¡No son humanos!

“La Historia es maestra de la vida”, dijo Cicerón hace ya un porrón de años. Sin embargo, eso de ponerse a estudiar la Historia con mayúscula, así, a palo seco, pues da pereza. Entra mejor con algo dulce. (¡Dónde va a parar!). Por eso los letrados castellanos del Medievo, que no tenían un pelo de tontos y sabían que lo de estudiar era una tarea más bien ardua, optaron por “dorar la píldora” a sus lectores. La píldora era un medicamento que, como sabía a rayos, se recubría de dulce por fuera —tal vez con miel, de ahí el color dorado—, y así por lo menos la cosa se hacía más llevadera.

Consciente de ello o quizás buscando eludir la censura, Karel Čapek, uno de los mejores escritores fantásticos que nos regaló el siglo pasado, publicó allá por el año 1937 “La guerra de las salamandras”. Aunque, para ser precisos, más que una novela de ciencia-ficción, se trata de una fábula, dados el componente ficticio y la tendencia al didactismo; matizo, a un didactismo con ideales que no es tendencioso, lo que, en mi opinión, supone una muestra de respeto hacia la inteligencia del lector.

Esta obra es un claro ejemplo de que la ficción, lejos de cómo se ha entendido tradicionalmente, más que un mecanismo de evasión, es una forma privilegiada de acercamiento a la realidad que permite decir aquello que de otra manera no estaría permitido (tengan en cuenta que en el 1937 la tempestad sobre Europa era inminente).

La novela empieza en unas islas remotas del Pacífico en donde se descubre una especie animal desconocida hasta el momento. Unos marineros que trabajan allí pronto se percatarán del potencial de estos seres, que aprenden muy rápido, y a raíz de ello se plantearán la posibilidad de emplear dichas criaturas como mano de obra para acometer diversas empresas.

A quien le guste la reflexión, así como la innovación narrativa, la variedad en el estilo y el contraste entre diferentes puntos de vista tiene un aliado inmejorable en “La guerra de las salamandras”. Palabra.

Fotografía de portada: © curiosoanimal.blogspot.com