Buscando otra noche mágica

Hace semanas que la temporada del Celta se juega a una sola carta: la Europa League. Quizás, la más difícil de la baraja, pero también la más ilusionante para todos los aficionados celestes. Con la salvación asegurada en liga y con el mal recuerdo de Mendizorroza en la Copa del Rey, los del Toto Berizzo buscan ante el Manchester United ponerle el lazo a una temporada de ensueño con una final. Una final histórica que pasa por volver a vivir una noche inolvidable en Inglaterra.

Una noche como la de Villa Park o la de Anfield. Esas que pusieron al Celta en el mapa europeo hace 19 años. Esas que formarían un trío maravilloso si el Celta consigue hacer la machada en Old Trafford dentro de siete días.

Un año inolvidable

El año 98 fue uno de los más bonitos en la historia del Celta. Tumbar al Aston Villa y al Liverpool en la Copa de la UEFA es uno de los mayores hitos del club

En 1998, siendo un mico, descubrí el sentido a eso del fútbol. El Madrid ganó la séptima con el mítico gol en fuera de juego de Mijatovic y España no pasó de la fase de grupos en el Mundial de Francia en el ocaso de la carrera de Zubizarreta. Dos recuerdos vagos, como que Danone regalaba un videojuego ese verano sobre el Mundial con el que soñé durante muchos meses. Creo que nunca he consumido tantos yogures como ese año, creo que nunca he gritado tanto con un gol como con los del Celta en esa Copa de la UEFA que comenzaba en septiembre.

Fue la temporada del regreso a Europa, la más gloriosa quizás de Víctor Fernández. La que marcó un antes y un después en un equipo que soñó con reinar en el continente tras conquistar Villa Park y Anfileld, y al que Maurice dejó con la miel en los labios en una mala noche en el Vélodrome de Marsella. Noches a las que invoca el celtismo a pocas horas de su primera semifinal europea.

La remontada de Villa Park

La remontada de Villa Park es una de las mejores noches europeas del Celta - ©Marca

La remontada de Villa Park es una de las mejores noches europeas del Celta – ©Marca

Todo equipo tiene un partido que puede cambiar su historia. El Celta comenzó a escribirla en una noche fría de comienzos de noviembre del 98. Visitaba Inglaterra por primera vez y lo hacía con un resultado en contra (0-1) tras un mal partido en Balaídos. Villa Park parecía un feudo complicado para cambiar las cosas y alcanzar los octavos de la Copa de la UEFA, pero los de Víctor Fernández completaron una de las mayores exhibiciones europeas de su historia.

Mostovoi tomó el mando de las operaciones y cambió el partido en una de sus mayores exhibiciones europeas

La noche en Birmingham empezó bien, con el Celta dominando y buscando el gol que dejara la eliminatoria igualada pronto. No hubo que esperar demasiado, ya que apareció la magia de Mostovoi para filtrar un pase al interior del área que Juan Sánchez resolvió a la perfección. El sueño comenzaba a crecer y casi se rompe cuatro minutos después por unas manos de Mazinho en el área que significaron la igualada de los locales desde el punto de penalti. Fue una mera anécdota, porque esa era una de las noches donde Alexander Mostovoi estaba inspirado y todo parecía de color celeste. Antes del descanso el ruso puso las cosas en su sitio gracias a un disparo espectacular de falta que levantó a todos los aficionados celeste

Dicen que en las noches no hace falta sufrir y esa era una de ellas. Tras la reanudación llegó otra jugada mágica donde Mostovoi puso su clase al servicio del balón parado. Fue en una falta lateral, colgada a la perfección, donde Lubo Penev fue el más listo de la clase para sentenciar la eliminatoria. Villa Park se tiñó de celeste y el Celta empezó a pensar que Inglaterra podía ser un lugar fetiche para su historia. Algo que confirmaría unas semanas después.

Tumbar a todo un campeón de Europa

Balaídos vibró con una goleada a todo un campeón de Europa - ©Marca

Balaídos vibró con una goleada a todo un campeón de Europa – ©Marca

Los octavos de final del 98 encomendaron al Celta un empresa todavía mayor: luchar por eliminar al Liverpool, otro equipo inglés todavía más poderoso que el Villa. Sin embargo, los vigueses que pasaban por un gran momento en liga, y demostraron que su juego merecía reinar en Europa ese año. Además, lo hicieron a lo grande, dominando de principio a fin una eliminatoria que nunca se olvidará en Vigo.

De nuevo la ida en Balaídos, de nuevo la vuelta en un templo como Anfield; aunque esta vez los vigueses hicieron los deberes en su estadio. Fue en un partido que empezó cruzado, tras una buena contra de los “reds” que culminaría con sangre fría Michel Owen. Así se llegó al descanso en Balaídos, en un partido que no presagiaba la exhibición celeste que vimos en la segunda parte.

Todos esperaban a Owen o a Fowler, pero fue otra vez la eliminatoria de Mostovoi, Karpin, Gudelj o Revivo

En ese Celta todo pasaba por Mostovoi, que destapó el tarro de las esencias con un taconazo que comenzaba una jugada de tiralíneas que acabaría con un gol del propio ruso. A partir de ahí el partido solo tuvo un equipo, el local, que aprovecharía dos errores defensivos para dejar la eliminatoria en clara ventaja para la vuelta. Primero Karpin y luego Gudelj, en el que sería su único gol en Europa, ponían el definitivo 3-1 en una noche grande en Vigo. Una noche que el Celta redondearía en Anfield con un partido serio que se llevó gracias a un gol de Revivo. Ese era el Celta de Víctor Fernández, un equipo capaz de todo que hacía historia colándose en los cuartos de final de la UEFA. Allí, el Marsella rompió el sueño. Como los años siguientes lo harían el Lens o el FC Barcelona.

Ese fue el primer gran EuroCelta. El segundo, ya ha roto su techo de cristal colándose en sus primeras semifinales europeas hace dos semanas. Ahora, se encuentra a 180 minutos de Solna y de la gloria. Buscando que los equipos ingleses vuelvan a ser propicios, buscando dejar en Balaídos y en Old Trafford otras dos noches para el recuerdo.

*Foto de portada: La Vanguardia