James Gandolfini, un futuro sin ti

Hay cosas que sólo el tiempo sabe poner en su sitio. Esa visión amplia del mirar atrás, recordar, asimilar y contextualizar los conceptos que hemos dejado. No me cabe ninguna duda que, en lo que a ocio audiovisual se refiere, la primera década del nuevo milenio será analizada como la verdadera época de oro de las series de ficción. El momento en que ya fuera en la pantalla del salón, el ordenador o la tablet, su consumo y, sin duda, su calidad aumentó hasta límites insospechables.

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Me gusta pensar que todo tiene un principio y, en este caso, Tony Soprano firmó el acuerdo que daría comienzo a la creación de productos televisivos nunca antes pensados. James Gandolfini (18 de septiembre de1961 – 19 de junio de 2013) emigró de la tierra para unirse a un club selecto, solo apto para genios en sus respectivas disciplinas. Atrás dejó un terreno abonado para que otros actores se dieran cuenta que las series eran el nuevo cine, un lugar donde crear personajes con una complejidad emocional creciente y cambiante (algo que sin duda personas como Bryan Cranston como Walter White supo aprovechar). Con tiempo y presupuesto todo era posible, y lo más importante, los mortales de a pie lo demandamos.

Otros hubieran dicho que no tenía edad, como esos héroes y personajes que nos inventamos en nuestras cabezas y fingen ser atemporales, asemejándose más a una especie de mito que de persona

Su muerte me llegó al móvil. “Se nos ha ido Tony”, y yo no tuve duda de que Tony me hablaba porque Tony Soprano ya forma parte de la historia colectiva de la humanidad. Ese mafioso de cierto sobrepreso, angustiado por su inestable vida, feroz y despiadado si así lo requería la situación pero tierno. Si en una mano portaba una pistola, en la otra portaba un bálsamo para hacernos formar parte de su vida, de su humanidad. Gandolfini falleció con 51 años. Muchos le echaban una decena más y otros hubieran dicho que no tenía edad, como esos héroes y personajes que nos inventamos en nuestras cabezas y fingen ser atemporales, asemejándose más a una especie de mito que de persona. Gandolfini es desde el 19 de junio de 2013 una leyenda.

Es injusto para la carrera de un hombre centrarlo solo en un personaje pero… la vida es injusta. Y mi mirada, mi teclado, todavía más. Pese a ello, basta decir que el actor estadounidense participó en más de 40 películas desde 1987 hasta su fallecimiento. Es más, aún está por estrenar su última actuación. Curioso cuanto menos.

Con Los Soprano, Gandolfini rodó 86 episodios. Tenía 37 años cuando grabó el primero y 45 cuando finalizó la serie. Ocho años de reconocimiento y genialidad. A día de hoy, los seriéfilos que van apareciendo, como si de la Meca se tratase deben realizar el visionado de sus capítulos en algún momento de su vida. ¿Cómo va uno a hablar de series si no ha visto Los Soprano? ¿Qué broma macabra sería esa? Un globo de oro, tres Emmys y cinco premios del Sindicato de Actores no pueden estar equivocados respecto a él.

Así, sin más, se cierra el 2013. Y… ¿saben? Cada vez pasa más rápido y no sé porque es, si porque mi cabeza va borrando recuerdos, cercando unos y aproximando otros, o si simplemente el mundo es un lugar mucho más frío sin gente como James Gandolfini. Sea como sea, un brindis por él.

 El mundo es un lugar mucho más frío sin gente como James Gandolfini

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Gandolfini junto a otros momentos y fallecidos del 2013.