“As meigas” vuelven a Riazor

 Hacía mucho que no se hablaba de ellas, pero desde el momento en el que se comenzó a vaciar la grada de Riazor volvieron a aparecer en las conversaciones entre algunos de los aficionados, “as meigas”, que tras el año de descenso parecían alejarse, siguen estando aquí como si nunca se hubieran marchado. Esta vez hasta madrugaron un domingo por la mañana.

Comenzó el partido con la grada más fría de lo habitual, como si los 25.000 asistentes al estadio presagiaran lo que iba a pasar durante los noventa minutos de partido. Por si no fuera suficiente con el madrugón, “as meigas” empezaron fuerte, los centrales titulares del Deportivo aguantaron solo quince minutos en el césped. Dos pinchazos musculares obligaron a Oltra a realizar un nuevo experimento en la zaga, que dejó a Bergantiños haciendo pareja con Aythami en el eje de la defensa.

La falta de oportunidades durante el comienzo del enfrentamiento no ayudó a mejorar el ambiente del estadio, que solo se animó para mostrar su disconformidad con las decisiones arbitrales. Pérez Lasa amonestó con demasiada facilidad a los jugadores locales, mientras perdonaba faltas y cartulinas a los jugadores levantinos. Especialmente sangrante fue una acción de Juanlu que golpeó a Aguilar sin balón mediante, que el árbitro resolvió con tarjeta amarilla a Aranzubía por protestar, dejando impune al agresor. La guinda a una nefasta primera parte vino en forma de gol, cuando Martins aprovechó un fallo de la improvisada pareja de centrales deportivistas para anotar el primer tanto de la contienda.

Un claro penalti por mano señalado a Pedro López, que además vio la segunda tarjeta amarilla, parecía alejar al “meigallo” del coliseo herculino. Un mero espejismo: Riki lanzó el penalti a las nubes, tirando al traste gran parte de las opciones de su equipo. A pesar de la superioridad numérica, el Deportivo no fue capaz de crear nada de peligro. Los blanquiazules se empeñaron en sobar el balón entre el medio campo y el área rival, pero todas las jugadas acabaron con estériles centros laterales que chocaban contra el frontón formado por los poderosos centrales levantinistas.

Pero la mejor obra de las susodichas estaba aún por llegar: Martins forzó la segunda amarilla del cancerbero herculino.  La jugada se produjo en una galopada del delantero granota, que terminó arrollado tras la desesperada salida de Aranzubía. El Deportivo estaba ya sin cambios por lo que Bergantiños tuvo que enfundarse los guantes y la camiseta del riojano, completando así el partido jugando en dos posiciones que no son las suyas.

A pesar de tener un guardameta improvisado en la portería rival, el Levante se preocupó más de mantener su portería a cero que de aumentar la ventaja. En una de las escasas ocasiones de las que gozaron los valencianos, Barkero anotó con un remate ajustado al palo, que parecía alcanzable para un portero de primera división, no así para Bergantiños, que a pesar de estirarse con todas sus fuerzas fue incapaz de atajar el esférico. El centrocampista vasco finiquitaba así un partido cuyo final parecía escrito desde hacía muchos minutos.

Ya lo decía Arsenio: “podes creer nelas ou non, pero habelas hailas”. Un guión como el de hoy no puede explicarse de otra forma, por suerte queda mucha temporada para mejorar y lograr la salvación. O si no, siempre quedará la opción de tirar un ajo en el córner para ahuyentar los malos espíritus.

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