Prison Break regresa siete años después

Siete años habían logrado cerrar las heridas dejadas en los seguidores de Prison Break tras el trágico final que pretendía cerrar definitivamente la historia de los hermanos Michael Scofield y Lincoln Burrows. La serie de Fox, que nació pretendiendo ser una única temporada de 12 capítulos en la que un hermano entraba en la prisión de Fox River con un plan de fuga tatuado en su cuerpo para sacar al otro del corredor de la muerte en el que había acabado de forma injusta, acabó por convertirse en cuatro temporadas de éxito.

Los más de nueve millones de espectadores de los primeros capítulos obligaron a productores y guionistas a duplicar el número de episodios de la primera entrega. Cuando se está tan arriba bajar es inevitable, pero en el caso de Prison Break, ni siquiera la huelga de guionistas que se extendió desde noviembre de 2007 a febrero de 2008 y que afectó de forma sustancial a la tercera temporada de la ficción, consiguió que la audiencia bajara de los siete millones y medio de espectadores de media. La cuarta temporada se proclamó como el final, aunque tan solo cinco millones se mantuvieron fieles a la historia de Burrows y Scofield y sufrieron con ello un final dramático a la par que brillante.

©Foto oficial de la nueva temporada de Prison Break

©Foto oficial de la nueva temporada de Prison Break

A los que no hayáis disfrutado de la serie os recomiendo encarecidamente que dejéis de leer esto, os traguéis las cuatro temporadas, algo que no os resultará difícil, y luego volváis aquí sin que ningún spoiler os estropee la experiencia. En el fondo os envidio, pues creo de verdad que esta quinta temporada que Fox nos ofrece, ahora que Scofield y Burrows no eran más que un recuerdo cerrado del pasado, podría haber estado bien en el año 2010, pero en 2017 es difícil de creer que esté motivada por una necesidad de la historia y no por una necesidad de hacer caja a costa de personajes que triunfaron en el pasado. ¿Por qué nos torturan así a los serieadictos? ¿Es que nadie piensa en el vacío que sentimos al acabar el último capítulo de una serie? ¿Qué está pasando? “24” con nuevo actor, “Las chicas Gilmore” con arrugas y “Prison Break” con la resurrección de Michael Scofield ¿Qué será lo siguiente? ¿Es que no hay nuevas ideas en las cabezas de los guionistas?

Cuando me enteré hace unos meses del regreso de Prison Break tuve sentimientos encontrados. Siempre he sido de las que consideraron como bueno el cierre en la cuarta temporada, pese a que muchos digan lo contrario. Que Michael acabe sacrificándose no es plato de buen gusto, pero es un acto heroico para salvar a su querida Sara que le viene como anillo al dedo al personaje. Un final en el que todos acabaran viviendo felices en unos adosados teniendo niños y cuidando de un perro habría sido decepcionante para una serie de tramas tan bien hiladas como esta. El cierre, aparentemente final, cerró un círculo en el que la brillante mente del ingeniero de estructuras habría conseguido el objetivo de poner a salvo a sus más allegados, pese a estropear su propia vida, que es precisamente lo que motiva la historia desde el propio principio.

Quería odiar la nueva temporada por romper con todo eso, pero no he podido. Hay cosas que no cuadran, pero no podemos pretender que nos expliquen todo en los dos capítulos que ya se han emitido. Esto no es Netflix, así que nos toca consumir pequeñas dosis semana a semana. La esencia de la serie es la misma. Lincoln sigue siendo un bala perdida que se mete en cuanto lío encuentra y Sara vive con el hijo que tuvo con Michael y su marido. Sucre sigue siendo el latino simpático, aunque su presencia de momento ha sido escasa y eso se nota, aunque lo más probable es que su protagonismo aumente a lo largo de la temporada. En cuanto a Franklin ahora se ha convertido al Islam para expiar sus pecados, lo cual es muy conveniente ya que parte de la trama transcurre en Siria. Por su parte, el odioso T-Bag acaba de salir de la cárcel donde recibió un curioso mensaje que parece provenir de Michael, por lo que acude a Lincoln quien, como cabría esperar, no lo recibe con los brazos abiertos, pero que sin embargo comienza a dudar de la muerte de su hermano.

© Fotograma capítulo 5x01

© Fotograma capítulo 5×01

“La libertad tiene un precio. Morí hace siete años, dejé atrás una mujer, un hijo y un hermano. Los muertos hablan, si sabes escuchar”, así comienza la temporada. Con estas palabras pronunciadas por la voz en off de Michael, quien resulta estar encerrado en Ogygia, una prisión de Siria. Cuando lo descubre Lincoln no duda en presentarse allí, pese a que incluso Sara se niega a creer que sea cierto. Una vez allí, en una prisión en medio de una zona de guerra que recuerda bastante a la prisión panameña en la que transcurre la tercera temporada por las condiciones en las que se encuentran, aunque sin tanto sudor, calor y falta de agua y guardias que producía angustia hasta al espectador que lo veía desde el sofá.

Cara a cara con valla de por medio -por no faltar a lo habitual-, tenemos a los dos hermanos juntos de nuevo, pero hay un problema, Michael no responde a su nombre, ni identifica a su hermano, permanece recluido bajo el nombre de Kaniel Outis al que todos temen por su vinculación con el terrorismo nacional y en su cuerpo luce, como detalle indispensable, nuevos tatuajes. Sabemos que está intentando escapar de la prisión y que de hecho, trata de ayudar a escapar a uno de los terroristas más temidos del país. ¿Qué sentido tiene eso? Se llame como se llame ahora, actúa con su habitual actitud calmada y enigmática en prisión haciendo alarde de su ingenio cuando es necesario ya sea dentro de la cárcel o para contactar con el exterior a través de papiroflexia y mensajes cifrados. Por su parte, Lincoln se rompe la cabeza buscando una explicación para todo aquello del mismo modo que lo hace el espectador ¿Cuál es la explicación de que el hombre más entregado a lo demás que haya visto la ficción deje atrás a sus seres queridos y acabe al lado de un grupo terrorista? Desde luego esta temporada tiene muchas cosas que explicar si quiere que resulte creíble que Michael Scofield haya roto con la inscripción que aparecía en su propia lápida funeraria: “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.