Quimiofobia, un miedo irracional

Seamos escépticos. Esa es la conclusión con la que me he quedado después de asistir hace unas semanas a la charla “Se vende quimiofobia” que Déborah García Bello dio en en el pub Kunsthalle. Escondido entre las laberínticas calles de la zona vieja, este moderno local me acogió un viernes lluvioso de abril. Nada más llegar el presentador de la charla nos contaba una anécdota para hacernos reflexionar. Decía haberse encontrado en el baño de un hotel un cartel que rezaba “No verter productos químicos en el WC”. Si lo entendiésemos al pie de la letra, explicaba, no podríamos utilizarlo para nuestras necesidades, porque también son química. La quimiofobia consiste en el miedo irracional a la química y, a menudo, la asociación de que “químico” y “natural” son conceptos diametralmente opuestos.

 La quimiofobia consiste en el miedo irracional a la química y, a menudo, la asociación de que “químico” y “natural” son conceptos diametralmente opuestos

Si escribiéramos la composición de cualquier producto natural si saber qué no pensaríamos que es un producto natural | © jameskennedymonash.wordpress.com

Si escribiéramos la composición de cualquier producto natural si saber qué es no pensaríamos que es un producto natural | © jameskennedymonash.wordpress.com

Tras esta pequeña presentación, Déborah, que estudió química, hacía un impactante repaso por algunas campañas publicitarias. Una de esas modas son las leches ricas en calcio. Además, hay marcas que utilizan conceptos como “calcio de verdad” o “calcio natural”. Déborah explica que el calcio es siempre natural, porque, valga la redundancia, está en la naturaleza, sea añadido o sea el que la leche contiene por sí misma. También explicaba que una leche rica en calcio no es buena para todo el mundo. Este tipo de productos están recomendados para mujeres de mediana edad, pero, en otras franjas de edad, podría provocar hipercalcemia. En las sustancias químicas, como en casi todo, no hay buenos ni malos, la conveniencia o no se decide en función de la cantidad y del fin. El veneno no lo hace la sustancia, sino la concentración, pues toda sustancia es tóxica en determinada concentración.

Toda sustancia es tóxica en determinada concentración

Otra moda es la de la leche sin lactosa. Este producto es bueno para personas con intolerancia a la lactosa, que es el público a quien inicialmente iba dirigida. Hoy en día se está presentando como una opción recomendable para cualquiera, pues es más ligera y digestiva. Lo que lleva esta leche es una encima, la lactasa, que es normalmente la encargada de dividir la lactosa en galactosa y glucosa y hacerla así asimilable para el cuerpo. Añadir esta encima hace que el cuerpo tenga que hacer un esfuerzo menor. Últimamente se presenta como una opción recomendable para niños, por ser menos pesada, pero no se sabe qué consecuencias podría tener. Si desde pequeños acostumbramos a su organismo a no asimilar la lactosa podrían volverse intolerantes. La lección vuelve a ser la misma, el producto es bueno si se dirige al público adecuado.

Lo contrario de químico no es natural, ni aquello que nos parece natural lo es tanto. Pongamos por ejemplo la leche de soja, en el imaginario colectivo etiquetada como un producto sano y muy natural. Este es el estereotipo común que se derriba si analizamos el proceso para producirla. Un largo camino en el que se trata de conseguir algo similar al aspecto y textura de la leche añadiéndole aditivos, vitaminas y estabilizantes entre otras sustancias. Se consigue prácticamente una leche sintética mezclando todo esto con granos de soja molidos y agua.

Lo contrario de químico no es natural, ni aquello que nos parece natural lo es tanto

La publicidad también nos invita a pensar que los productos de estética son mejores sin químicos, incluso hay etiquetas que rezan un absurdo “0% químicos”. Muchos geles de ducha anuncian con insolente orgullo en su superficie que no llevan parabenos. Este hecho está lejos de ser algo importante para el consumidor pues los parabenos son químicos antimicrobio baratos y de eficacia contrastada. Es un conservante que tiene que llevar un gel de ducha y, si no lleva ese, llevará otro. Esta es otra de las maniobras habituales de las marcas: poner en la etiqueta que su producto no lleva X sustancia química e incluir otra equivalente.

Otra de las maniobras habituales de las marcas: poner en la etiqueta que su producto no lleva X sustancia química e incluir otra equivalente

Otro producto que pretende revolucionar el mercado es la “sal sana”. El producto así etiquetado no es cloruro de sodio, sino cloruro de potasio. Ese tipo de sal se receta a gente con hipertensión, pero no es un producto mejor para cualquier persona. Es buena para un hipertenso, pero no para un hipotenso, porque las sustancias químicas no son sanas o insanas, sino que depende de quién las consuma y sus circunstancias.

Así, la conclusión es clara, el mundo en el que vivimos es química, nosotros mismos somos química, por lo que tenerle miedo es completamente irracional. Establecer prejuicios en función de las campañas publicitarias, sin tener noción alguna de la sustancia de la que hablan no es conveniente. Tener curiosidad e informarse es el antídoto para eliminar estos tópicos. Seamos escépticos.

 Foto destacada: agronewscastillayleon.com