En África sólo se come una vez

Es por la noche y en casa no queda pan. Las dos baguettes que se compraron calculando, no sin cierto optimismo, que sería cantidad suficiente para todo el día, fueron devoradas con ansia por todos los comensales antes de ingerir su primer, segundo y tercer plato. Y el postre, no nos olvidemos del postre. A las sobras del mediodía, bien guardadas en un tupperware, se suman todo tipo de alimentos que van acaparando espacio en la mesa del comedor. Una vez terminado el ritual, uno de los comensales se sienta en el sofá, baja el volumen de la televisión y abre el libro que le ocupa en este mes de Agosto. Despliega la esquina que le sirve de referencia y comienza su lectura: “Por la noche, toda la numerosa familia se sienta en el césped para cenar; y es que aunque ha empezado una nueva vida, se conserva la vieja costumbre de los tiempos de la eterna pobreza: se come sólo una vez al día, por la noche.” La familia descrita vive en África.

Nuestro lector sube la mirada pensando en el fragmento anterior y sus ojos se topan con un anuncio de una ONG en la televisión. Hay moscas alrededor de los niños. Hazte socio, le recomienda la organización. Con tu aportación, salvarás vidas. El telespectador se remueve en su sofá mientras el ventilador alivia los 25 grados que le hacen sudar. Se siente culpable por sus comodidades a la vez que afortunado por haber nacido donde nació. Se le revuelve la conciencia y decide aportar su granito de arena a erradicar el hambre en el mundo. Al día siguiente, su cartera tiene una nueva tarjeta de socio que le agradece su solidaridad y su conciencia tiene un remordimiento menos en el que pensar.

Sin embargo, esa cuota que nuestro ciudadano ejemplar paga religiosamente cada mes, de poco servirá dado el panorama actual que presentan la ayuda humanitaria y la cooperación al desarrollo en el ámbito internacional. Aunque es innegable un pequeño avance frente al paternalismo agresivo de otras etapas, es necesario evidenciar que los objetivos internacionales en materia de cooperación no son más que papel mojado. Pero, ¿por qué? ¿Qué provoca la ineficacia de las ayudas internacionales? Empecemos por el principio.

El sistema de cooperación internacional tiene su origen a finales de la II Guerra Mundial. El Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (CAD) apunta dos causas a su surgimiento. Por un lado, la Conferencia de Bretton Woods del año 1944, en la que se concluyó que la causa fundamental del atraso de algunos países era su falta de capital, por lo que la solución pasaba por transferir recursos hacia ellos. Para apoyar esta tesis se tomó como ejemplo el Plan Marshall, destinado a los países de Europa Occidental. Lo que olvidaron fue el hecho de que las estructuras de estos países receptores poco o nada tienen que ver con los territorios del Tercer Mundo. Por otro lado, en 1966 se crea el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sin embargo, frente a la CAD, Griffin, autor del libro “Foreign Aid After The Cold War”, defiende que la aparición de la ayuda internacional es un producto de la Guerra Fría, como estrategia de contención por parte de EEUU y la Unión Soviética, que concedían ayudas a cambio de fidelidad al bloque. Además, países que habían sido metrópolis pretendían recuperar influencia en antiguas colonias, como fue el caso de Francia y el Reino Unido.

colonias africanas

Mapa de las antiguas colonias africanas junto con los años en los que fueron consiguiendo su independencia (supuesamente) | © Blog CienciasFilosóficasSD

La lectura que hace Griffin del nacimiento de la cooperación internacional evidencia que, ya desde sus primeros minutos de vida, ha estado supeditada a los intereses políticos, económicos y geoestratégicos de los países donantes, que en un alarde de indiferencia hacia las necesidades de los países receptores, elaboran marcos de actuación cuya silueta se adapte bien a sus planes estratégicos. Para disimular, las Naciones Unidas puso en marcha una serie de iniciativas que sonaban mucho a literatura y poco a realidad. Así, en 1992 se celebró la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro, que desembocó en la conocida “Agenda 21”, y en 1995 en Copenhague tuvo lugar la “Cumbre Social”. Dos años después, visto que las promesas se escapaban por las ventanas de los edificios institucionales, la Asamblea General de la ONU publicó el documento llamado “Programa de Desarrollo”, en el que hacía hincapié en la importancia de aliviar la deuda externa a los países más empobrecidos y en la necesidad de cumplir la cifra del 0.7% del Producto Nacional Bruto destinado a Ayuda Oficial al Desarrollo. En el siguiente cuadro aparecen las cifras del año 2006 para todos los países pertenecientes al CAD, según datos de la OCDE. Tal y como se puede observar, sólo cinco países cumplen con el criterio del 0.7%: Suecia, Noruega, Luxemburgo, Holanda y Dinamarca. Cerca también están Irlanda y Reino Unido, cuya aportación, además, se ha incrementado con respecto al 2005.

