Vigo y de la cultura gastronómica de nuestra ciudad.

Fachada acristalada del nuevo edificio |  ©Faro de Vigo

Fachada acristalada del nuevo edificio | ©Faro de Vigo

Con todo lo vivido, Gerardo es optimista: “Va a quedar bien, es un proyecto bonito. Ahora ya estamos hablando de números reales y hay una fecha fija para octubre, aunque depende del súper, que está más interesado en empezar en noviembre. Abriremos todos juntos pero de noviembre no pasa seguro”, asevera. “Este ya no va a ser el mercado de abastos de siempre, negocios nuevos van a tener un pulso bonito en la zona. Hay que apostar por algo nuevo y diferente”, termina. La luz al final del túnel. Demasiado coste en el camino para tan pocas garantías. El futuro dirá y el cliente proveerá.