Cineuropa 2016: The Neon Demon

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Nicolas Winding Refn nunca ha sido precisamente el niño mimado de la elitista crítica cinematográfica estadounidense, pero lo cierto es que desde Drive parece haber perdido incluso el apoyo de la crítica indieamericana. La misma que encontraba belleza y elegancia en sus sutilezas visuales y que clamó al cielo cuando el film protagonizado por Ryan Gosling y Carey Mulligan fue ninguneado en una temporada de premios -la de 2012- en la que los vencedores no dejaron demasiado a la imaginación: The Artist La invención de Hugo, dos cintas de corte eminentemente clásico -de hecho ambas evocan a los albores del cine en el sentido argumental-, arrasaron con todo y dejaron a la película de Winding Refn abandonada en un rincón, para la ira de la nueva corte en formación.

Sin embargo, con Only God Forgives, el realizador danés perdió el crédito de casi todo su séquito -siempre queda alguien defendiendo el castillo en ruinas-, y lo peor para él es que los motivos eran de peso: su grandilocuencia visual excedía todos los límites de su pretendida elegancia y su estilo narrativo se difuminaba, quizá motivado por lo anterior, haciendo que el espectador perdiera por completo el interés en la historia que tenía que contar. Con la salida a la luz de The Neon Demon se han disparado las alarmas. Winding Refn se ha ganado el dudoso honor de convertirse en uno de esos directores que generan desconfianza e ilusión a partes iguales. Lo que no se le puede reprochar, por otra parte, es que no haya sido fiel a su estilo, cosa que lo desmarca de la mayor parte de los cineastas que comparten con él esta característica.

The Neon Demon es más Only God Forgives que Drive. Su pretenciosa puesta en escena lo abarca todo y eclipsa por completo su desarrollo argumental, que por otra parte funciona de un modo sorprendentemente efectivo. A nivel argumental, el film presenta, a grosso modo, lo que vendría siendo el aterrizaje de una joven estrella de las pasarelas en el mundo de la moda, con las envidias y las luchas de poder consecuentes. Su protagonista, una Elle Fanning que pretende ser algo así como una Eve Harrington moderna (véase Eva al desnudo, de Mankiewicz), es el eje narrativo de una película que busca retratar la frialdad -y crueldad- de la industria de la belleza y su poder para mercantilizar a las mujeres.

Fanning no brilla a nivel interpretativo, e incluso comienza dejando alguna que otra duda a la hora de encarnar a esa joven e ingenua modelo que llega a un mundo totalmente desconocido para ella. De todos modos, la propia puesta en escena de Winding Refn, espectacular en cuanto a paleta de colores y con la brillante BSO compuesta por Cliff Martínez -no en vano, fue premiado en Cannes-, aleja al espectador de conectar con sus protagonistas, siendo excesivamente grandilocuente y fría. Poco hay que decir acerca de las prácticamente anecdóticas apariciones de Keanu Reeves y Christina Hendricks. En cuanto al resto del reparto, cabe resaltar el gran trabajo de Jena Malone, que sabe encarnar las aspiraciones de su director de un modo mucho más natural y fresco que la protagonista.

Las pretensiones de The Neon Demon son descabelladas, y, aunque en ningún momento llegan a ser colmadas, lo cierto es que el producto mantiene en gran medida su dignidad cinematográfica, al contrario de lo que ocurría con Only God Forgives, donde todo el propósito artístico se desvanecía ante lo pretencioso de la puesta en escena. El regreso a la gran pantalla del director danés, pues, no constituye en sí mismo un fracaso, sino una ligera recuperación tras su patinazo previo. Pese a todo, todavía se encuentra lejos de alcanzar la armonía cinematográfica obtenida en Drive. Su estilo se mantiene intacto y, cómo no, este film no impide que siga habiendo fieles defendiendo su castillo.