Cineuropa 2016: Ma Loute

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El sentido del humor es un rasgo arraigado a la cultura, al entorno en el que se desarrolla cada personalidad. Algo sumamente personal. Este, entre otros, es el motivo por el que hacer comedia resulta tan difícil: hace falta expandirse más allá de tu propia visión del humor y democratizarlo. Básicamente hay que hacer un esfuerzo importante para lograr llegar a la audiencia más grande posible. Con la globalización y otros temas, el humor occidental se ha flexibilizado, de modo que desde Europa se puede entender casi a la perfección el humor estadounidense y viceversa (quizá no tanto viceversa). Sin embargo, no cabe duda de que lo más importante para hacer reír es ser gracioso. Bruno Dumont y Ma Loute no lo son. Ni un poco.

La carrera de este realizador francés, pese a su veteranía (58 años), no ha sido excesivamente larga. Ma Loute es su octavo largometraje, y llegó a él tras labrarse una buena fama como director de dramas independientes, la cual le permitió comenzar a trabajar con Juliette Binoche, un actriz de trascendencia internacional, ya en su anterior película, Camille Claudel 1915Ma Loute es su primera incursión en la comedia, y para ella pudo contar también con la intérprete parisina, conocida por sus meritorios trabajos junto a directores del calibre de Michael Haneke, Krzystof Kieslowksi o Anthony Minghella. Además, a su reparto también se incorporó otro de los actores con mayor trayectoria dentro del cine francés como Fabrice Luchini, este, además, con amplia experiencia en el territorio de la comedia.

Ma Loute pretende ser una comedia surrealista. Lo de comedia es discutible, pero lo de surrealista no se lo quita nadie. El film parte de presentar un paraje recóndito de la costa francesa, cerca del Canal de la Mancha, en la década de 1910, concretamente conocido como Slack Bay. Allí residen durante todo el año varios grupos de pescadores. Uno de ellos lo conforma la familia Brufort, comandada por el patriarca, conocido como El eterno, y su primogénito, Ma Loute. Esta familia es la responsable –mediante su canibalismo, sí, canibalismo– de la desaparición de un numeroso grupo de turistas en la zona, lo que provoca la llegada de dos arquetípicamente estúpidos inspectores de policía llamados Machin y Malfoy, que en sí mismos parecen una ridiculización del dúo cómico de Oliver Hardy y Stan Laurel -a saber, El gordo y el flaco. Con la llegada del verano, la aristocrática familia Van Peteghem -Luchini, Binoche y compañía- aterriza en su castillo, ubicado en la colina más alta de Slack Bay, para pasar las vacaciones. Es entonces cuando Ma Loute comienza un idilio romántico con el sobrino andrógino de los Van Peteghem, Billie, pensando que es una chica -quizá lo sea, ¿por qué no?, a mí desde luego me lo parece-. Se me ocurren pocas formas más claras de definir el surrealismo.

La histeria y el absurdo se desatan rápido, tanto a través de los anómalos personajes como de sus anómalas situaciones diarias, que más que risas despiertan en el espectador cierta dosis de compasión. Estéticamente, la ambientación es grotesca y desmedida, y la mayoría de los personajes -quizá exceptuando a Ma Loute y Billie Van Peteghem- responden a cuestiones meramente caricaturescas. La comedia absurda se va desarrollando ante la mirada atónita de un espectador que no sabe qué pensar, aunque se encuentra lejos de percibir el desconcierto satisfactorio que eran capaces de infundir los Monty Phyton o David Zucker y compañía. Es un desconcierto que roza lo desagradable, que, más que nada, infunde lástima. Y entonces es cuando los personajes empiezan a volar, o a flotar, o a hacer cosas sobrenaturales.

La comedia francesa ha experimentado un notable ascenso a lo largo de los últimos años, principalmente a través de cintas costumbristas, casi de perfil sitcom, con un sentido del humor sarcástico y mordaz. Sin embargo, la perspectiva de Ma Loute es meramente alucinógena en un sentido absurdo, algo que buenamente le ha servido una nominación a la Palma de Oro del Festival de Cannes. Habría que preguntarle a Juliette Binoche qué sintió al interpretar a una mujer de mediana edad sumida en la paranoia y con la capacidad de volar. De su respuesta quizá podríamos extraer alguna idea que nos explicase el relativo éxito de Ma Loute, la última y delirante película de Bruno Dumont. Mientras, seguiremos perplejos.