Es la Globalización, estúpido!

El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé, cuando caiga mi venganza sobre ti!”.

[Ezequiel 25:17]

|© Sonarfm.cl

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Todos nos hemos sentido alguna vez criminalizados, como si estuviéramos torturando a un pobre gatito, por ver y disfrutar una película americana de alto presupuesto. Da la sensación de que ya no haya mucha gente capaz de alucinar y disfrutar de algo tan cotidiano en nuestros días sin carga de conciencia, con esa intensidad emocional de un niño cuando recibe un regalo o cuando conoce en persona a su ídolo favorito. He aquí, uno de los principales ‘1st world problems’: la autoinculpación de ser un producto del “consumismo salvaje que nos asola”. Del viejo puritanismo religioso de la sociedad decimonónica, en el que la paz espiritual se encontraba en perpetuo conflicto con el pecado carnal y las tentaciones del mundo terrenal,  en los países ricos caracterizados por la globalización y la digitalización actual ha persistido otra teoría sobre la penitencia, sobre el autoflagelo que debe infringirnos en la conciencia ser felices con cosas que hoy en día son ciertamente banales.

Y quien es nadie para llevar la contraria, pues la inocencia de encontrar placer en las pequeñas cosas, se cobra un precio por el que al parecer, hemos de pagar la libertad del ser humano. Si no sentimos esa autoinculpación quizás sea por lo interiorizado que tenemos que somos escoria, pero no por haber llegado a ello después de un proceso lógico-racional. O al menos eso es lo que hay que creer, al fin y al cabo, es un lugar común que todo lo que disfrutamos en los países OCDE no es más que una consecuencia de nuestra propia codicia, de un etnocentrismo que nos lleva a expoliar a otros de una manera más disimulada que el imperialismo de antaño. De aquellos polvos estos lodos, decimos.

Por si fuera poco, ya hace tiempo desde el comienzo de la crisis, que también los propios países OCDE tenemos bastantes problemas de los que preocuparnos, con lo que ya ni si quiera sirve compadecerse de la situación no homologable del tercer mundo. De hecho, la mayoría de los países de nuestro entorno se han o se están desindustrializando en detrimento de nuevos emergentes con oferta de mano de obra más barata y los avances tecnológicos hacen de máquinas y robots un activo más eficiente que el capital humano, promoviendo la aparición de nuevas plataformas de economía colaborativa, en perjuicio de trabajadores con licencia, como taxistas y hosteleros. Todo esto establece un complicado marco de libre competencia en el que las clases trabajadoras y medias de occidente quedan relegadas a trabajos de no menos horas por no más dinero. Es por esto que es la percepción que se tiene de los nuevos cambios, la resistencia frente a estos y las prioridades elegidas para afrontar cada uno de ellos, lo que realmente determina la preferencias y los intereses de la “gente” en el 2016.

Observando la actualidad política, poco hay que decir sobre la resistencia a los cambios de aquellos que lícita y  democráticamente jalean a individuos como Donald Trump, Marine Le Pe, o de algunas perlas recientes cortesía de los actuales ejecutivos europeos como Polonia y Hungría. La xenofobia y los movimientos antinmigración, el ultranacionalismo patriótico y el rechazo al comercio y a cualquier institución internacional son consecuencias lógicas de cualquier actitud proteccionista frente a un fenómeno que interconecta y fusiona patrones socioculturales a lo largo del mundo.

La xenofobia y los movimientos antinmigración, el ultranacionalismo patriótico y el rechazo al comercio y a cualquier institución internacional son consecuencias lógicas de cualquier actitud proteccionista

Por otro lado, no es de extrañar que incluso a nivel internacional, la socialdemocracia ortodoxa de viejos rockeros como B. Sanders o J. Corbyn haya confluído con el socialismo nórdico-bolivariano del “cambio”, en el recurso discursivo al viejo mantra de la social democracia escandinava de los años 50, que es no obstante, un modelo de estado que décadas atrás experimentó muchas de las reformas y cambios a los cuales esas mismas opciones políticas se han opuesto con gran vehemencia haciendo de esa oposición su bandera. 