AOD (2006)

AOD/PNB

 CAMBIO 2005/2006 (%)

 Australia

 2123

 0.30

 22.5

 Austria

 1498

 0.47

 -6.9

 Bélgica

 1978

 0.50

 -2.2

 Canadá

 3684

0.29

-9.9

 Dinamarca

 2236

0.80

3.0

 Finlandia

 834

0.40

-9.0

 Francia

 10601

0.47

2.9

 Alemania

 10435

0.36

1.7

 Grecia

 424

 0.17

5.9

 Irlanda

 1022

0.55

36.9

 Italia

 3641

0.20

-30.6

 Japón

 11187

0.25

-9.1

 Luxemburgo

291

0.89

4.8

 Holanda

5452

0.81

4.2

 Nueva Zelanda

259

0.27

0.5

 Noruega

2954

0.89

-1.9

 Portugal

396

0.21

2.0

 España

3814

0.32

20.7

 Suecia

3955

1.02

14.7

 Suiza

1646

0.39

-7.4

 Reino Unido

12459

0.51

11.7

 Estados Unidos

23532

0.18

-18.2

 TOTAL CAD

 104421

0.31

-4.5

Pero, aún imaginando que estas medidas presupuestarias fueran cumplidas por todos los países, ¿sería eficaz la cooperación internacional? Difícilmente podría contestarse que sí. El ciudadano que nos acompañaba al principio forma parte de un engranaje basado en una ayuda que sólo pretende dar respuesta a crisis humanitarias, dejando de lado el desarrollo comunitario. Así, a raíz de las hambrunas africanas de los 80 se abrió el debate sobre la vinculación emergencia-desarrollo. Apareció entonces el denominado “nuevo humanitarismo”, que defiende una ayuda orientada a estimular procesos políticos y sociales, no simplemente a llevar arroz a donde no había ni agua. Sonaba como música reformadora, incluso llegó a ser una pieza más de la política exterior de los países donantes.

De esta manera, se inició la fusión entre la ayuda de emergencia o humanitaria a corto plazo y la cooperación para el desarrollo a largo plazo. En un primer momento, se propuso lo que se llamó el continuum humanitario. Pero este enfoque entendía que una crisis era una interrupción en el proceso de desarrollo de un territorio, lo cual no se cumple en los conflictos civiles armados, donde las estructuras políticas y económicas están absolutamente quebradas. De esta forma, se amplió la propuesta y se creó el contiguum emergencia-desarrollo, que aspiraba a combinar las diferentes formas de intervención (emergencia, rehabilitación y desarrollo) instantáneamente, dando prioridad a unas u otras según el momento. Además, incluía una visión fundamental de reducción de las vulnerabilidades y aumento de las capacidades.

Matriz de Análisis de Capacidades y Vulnerabilidades, creada por Anderson y Woodrow |  © Diccionario de Acción Humanitaria HEGOA

Matriz de Análisis de Capacidades y Vulnerabilidades, creada por Anderson y Woodrow | © Diccionario de Acción Humanitaria HEGOA

El contiguum ha sido adoptado por todos los actores que influyen en el sistema internacional de ayuda humanitaria, pero no por ello puede hablarse de eficacia en cuanto a su puesta en práctica. Como siempre, las críticas ensombrecen muchas prematuras buenas intenciones.

Para empezar, los proyectos a largo plazo que tienen que ver con el desarrollo exigen que los países receptores cumplan unas condiciones, mientras que la ayuda humanitaria se da sin ningún tipo de traba. Sin embargo, al vincular ambos proyectos, los países donantes mantienen esas exigencias reformistas, lo cual contradice de alguna manera la concepción de la ayuda como un derecho.

Otro gran problema, muy extendido desde los 90 entre los estados donantes, es la interpretación de los conflictos en base a causas internas (subdesarrollo, pobreza…). Este enfoque es la justificación perfecta para poder reducir las partidas de financiación, ya que insinúan que la solución pasa por reformas internas del propio territorio. Esta forma de plantear las soluciones será abanderada por todos los actores de la ayuda porque les permite meter en un cajón factores externos polémicos, como el apoyo militar de los países donantes a un determinado grupo. El grave problema de esta teoría es que se concibe la violencia como consecuencia de la pobreza y nada más lejos de la realidad. Estamos ante “economías políticas de guerra”, donde la lucha es por el poder y el control de los recursos, como ocurre en Sierra Leona con los diamantes o en el sur de Sudán, con el ganado de la tribu de los dinka.

Finalmente, comenzar proyectos de desarrollo en estados frágiles que estén afectados por conflictos es verdaderamente difícil y controvertido. Cuando los estados receptores de la ayuda no tienen capacidad política e institucional que permita perpetuar la labor extranjera en materia de desarrollo y además cuentan con poca legitimidad internacional en su estructura política; no son ayudados por la comunidad internacional a fin de no legitimarlos, por lo que su intervención se reduce a la ayuda humanitaria de emergencia.

En Uganda, un niño de cada cuatro muere antes de cumplir cinco años, en el contexto de una guerra civil que dura más de 20 años |  © Fulvio Zubiani

En Uganda, un niño de cada cuatro muere antes de cumplir cinco años, en el contexto de una guerra civil que dura más de 20 años | © Fulvio Zubiani

Críticas a parte, es evidente que se está yendo hacia delante en la teoría. El enfoque del contiguum es mucho más ambicioso que los anteriores y apuesta por la estrecha colaboración entre las organizaciones internacionales y las instituciones locales. Sin embargo, mientras el “espacio humanitario independiente” siga estando bajo presiones políticas e intereses que poco tienen que ver con la población acuciada por la pobreza y el subdesarrollo, seguirá habiendo tres tipos de mundo dentro de una mismo globo. Y unos seguirán comiendo una vez al día (con suerte) mientras otros compran sal de frutas para sobrellevar el empacho.