Una raqueta desarmada

El equipo español de Copa Davis ha sido uno de los puntales del tenis mundial a lo largo de los últimos quince años, en los cuales se ha llevado a casa la ensaladera que acredita al campeón en nada menos que cinco ocasiones (2000, 2004, 2008, 2009 y 2011). Sin embargo, y especialmente desde la ajustada derrota en la final de 2012 ante la bicampeona defensora, la República Checa, se observa en el combinado hispano una tendencia decadente motivada por diversos factores. El relevo generacional es feble, y el compromiso de los grandes tenistas se ve minimizado con el avance de sus carreras.

Mientras otras grandes selecciones, véase los Estados Unidos, la propia República Checa, Serbia, Francia o Suiza contemplan como sus grandes tenistas acuden, cada año, imperturbables a su cita con el combinado nacional, el conjunto español ha visto disminuida esta característica en el último bienio. Con un Rafael Nadal lastrado por los problemas físicos y la exigencia de un calendario que le obliga a rendir al máximo para mantenerse en lo más alto de la clasificación ATP, un David Ferrer sumido en una segunda juventud centrada por completo en su actividad individual, y con la irregularidad de otros tenistas como Nicolás Almagro o Fernando Verdasco, la responsabilidad de sostener al equipo español de Copa Davis ha recaído sobre los hombros de jugadores con menos experiencia en este tipo de citas.

El dorado pasado reciente, cuna de las exigencias (Foto: Apartclick).

El dorado pasado reciente, cuna de las exigencias (Foto: Apartclick).

Hace apenas dos semanas, como resultado de todo ello, se consumó el descenso del combinado nacional dirigido por Carlos Moyá del Grupo Mundial, en el cual se hallaba situado desde 1997. Tras casi dos décadas en las cuales han pasado por las filas españolas tenistas del calibre de Alex Corretja, Albert Costa, el propio Moyá, Juan Carlos Ferrero o Rafael Nadal, toca rendir cuentas y mirar hacia el futuro con el objetivo de recuperar el cetro. O al menos volver a pelear por él.

Gala León ha sido recibida entre críticas

El autonombramiento de Gala León como capitana del equipo de Copa Davis ha revuelto si cabe en mayor medida el ya de por sí caldeado ambiente interno en el combinado español. Con el adiós de Moyá, la vacante fue cubierta por la extenista barcelonesa, que se convierte de este modo en la primera capitana femenina del equipo masculino nacional. Las críticas han llovido por doquier. Toni Nadal, tío y entrenador de Rafa, ha declarado que le parece que “lo lógico es que el capitán hubiese sido un hombre”, mientras tenistas como Feliciano López señalan que “si no lo consiguió Moyá, ¿cómo va a hacerlo Gala León?”. El escepticismo y el baile de prejuicios reinan en el seno de un equipo que parece más desmembrado que nunca. ¿Cuál es la salida? ¿Existe acaso?

El futuro del tenis español se presenta actualmente como una verdadera incógnita. Con la única presencia de Pablo Carreño, jugador de 23 años, como único menor de 25 situado en el top 100, las alternativas parecen escasas. La explosión tardía de Roberto Bautista, a sus 26 años, es una de las pocas señales de esperanza para un país que observa atónito como los jugadores que han conformado su generación de oro enfilan la recta final de sus carreras. Con Juan Carlos Ferrero ya retirado y otros como David Ferrer, Tommy Robredo, Fernando Verdasco o Feliciano López ya por encima de la treintena, el desierto de nombres que se presenta a continuación resulta casi vertiginoso.

La mejor generación del tenis español se disipa (Foto: La Voz Digital).

La mejor generación del tenis español se disipa (Foto: La Voz Digital).

A lo largo de los últimos años, diversas promesas han ido frustrándose, bien por la decadencia en el juego y los resultados, caso de Daniel Gimeno Traver o Albert Ramos, o por las lesiones, caso de Pere Riba. En el horizonte, sólo el nombre de Roberto Carballés Baena cobra algo de fuerza, pese a contar ya con 21 años de edad y todavía rondar el puesto 200 del ránking ATP. En estos momentos, no existe ni un atisbo de lo que podría ser un relevo para Rafael Nadal. La esperanza es algo difícil de forzar cuando no es posible encontrarla.

Pese a todo, la solución, al menos a corto plazo, de esta problemática parece encontrarse en el estudio de la propia competición. La gestión de esfuerzos. Resulta extraordinario contemplar como un tenista del calibre y la edad de Roger Federer, habituado durante toda su carrera a no participar de los éxitos y fracasos del combinado suizo, haya experimentado en la recta final de su carrera (quizá por la ambición de lograr una ensaladera que tiene al alcance de su mano en este 2014) un interés tan extenuado por tomar lugar en ellos. Otros tenistas han seguido sus pasos, y actualmente casi todas las selecciones pueden contar con sus grandes estrellas para disputar la Copa Davis.

Bellucci envió sin reparos a la selección española lejos del Grupo Mundial (Foto: FoxSports).

Bellucci envió sin reparos a la selección española lejos del Grupo Mundial (Foto: FoxSports).

En el equipo español se puede observar un proceso invertido. Tenistas como Nadal o Ferrer, que un lustro atrás compaginaban con excelencia su actividad individual con la de su selección, han perdido desde la final de 2012 el interés en participar en la Copa Davis, el torneo internacional más prestigioso del tenis mundial. Y es que resolver la situación actual no es algo que dependa del pasado, ni mucho menos de un futuro incierto. La única variable entendible como relevante es el presente. Exprimir los valores de los que se dispone. Encontrar la motivación donde ha desaparecido.

Es necesario recuperar la confianza en el propio equipo

Que una selección que cuenta con dos tenistas en el top 5 mundial no se encuentre actualmente en el Grupo Mundial y haya sido eliminada por un equipo como el brasileño, cuyo mejor jugador, Thomaz Bellucci, ocupa, pese a su calidad, el puesto 79 del ránking ATP, resulta altamente incomprensible. Si alguien todavía se pregunta los motivos, que los lea en cualquier periódico. España ha dejado de tener equipo en Copa Davis. Ha pasado a tener compromiso con ella. Y con eso nunca ha sido suficiente.