Cineuropa 2016: Toni Erdmann

“¿Qué consigue que la vida merezca ser vivida?”

La campaña a favor de la felicidad es una de las más antiguas en el mundo de la publicidad. Ni siquiera fue inventada por publicistas, éstos se la encontraron ya elaborada y empaquetada en pequeños ejemplos que los núcleos familiares fueron repitiendo a lo largo de los siglos. Nadie parece querer evitar este sentimiento, ¿por qué razón se puede desear la tristeza, la soledad o la nostalgia? Un día un padre le pregunta a su hija, una alta ejecutiva, exitosa y con ambiciones, si es feliz. Una cuestión sencilla, que sin embargo acaba por desconcertarla. ¿Qué es la felicidad? ¿Es esa la meta que realmente deseo alcanzar? ¿Hace un padre a su hijo varón la misma pregunta?

‘Toni Erdmann’ (2016) es la última película de la directora alemana Maren Ade. Su preocupación por los conflictos familiares se ha repetido en varios de sus anteriores trabajos. Ejemplo de ello es ‘Entre nosotros’ (2009) donde plasma la realidad de una pareja que tan sólo es capaz de comportarse con total naturalidad cuando se encuentran en la intimidad. En esta ocasión, Ade aborda la curiosa relación entre un padre y su hija, con la que saca a relucir una serie de temas paralelos sobre las necesidades del ser humano. Toni Erdmann es un personaje de ficción que el progenitor se inventa para darle toques de color a la vida y no quedarse tan sólo con su cara más seria. Ese mensaje se lo intenta transmitir a su hija, quien, según él observa, se ha visto consumida por su trabajo y sus ansias de poder.

Disfrazada de comedia, consigue que al espectador se le congele la sonrisa tras la reflexión. Peter Simonischek tiene la complicada misión de interpretar a dos personajes al mismo tiempo, y sale airoso de ello. Su dentadura postiza y una peluca, que no hace dudar de su falsedad, ponen la barrera entre sus dos ‘yo’. Inspirado en el personaje de humor Tony Clifton, consigue llegar a la carcajada en múltiples ocasiones, lo que ayuda a pasar de mejor gana la larga duración de la cinta, y según Toni Erdmann, también consigue llevar la vida mejor.

Simonischek siendo Toni Erdmannl © festival-cannes.com

Simonischek siendo Toni Erdmann l © festival-cannes.com

Aunque de una forma un tanto accidental, la película muestra una paradoja sobre los deseos humanos y cómo son vistos por los demás. Lo más probable es que si ese padre tuviera un hijo, no le preguntaría si es feliz tras verlo trabajando en el extranjero, en un alto cargo y luchando por su ascenso. La cosa cambia cuando la protagonista de esta vida es Inés, ya que se deduce que para alcanzar esa hipotética deseada felicidad, el camino está en otra dirección. Casi a regañadientes, acepta su intención de hacer gracia, pero poco se puede esperar de quien la empujó en su búsqueda incansable de un rol vital digno, del que no se tenga que avergonzar y que acabó ocupando ella misma.

La propia directora reconoció que su intención no era lanzar un mensaje feminista, pero acepta la interpretación y le parece apropiada. No es lo único que parece haber hecho de forma inconsciente, tampoco esa negativa hacia la cima de la felicidad estaba entre sus planes, sin embargo lo acaba transmitiendo con su suavizado final. Una serie de accidentes que podrían colocarla entre las nominadas como mejor película de habla no inglesa de los premios Oscar.