Un tigre adolescente suelto en la Sónar

Luces fuera. Cuenta atrás. Ruido. Ruido ordenado. Distorsión y ritmo. Sombras danzantes… y contacto. Del público consigo mismo y del público con los artistas. Es la receta de un concierto de Los Nastys que, en el caso del ofrecido el pasado sábado en la Sala Sónar de Santiago de Compostela, arrancó con un verso premonitorio. “Ya sé que soy lo que no estabas buscando”. Y, sin embargo, encuentran la forma de sorprender con su derroche de energía.

El de Santiago fue el tercer concierto de una gira gallega en la que también pasaron por A Coruña y Vigo para terminar a golpe de domingo en Barrantes. A su lado estuvieron en todo momento los vigueses Kings of the Beach, con un estilo garage muy similar al de Los Nastys. El público se volcó desde el primer momento con ellos en la Sónar, donde calentaron los motores a base de ritmos frenéticos, guitarreo duro y algún que otro berrido.

Los Kings of the Beach lo dieron todo para abrir el concierto | © Sabela Porto

Los Kings of the Beach lo dieron todo para abrir el concierto | © Sabela Porto

Y luego llegaron Los Nastys, que repasaron casi toda su Noche de fantasmas con Los Nastys, un primer álbum que vio la luz el año pasado a pesar de que el grupo lleva sobre los escenarios desde 2014. De la mano de este trabajo han llegado incluso a tocar en Latinoamérica o en festivales como el FIB o el Low Cost. Eso sí, aunque una dosis de Nastys siente bien en la tranquilidad del hogar, la forma recomendada de consumo es en vivo y en directo, como mejor se puede sentir el espíritu juvenil y despreocupado de sus temas.

Arrancaron con No hay amor en las calles, algo no aplicable al interior de la sala, donde reinaba un ambiente de buen rollo generalizado. Hicieron un repaso aceleradísimo por su repertorio a ritmo de pogo sin fin por parte del público al son de temas como Siguiendo al coyote o Olrait!. Eso sí, se dejaron todos los clásicos para la traca final del concierto, que empezó con un Tigre adolescente que resume perfectamente el espíritu de la banda.

El grupo y las sombras del público fueron uno durante el concierto | © Sabela Porto

El grupo y las sombras del público fueron uno durante el concierto | © Sabela Porto

Luego llegarían los estribillos imborrables y coreadísimos de Baby y el single con el que promocionaron su último álbum, Never digas never. Cantaron también a una capital decadente en Madrid es un cementerio que sólo deja como alternativa cambiar de estilo de vida y optar por el hedonismo: Fumar, beber y romper. El cierre llegó de la mano de una petición que marcaría el resto de la noche, Jägermeister. El derroche de energía del público y la banda fue total y, pese a que la sala no estaba llena, lo más cerca que estuvo de ser un cementerio fue con la caída de algún que otro pie de micro que no dejo víctimas mortales.

Los Nastys pertenecen a esa generación de bandas que, gracias a un estilo muy juvenil y desenfadado que se nota tanto en sus trabajos como en sus vídeos de Youtube, su principal escaparate, han conseguido hacerse un hueco en el panorama musical. Al igual que le ha pasado a bandas como Hinds o The Parrots, Los Nastys han viajado de Madrid al cielo sin hacer escalas. Todos ellos, además de amistad (Nastys y Parrots tienen una banda conjunta, Chicano Bulls, y Carlotta Cosials, de Hinds, colaboró en un vídeo suyo), comparten una forma de entender la música que les ha llevado más allá de nuestras fronteras. Un directo suyo bastará para explicarlo. Mientras tanto, ellos seguirán queriendo vivir y no morir sin ensuciarse.

Crónica de Carlos Rey, imágenes de Sabela Porto.