La nueva política se hace mayor

De la barra del bar ‘Tío Cuco’ a un edificio situado en el corazón de Madrid con vistas privilegiadas. Así cambió el escenario de los cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en el programa Salvados, que constituye una metáfora perfecta para entender qué ha pasado con los jóvenes y prometedores políticos en los últimos meses. Antes del 20D, los candidatos se mostraron críticos con los partidos tradicionales y parecía que podían entenderse. En la segunda vuelta, han aparecido en televisión dos enemigos políticos irreconciliables.

Comienzo del #Partidodevuelta entre Pablo Iglesias y Albert Rivera l © Atresplayer.com

El contexto ha cambiado. Han pasado seis meses desde el primer encuentro, incluyendo una campaña electoral y unos comicios cuyos resultados fueron tan abiertos que la aritmética no permitía llegar a pactos de gobierno sin renunciar a los partidismos. En aquel primer cara a cara, los candidatos se presentaron como la alternativa al bipartidismo, con un Rivera respaldado por las encuestas y un Iglesias algo desdibujado tras los malos resultados en las elecciones catalanas. En el segundo, las tornas cambiaron: los candidatos estaban separados por más de 20 escaños y ahora es Iglesias el que cuenta con el apoyo de los sondeos. Por este motivo, los objetivos de los candidatos también se han transformado.

Antes de diciembre, los jóvenes políticos acudieron a Salvados para defender sus propuestas electorales y convencer a los votantes. Ahora, una vez conocidos sus programas y su desacuerdo, el debate ha tomado otros derroteros. La campaña de Iglesias, líder de la coalición Unidos Podemos, va dirigida a conseguir el famoso ‘sorpasso’ al PSOE. Rivera, en cuarta posición, se ve obligado a mejorar sus resultados para poder ser relevante en las negociaciones y pactos.

Críticos y politólogos coincidieron en su diagnóstico del primer cara a cara: aquello mejoraba la imagen de la política española. Ahora también coinciden, dando por hecho que ambos han fracasado en el tono y el fondo del debate. En cierto modo, fue un ajuste de cuentas. Para entender el cambio, hemos de buscar las diferencias entre los dos programas moderados por Jordi Évole.

Anécdotas personales vs. Roces en el Congreso

El primer cara a cara comenzó con un viaje en coche en el que los candidatos charlaron cordialmente sobre su situación personal y la dureza de la campaña. Aunque sonó algo forzado, ayudó a crear el ambiente que después se vio en el ‘Tío Cuco’. Por el contrario, el programa del pasado domingo comenzó recordando las palabras que se dijeron desde la tribuna del Congreso de los Diputados. Del “cuñado Rivera” al que “se nombra vicepresidente y coloca a sus novias en el hemiciclo”. Jordi Évole anunció que el tono de debate no sería el mismo. Y no lo fue desde el principio.

Pablo Iglesias y Albert Rivera charlando de camino al ‘Tío Cuco’ l © Atresplayer.com

Defensores de propuestas vs. Culpables de las nuevas elecciones

La crítica coincidió en que Albert Rivera ganó el primer debate e incluso Iglesias reconoció que el de Ciudadanos lo había hecho mejor. La razón principal fue que en aquel cara a cara ambos defendieron sus propuestas y Rivera lo llevaba mejor preparado, mientras que Iglesias tuvo que hacer frente a lo que siempre se ha cuestionado de Podemos: de dónde sacarían el dinero para cumplir sus promesas. Ese debate no se repitió el domingo porque no hablaron de los programas ni de las políticas, sino que estuvieron señalando al culpable de que no haya gobierno. Es decir, se culparon el uno al otro. Si alguna vez hubo afinidad entre ellos fue cuando hablaron de lo que tenían en común, que era su oposición a la vieja política. Ahora actuaron como ella, reconociendo además que ambos quieren pactar con el PSOE y, en el caso de Rivera, tampoco cierra la puerta a un Partido Popular sin Mariano Rajoy.

Jordi Évole, Rivera e Iglesias hablan en el Tío Cuco antes del primer cara a cara l © Atresplayer.com

“Cómo sigamos así, nos vamos a presentar juntos” vs. Diálogo de besugos

En el cara a cara de noviembre, Évole hizo varias preguntas cortas para valorar las propuestas de los nuevos partidos. Sorprendentemente, los candidatos coincidieron en la mayoría, hasta el punto en que Iglesias llegó a decir: “Cómo sigamos así, nos vamos a presentar juntos”. No parece que los programas electorales vayan a cambiar significativamente, y, sin embargo, el domingo no encontraron ningún punto en común o no quisieron expresarlo. Esta vez, Jordi leyó algunas noticias de los últimos meses (el incendio en Seseña, los refugiados sirios, las donaciones de Amancio Ortega a hospitales) para que respondiesen cómo actuarían ante esas situaciones, y ahí comenzó el diálogo de besugos entre los líderes. “Tu demagogia es insultante, Pablo” – “No te pongas nervioso, Albert” – “Me indignas, Pablo” – “Estoy tranquilísimo, Albert” – “No mientas a la gente, Pablo”. Esas palabras vacías no aportaron nada al debate ni a los telespectadores.

