Con un simple click

“Apúntame ahí el nombre” me decía el encargado de la primera librería que visité. El hombre me pasaba una libretita naranja y un bolígrafo rojo. No entendía lo que le estaba diciendo. “No, lo siento, no lo conozco de nada”, me contestaron en la última. Y así en todas las librerías a las que fui. Llevo entrando en librerías a preguntar por este libro desde hace un par de años.

¿Por qué? Curiosidad. Solo curiosidad. Tampoco es tan raro. Es un libro. Un libro tan peligroso que está prohibida su difusión. Prohibido, o como me suelen decir “agotado”. Agotado. Suena bien. “Lo siento, está agotado”, se puede atribuir a libros que causan sensación. El último de Dan Brown, o incluso Crepúsculo han estado agotados. Deberían conocerlo. Su autor es Adolf Hitler, y el eslabón perdido es Mein Kampf.

Muchos me recomendaron una librería especializada que distribuye este tipo de material. En el buscador tecleé el nombre, y tachán: “Por imposición judicial de los censores profesionales del pensamiento único, este libro ya no se encuentra a la venta”.

¡Qué sorpresa!, ¿qué tendrá “Mein Kampf”?. Quiero decir, que tendrá “Mein Kampf”, que no tenga “El mito de los 6.000.000 de judíos”, o “Cristianos con Hitler”. Posiblemente es que las ideas de Hitler, expresadas por él mismo pueden causar admiración a algún fanático. Es posible. De ser así, ¿por qué cuando busco en Youtube un discurso de Hitler, con tal de aceptar que “puede tener contenido inadecuado” puedo acceder a él?.

Dile a un niño que no toque, que tocará. La información está al alcance de todos, de todos aquellos que tengan curiosidad e interés. Puedes prohibir la difusión de una idea. Lo que no puedes es impedir que la gente piense lo que quiera. Y por una vía o por otra, las ideas se transmiten. Más incluso si las prohíbes. El libro en cuestión está en google en PDF. A un click de cualquiera. Gratis. ¿Qué sencillo, no?