La Unión Europea, la defensora de la (in)competencia

Que la Unión Europea está envuelta en una crisis política es un hecho, y un claro ejemplo de esto es que el Reino Unido, una de las grandes potencias de la unión económica y política, va abandonar el barco capitaneado por el politburó bruselense. El problema es que la unión política y la centralización le han ganado la batalla al libre mercado y la descentralización del poder de toma de decisiones. Hoy en día la mayor parte de las regulaciones que se aprueban en los Estados Miembros provienen de la UE, en la que la defensa de la competencia dentro del mercado común es una de las causas más importantes y que más ayudan a explicar el camino de servidumbre —como diría Hayek— de Europa.
Hablo de que la UE se ha abonado a la defensa de la incompetencia de las empresas europeas frente a sus competidoras internacionales, siendo Google la principal perjudicada, a saber, ha recibido hasta tres procesos sancionadores por parte de la Comisión por “perjudicar” al mercado interior común abusando de su posición de dominio en su sector. Es decir, la UE ha preferido proteger a los pequeños productores, que si no tienen un peso más grande en el mercado es porque no han sabido satisfacer las necesidades de la demanda, frente a las grandes empresas que si han sabido competir en el mercado haciendo justamente lo contrario a estas.

l © Mundo Ejecutivo

l © Mundo Ejecutivo

Por ejemplo, Bruselas inició un proceso sancionador a Google por la posición de dominio que mantenía en Android. Son tres las razones que han conducido a esta situación, por ejemplo, una de ellas has sido que la compañía americana, para mantener cierta coherencia y calidad de sus productos, obliga a los fabricantes de móviles y tablets a que establezcan Google como el buscador por defecto de estos aparatos para pre-instalar algunas de las aplicaciones más conocidas de la compañía; otra de las razones del proceso sancionador viene de la mano de que Google permite que Android sea versionado por terceros, creando de esta manera un sistema de código abierto —a diferencia de, por ejemplo, Apple— algo que ha causado varios problemas a la hora de sacar algunas aplicaciones, por lo que Google quiere reducir esta fragmentación para mantener la calidad de sus productos, lo que le ha llevado a tratar de evitar que productores de móviles y tablets utilicen  versiones de terceros de Android, al mismo tiempo, Google les paga importantes cantidades de dinero para que establezcan su motor de búsqueda como predeterminado, lo que conforma la última de las razones de este proceso sancionador.
Por otro lado, la semana pasada la Comisión acusaba a Google por abuso de dominio en la publicidad online. En concreto, desde Bruselas acusan a la compañía americana de impedir a sus socios el no ofrecer anuncios que se ajustan al perfil del usuario —los anuncios contextualizados— en función de la búsqueda en otros motores que no sean los de Google. Además, los anuncios de búsqueda de Google, dice la Comisión, son “impuestos” a terceros, apareciendo de forma destacada en las páginas de búsqueda, dejando en una posición rezagada y poco visible a los anuncios de sus competidores, dentro de estas. Es decir, Bruselas está acusando de nuevo a Google por gestionar su propio negocio como considera, tratando de ofrecer un servicio que les ha valido para alcanzar el 80% de este mercado de intermediario publicitario en el Espacio Económico Europeo.

¿Por qué son innecesarios estos castigos?

Lo más gracioso de estos castigos que impiden el sano juego del libre mercado es que son completamente innecesarios. ¿Por qué son innecesarios estos castigos? Porque que una empresa goce de un gran poder en el mercado debido a su gran peso dentro de un determinado sector viene explicado por la mayor capacidad para satisfacer las necesidades de los consumidores, ofreciendo aquellos bienes y servicios que más se adapten a las preferencias de los demandantes, en el momento en que dejen de hacer esto, perderán su posición de privilegio, y ahí tenemos los casos de NOKIA y KODAK, que de líderes del mercado de telefonía móvil y de la fotografía, respectivamente, pasaron a grandes olvidadas dentro de dichos sectores por no saber adaptarse a los cambios del mercado. El mejor castigo para una empresa es el mercado, siempre que este sea libre y evite cualquier tipo de privilegio por parte de las empresas. Que una empresa diseñe su propio modelo de negocio, según lo que consideren sus directivos y equipos estratégicos, no es ningún delito, cada cual debería ofrecer sus bienes y servicios como considere, el mercado los castigará o premiará en función de lo bien que lo hagan, no debería ser el burócrata de turno el que decida los modelos de negocio, puesto que la información y el mercado nacen desde el libre intercambio, de forma descentralizada, no desde un organismo central que planifica la economía desde arriba a abajo, la experiencia de esas prácticas de organización las han vivido algunos países con un rotundo fracaso.

El mejor castigo para una empresa es el mercado

Si Google tiene un gran peso en el sector informático y de telefonía es porque ha hecho bien las cosas, ofreciendo productos de calidad a precios competitivos, diseñando un modelo de negocio coherente entre sí para satisfacer de la mejor manera a los consumidores, yo entre ellos. Algunas de las prácticas realizas por esta compañía que ha llevado a Bruselas a castigarla son realizadas, por ejemplo, por Apple, al no permitir que terceros desarrollen sistemas operativos diferentes a IOS para sus productos, pero al tener una cuota de mercado reducida en comparación a Google, parece que no son razones suficientes para que la Comisión inicie procedimientos con la compañía de la manzana, esto es, la razón de peso de estos castigos se reduce al tamaño de la compañía y no al hecho de que haga un presunto abuso de la posición de dominio.
La Comisaria europea de Competencia, la danesa Magrethe Vestager ha reconocido que “quien recuerde cómo era buscar en Internet antes de Google sabe cuánto hecho esa compañía por una web accesible”, pero critica que “eso no le da derecho a impedir que otros compitan”. Pero Google no impide la competencia, si no que es Bruselas la que protege la incompetencia. Mientras la UE se desmorona empezando por Reino Unido, esta sigue con su camino de servidumbre, hacia una mayor centralización y burocratización que tiene como destino su fracaso.

Artículo realizado por: Santiago Calvo. Economista y presidente de Students for Liberty Galicia.