Iglesias y Rivera discutiendo sobre los refugiados sirios. l © Atresplayer.com

Europa vs. Venezuela

En el argumentario de Ciudadanos siempre han estado las políticas de los países europeos como modelo a imitar, especialmente las de Dinamarca. Podemos también habló de los países escandinavos, dejando atrás la defensa del modelo griego de Alexis Tsipras. En cualquier caso, siempre se ha apelado a las democracias europeas. No obstante, en el cara a cara del domingo, el país protagonista fue el que llevamos escuchando en los informativos de las últimas semanas: Venezuela. Évole leyó un artículo de Lucía Méndez para preguntarles por qué se habla del país latino cuando España tiene que enfrentarse a graves problemas. Evidentemente, eso provocó otro debate sobre Venezuela: los fines electorales del líder de Ciudadanos al visitar ese país o por qué Iglesias no pide la liberación de los presos políticos venezolanos.

“Yo no voy a jugar al ‘y tú más’” vs. “Y tú más”

Al hilo de la situación política en Venezuela, resulta curioso recordar una frase del primer cara a cara. Albert Rivera manifestó entonces que no pensaba jugar a relacionar al candidato de Podemos con Venezuela. Lo hizo. También Iglesias acusó al de Ciudadanos de dar un espectáculo mediático con su visita al país latino, cuando Pablo suele ganarse la atención televisiva con sus acciones. La actitud del ‘y tú más’ que habíamos visto en la tribuna del Congreso se trasladó al programa de Jordi Évole. Acabaron llamándose demagogo uno al otro, lo que concluyó en una demagogia final.

Las preguntas de Jordi Évole

En medio del ambiente crispado, el presentador apeló en varias ocasiones al ‘espíritu del Tío Cuco’. Se entiende que la situación actual requiere preguntar por otras cuestiones y ser incisivo en el motivo de la repetición de elecciones. Las preguntas de Évole fueron más directas y controvertidas. Del ‘habéis estado alguna vez en el paro’ o ‘qué tal os salido la declaración de la renta’ al ‘se os han pegado los tics de la vieja política con la cal viva y el comunismo’. El tono, en cierto modo, tenía que ser distinto.

En el primer cara a cara, Iglesias y Rivera coincidieron en que tenían puntos en común. l © Atresplayer.com

La memecracia y los tuits

Las redes sociales han cambiado la forma de hacer y entender la política. Antes de la emisión del debate, los candidatos ya anunciaban desde sus cuentas de Twitter que sería un debate bronco. Los tuiteros utilizaron el avance del programa, en el que Rivera hablaba del comunismo de China cuando Iglesias mencionó la frase ‘cuento chino’, para poner en marcha su ingenio contra el de Ciudadanos. En contexto, la intervención de Rivera no fue tan ridícula como nos lo habían hecho creer los memes, pero los montajes de Internet ya dominan los debates en las redes incluso antes de que ocurran los acontecimientos.

Durante el cara a cara, el propio Rivera envió a los espectadores al buscador de Twitter para comprobar si Iglesias había llamado criminal a Amancio Ortega. Los espectadores que no tienen cuenta en esa red social no debieron entender nada y eso contribuye a alejarse de los candidatos. Por último, las conclusiones de los cara a cara tampoco las vimos en televisión. La reacción y valoración final de los candidatos se puede medir en clave tuitera. En noviembre, la cuenta oficial de Podemos fue ‘trolleada’ al salir Rivera como vencedor en su propia encuesta. Esta vez, el líder de C’s se quejó de la ausencia de aire acondicionado en la sala, quizá para justificar su cambio de actitud en este debate.

El ganador del #Partidodevuelta

No ha habido vencedores ni vencidos en este cara a cara. Aparentemente, el más perjudicado fue Albert Rivera porque no suele exaltarse en los debates y el encanto de Iglesias reside precisamente en eso, pero la ausencia de propuestas dejó el debate vacío de contenido político. No obstante, es posible que los votantes convencidos de Podemos y Ciudadanos se hayan reafirmado con el discurso de sus candidatos, pero los indecisos se han encontrado con un segundo combate entre dos políticos que parecen llevar años combatiendo. Por el momento, debemos esperar al debate a cuatro para ver si la conversión de la ‘nueva política’ es total o todavía mantienen diferencias con la vieja.