Pero desde luego, combinar prosperidad económica con justicia social no es un mal negocio..El cómo intentar conseguir ese equilibrio, es más una cuestión de pragmatismo que de moralismo genético o pureza ideológica. En el caso de Estados Unidos, los problemas históricos de cohesión social e integración de las minorías coexisten con una tradición estatal menos intervencionista que la europea,  haciendo que ese esfuerzo por conseguir esa combinación de prosperidad y bienestar social, pase en todo caso por reivindicar mayor regulación y mayor inversión pública en servicios sociales o en aquellos ámbitos considerados básicos para el bienestar social, como ha sido el caso de Obamacare, al margen del dogma existente en nuestra sociedad sobre la titularidad pública de un servicio como un axioma incuestionable y que ve la introducción de mecanismos complementarios de gestión privada como un pretexto para restablecer poco menos que el derecho de pernada y otras prácticas feudales.

En una dirección bastante similar a la Administración Obama, su homólogo canadiense, el primer ministro Justin Trudeau llegó al poder como Trending Topic en los corazones de los canadienses y de la opinión pública internacional por sus maravillosas habilidades para la comunicación y el Marketing político, mostrándose al mundo como un líder mundial más majo que las pesetas. Sin embargo, lejos de ser una mera operación cosmética, Trudeau ha aprovechado la herencia de la ortodoxia fiscal en su país para lanzar un programa de déficit destinado a infraestructuras mayoritariamente privadas, que estando dentro de los límites de los criterios establecidos del Pacto de Estabilidad de la UE  constituye  una tendencia rompedora con el status quo internacional y una alternativa a aquellos que claman contra el “austericidio” a la espera de un Estado omnipotente.

En un contexto absolutamente distinto cuanto no opuesto, como es el de la  Europa mediterránea anquilosada en la dialéctica electoral del Estado ceporro; el verdadero cambio revolucionario pasa por la introducción de las reformas que liberalicen un mercado laboral desfasado o reestructuren las administraciones públicas para no rezagarse en un viejo modelo paternalista insostenible financiado con el dinero de unos contribuyentes. Irónicamente, están siendo precisamente figuras de gobiernos socialistas como el primer ministro italiano Matteo Renzi o el ministro de economía francés Enmanuel Macron, los principales referentes detrás de este nuevo discurso en torno a la urgencia de reformas liberalizadoras que permitan adaptar Europa a los cambios que vienen.

En el caso concreto de España, aquella polarización izquierda-derecha de aquel viejo bipartidismo imperfecto con dos actores relativamente centristas como PP y PSOE, hay que sumar otro clivaje: el del debate nacionalista. Pues aquí las respectivas reivindicaciones nacionales que reivindican uno u otro territorio del Estado español como sujeto de derecho y soberano son interpretadas en clave meramente antagónica, a pesar de la actual primacía del derecho comunitario y la soberanía compartida europea. Así es, lejos del discurso del progresismo de antaño, el de toda la vida, hoy no solo es necesario afrontar con receptividad las nuevas oportunidades y los nuevos cambios, sino que es necesario enfrentar las nuevas amenazas que han surgido tras el paradigma globalizador e implementar con la máxima inmediatez posible, medios y estructuras capaces de hacerles frente.

En definitiva, que en esta nueva agenda política, los nuevos movimientos antiestablishment quieren ver rodar cabeza: las de los grupos de poder que se empeñan en tratar a la gente de a pie como hormiguitas que observan desde un telescopio, dejando su destino en manos de lobbies. Sin embargo, estamos la época de la sociedad del conocimiento, de la información, y, todo sea dicho, de la soberbia intelectual, donde expertos todólogos salen de las piedras a iluminar a los mortales se hable de lo que se hable. Pues hoy la orden del día, la “agenda setting”, no solo lo marca el lobbysmo de la Unión Europea o el IBEX 35.

No olvidéis que si hubo un tiempo en el que el sueño de la mayoría social se limitaba a tener un trabajo estable, una vivienda en propiedad y un coche que pudieran ser útiles para la familia; más tarde el sueño creció hasta convertirse en burbuja y ya el objetivo era tener un trabajo que diera mucho dinero y comprar un chalet en una zona de veraneo. Actualmente, los sueños se han sucedido entre ser blogger, tweetstar, “influencer” y publicar cuantos más “zascas” mejor en redes sociales. Aunque en la más profunda de las realidades, la inmensa mayoría de no pasemos de cuñaos. Y quién sabe lo que vendrá después. Agárrense los machos.

Artículo realizado por: J. L. Maíz