Cineuropa 2016: Sieranevada

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La eclosión del cine rumano ya es una realidad. De la mano de directores con la planta y el bagaje de Cristian Mungiu, este país de Europa del Este ha comenzado a despuntar dentro del panorama continental, especialmente llamando la atención en festivales de cine independiente a un lado y otro del Atlántico. Este ha sido el caso de Sieranevada, quinto largometraje de otro de los realizadores referencias del país rumano: Cristi Puiu. Puiu se dio a conocer al mundo con su segunda cinta, La muerte del señor Lazarescu, un intenso drama sobre la soledad que arrasó en buena parte de los festivales cinematográficos de 2005. Con Sieranevada, ha alcanzado la cima de su estilo narrativo, que entremezcla con soltura elementos dramáticos y cómicos y se recrea a menudo para llegar al punto deseado. No en vano, prácticamente todas sus películas rozan las tres horas de duración.

La apuesta de Sieranevada es conservadora en el aspecto estético pero de enorme magnitud argumental. Puiu presenta una cinta de 173 minutos de duración y prácticamente un único escenario: una casa en la que una familia se reúne para conmemorar los 40 días desde la muerte de su patriarca, a todas luces la persona que constituía el pegamento familiar y restauraba su equilibrio. El film se introduce a sí mismo a través de la visión de Lary (Mimi Branescu), uno de los hijos del hombre fallecido, además de un reconocido doctor que suma ya décadas viviendo fuera de Rumanía y viajando a través de toda Europa. Su regreso a casa genera un fuerte contraste de personalidad con el resto de los componentes de la familia. Es el primer paso en la compleja tarea de definir la identidad rumana, un objetivo sumamente ambicioso para una película casi completamente amparada en su guion.

El cuadro familiar es pintoresco y variado, cubriendo prácticamente todo el abanico de edades, ideologías, niveles socioculturales, adscripciones religiosas y carácteres en general. Las conversaciones, que constituyen el principal punto de apoyo para el desarrollo narrativo de los acontecimientos, viajan de forma frenética de la actualidad a la memoria histórica, generando debates encarnizados que, a medida que el día va avanzando, se van trasladando desde aspectos externos a la familia como la política exterior estadounidense o los ataques terroristas a Charlie Hebdo hasta llegar a las problemáticas internas, donde algunos personajes se erigen protagonistas apuntalando la cinta con una poderosa fuerza dramática.

La apuesta estética, como mencionamos previamente, es conservadora en el sentido de buscar de forma constante estorbar lo mínimo posible al seguimiento de las conversaciones familiares. El film está repleto de enormes planos secuencia que siguen a los miembros del grupo por las diferentes habitaciones de la casa, a menudo planos fijos instalados en el centro del hall del apartamento. En cuanto a su paleta de colores, los tonos son mayormente fríos, con un claro predominio de los grises y colores pastel muy claros, especialmente durante las primeras escenas, buscando representar la frialdad familiar, pretendiendo expresar que, todas aquellas personas contenidas entre cuatro paredes, pese a compartir la misma sangre, apenas se conocen de nada.

Sieranevada no es una película sencilla de digerir, pero en cuanto es procesada genera una enorme satisfacción en el espectador. Es una cinta que, desde la nada, partiendo de una serie de conversaciones contenidas en una pequeña casa, acaba abarcándolo todo, repensándose a sí misma y haciendo que todo aquel que se somete al visionado acabe por hacer lo propio. Cristi Puiu se reivindica como un cineasta de peso, con la capacidad para cargar ambientes de sentimientos sumamente complejos que imbuyen por completo a quienes se abren a ser examinados por ellosSieranevada habla de inseguridades, de miedos, de ambiciones y de rencores. Habla de todo y de todos. Y lo hace sin que nos demos cuenta.