Tyson Fury: El ascenso y caída del “Gipsy King”

Pocos deportes cuentan con tantas historias de superación como el boxeo. El pugilismo siempre ha gozado un aura especial capaz de transformar la vida de aquellos de lo practican. Un crisol de relatos desde la miseria a la grandeza, el surgimientos de leyenda venidas de la más absoluta nada, hombres capaces de pegar, encajar y esquivar los golpes en el cuadrilátero con la misma facilidad que en su vida privada. Aunque a veces los ataques estos últimos golpes son los más duros porque se reciben cuando menos se les espera, lejos del ring.

Tyson Fury ha sido el último ejemplo de que la gloria profesional no siempre trae la felicidad, sino que a veces provoca todo los contrario. La vida del campeón inglés ha pasado del éxito a la desesperación en poco menos de un año. El tiempo que ha pasado desde que el “Gipsy King” venció a Wladimir Klishtko para alzarse como campeón del mundo, hasta hace un par de semanas cuando en una entrevista a Rolling Stone revelaba sus problemas con las drogas y el alcohol, y lo que es más preocupante sus impulsos suicidas debidos a una profunda depresión. Poco menos de 365 días desde la gloria hasta un callejón cuya salida cada vez se hace más estrecha. De sorprender a un rival invicto durante 11 años, a tener que dejar vacantes los cinturones que acreditaron a Fury como rey del peso completo sin poder defenderlos subido a un ring.

Algo que parecía imposible debido a la personalidad del británico. Un magnetismo especial que le hacía conectar con el público, una mezcla entre bocazas y showman capaz de atraer admiradores y detractores a partes iguales. Una habilidad que usaba para calentar los combates y aumentar su expectación. Su momento más recordado, incluso más que sus combates, seguramente haya sido una rueda de prensa previa al combate contra Klistchko en el que el “Gipsy King” se presentó vestido como batman. Un simple a la par que atrevido cambio de vestuario con cierto toque teatral que le llevó a los medios de medio mundo. Sus excentricidades continuaron e incluso decidió presentarse pasado de peso a una rueda de prensa para recriminar a uno de sus rivales que había sido vencido por un gordo. Una colección interminable de bravatas que le han llevado a reírse de si mismo y de sus rivales hasta llegar al límite del humor.

Imagen del montaje "Tyson Montana". Sacada del Twitter de Tyson Fury

Imagen del montaje “Tyson Montana” | ©Twitter

Tal es así, que su respuesta a los primeros rumores que apuntaban a un positivo por cocaína como el motivo de su inactividad (tras alegar sendas lesiones para retrasar la revancha ante Klitshcko) fue colgar en su Twitter una foto de “Tyson Montana”. Un fotomontaje en el que el púgil pone su rostro a la imagen más famosa de la película Scarface (traducida en España como El Precio del Poder), una instantánea en la que aparece rodeado por montañas de cocaína. Una broma de discutible gusto con la que pretendía burlarse de sus críticos, pero en la que en realidad intentaba ocultar el mal momento por el que pasaba.

La gran pregunta es. ¿Qué ha llevado a un hombre que alcanza el éxito en su deporte a llegar al límite? Y la respuesta es tan dura como la vida misma. Su condición de Irish traveller, una de las minorías más discriminadas de Irlanda. Una comunidad de unas 40.000 personas de vida itinerante con graves problemas para encajar en la sociedad. Fury nunca ha ocultado su origen e incluso se ha mostrado orgulloso de ser quién es, su nombre en Twitter es “Gipsy King”, una prueba fehaciente de que no se avergüenza de su legado. Pero a pesar de ello el choque con la realidad tras transformarse en campeón, unido a su condición de traveller ha sido el detonante de sus problemas.

“a veces ni siquiera la fama es capaz de romper barreras como las de la discriminación”

En la entrevista a Rolling Stone anteriormente mencionada, Fury explica la frustración que la gloria ha traído aparejada. En parte debido a la incesante y persistente crítica a su persona a pesar de haber logrado el éxito en todos y cada uno de sus combates, pero sobre todo por la discriminación que todavía sufre por su condición de ”gypsi”, que queda reflejada en una historia que recuerda los años más crudos de la segregación racial en Estados Unidos. Fury explica que una noche quiso ir a cenar con su familia a un restaurante y que los trabajadores del lugar no le quisieron atender debido a su origen. Una historia que recuerda a lo que sufrió el gran Ali hace casi 50 años. Un golpe directo que demuestra que a veces ni siquiera la fama es capaz de romper barreras como las de la discriminación, una situación que es solo un ejemplo del camino que llevó a Fury de tocar el cielo a darse cuenta de que ni eso le haría ser uno más. Una gota que ayuda a colmar el vaso.

A partir de ahí según su relato llegó la desesperación, las ganas de entrenar fueron disminuyendo mientras que las drogas y el alcohol pasaron a ser una vía de escape cada vez más habitual hasta transformarse en una rutina. Una espiral que terminó en una grave depresión de la que parece haber dado los primeros pasos para su recuperación. Un camino de la gloria a la miseria del que parece difícil recuperarse. Pero en un hombre como Tyson Fury capaz de lograr sorprender a todos no se puede descartar un regreso triunfal.

Fotografía de portada: ©elespañol.com.