BREXIT: ¿Qué pasa con Europa?

Corría el año 1946 y hacía más de un año desde que Europa, como concepto, volvía a ser libre. El 19 de septiembre de ese mismo año, uno de los mayores estadistas del Siglo XX, zorro viejo con cara de bulldog, realizaba un discurso premonitorio sobre un proyecto que unos pocos años más tarde se haría realidad y cambiaría el mundo. Ese día, Winston Leonard Spencer Churchill, autor profesional de frases memorables, utilizaba por primera vez el término Estados Unidos de Europa.

“El propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones”

Churchill hablaba de “el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones”. Decía en ese mismo discurso el señor Churchill que no podría haber renacimiento de Europa sin una Francia y una Alemania grandes espiritualmente.  Y terminaba el discurso haciendo referencia a Gran Bretaña y sus inseparable Commonwealth y Estados Unidos  como principales aliados para asegurar ese sueño. Sin embargo, las predicciones del señor Churchill se verían superadas por la realidad y la cronología y en el año 1973, tras varios vetos de Francia y con el particular Churchill francés fuera de juego, Reino Unido pasaba a integrarse como Estado Miembro de la Comunidad Económica Europea. Este particular Churchill francés, popularmente conocido como el General de Gaulle, héroe de guerra curtido en mil batallas y referente espiritual llamado a guiar a la patria tras ayudar a rescatar a una Francia que había resistido agonizante bajo el yugo de la amenaza nacional-socialista , vería como sus mayores miedos sobre el fin de una Europa a la francesa, sin ingleses y con un modelo de Bienestar particularmente paternalista, empezaría a tambalearse por culpa de los malditos británicos atlantistas a partir de finales de la década de 1970.

Efectivamente, en esta época llegaba al poder del moribundo imperio británico la señora Margaret Tatcher, que con una determinación admirable se convertiría en una de las mujeres más poderosas e influyentes del Siglo XX. Con ella vino el “I want my money back“, el “Europa nos roba” y especialmente, el famoso conservadurismo “neoliberal”, conformando los precedentes del discurso en torno al cual se orientan los principales argumentos del actual euroescepticismo británico. Las sucesivas disputas sobre la postura respecto a la Unión Europea las soportaría tanto en el seno del partido conservador como del Gobierno, un tal John Major, quién a pesar de las presiones internas y la ambigüedad británica, firmó el Tratado de Maastricht de 1992, bajo el que se unificarían y se profundizarían anteriores tratados, constituyendo la Unión Europea bajo la llamada estructura de pilares, que extendía el ámbito comunitario más allá de aquellos de carácter meramente económico, comercial o industrial.

Dicho esto, el bueno de John, a pesar de haber sido primer ministro inglés durante 7 años, será siempre conocido por el gran público por haber sido “el tío que estuvo ahí” entre Margaret Tatcher y Tony Blair. Este último, un tipo increíblemente hábil y nacido para hacer política, recogió el testigo de la herencia tatcherista, y adaptándolo a un discurso más social y menos rancio, se dio a conocer al mundo como el exponente de la Tercera Vía, el hombre del pragmatismo exacerbado. Artífice de la firma del proceso de paz en Irlanda del Norte y el Alto al Fuego definitivo por parte del IRA; máximo responsable de la invasión de Iraq junto a George W. Bush en 2003 y acusado de crímenes de Guerra, en cualquier caso, acabaría siendo el primer ministro británico durante un período de compromiso y colaboración del Reino Unido en el seno de la Unión Europea, nada desdeñable para un guiri.

Sin haber dejado nunca de lado las buenas relaciones trasatlánticas con los vecinos americanos, a punto estuvo Mr. Blair de meter a su país en el euro (como máximo responsable de un Estado Miembro, firmó a favor de su puesta en circulación) y de dar un paso más hacia la unificación y consolidación de una Política Europea en materia de Seguridad y Defensa mediante la cumbre de Saint Malo con su homónimo francés del momento.De esta manera, el líder laborista hizo patentes sus esfuerzos por alcanzar una mayor integración europea en dos ámbitos con tanto arraigo en el panorama nacional y en el discurso soberanista del Estado-Nación como son el ámbito monetario y el de la Política Exterior y de Seguridad, donde el Reino Unido posee evidentes ventajas comparativas tanto en materia monetaria y económica, como en el terreno logístico y en la capacidad militar e influencia exterior respecto del resto de la Unión Europea.

Al señor Blair lo sucedería Gordon Brown, encargado de gestionar las tensiones sobre la ratificación del Tratado de Lisboa, y su consulta por Referéndum al resto de la ciudadanía o por mera votación Parlamentaria. Este Tratado, firmado en 2007 tras el fallido Tratado Constitucional o Constitución Europea un par de años antes, supuso la reforma del funcionamiento de las Instituciones Europeas, dotando a la UE de personalidad jurídica propia y de una serie de poderes e instrumentos competenciales de los que carecía anteriormente a la hora de firmar Tratados Internacionales como sujeto internacional de derecho y como actor global.

La realidad es que, reticente de los grandes logros del paradigma europeísta en un mundo globalizado, como por ejemplo el acuerdo de Schengen, el Reino Unido siempre se ha sentido más cómodo que el resto de Estados a la hora de manejarse por su propia cuenta, ya fuera dentro de su anciano imperialismo mercantilista, o en la actualidad dentro de las particularidades del fenómeno globalizador.
Hoy en día, el Reino Unido es un país donde el Gobierno conservador, tras haber revalidado el año pasado su posición al frente del ejecutivo con una privilegiada mayoría absoluta, se divide entre los partidarios de la Europa asimétrica del primer Ministro y los euroescépticos, que tienen su mayor aliado estratégico en el UKIP.

En el caso del primer ministro, tras haber renegociado los términos y las condiciones de la permanencia del Reino Unido como Estado Miembro, se encontrarían los contrarios a la salida de la UE, y en el caso de los segundos, se encontrarían aquellos generalmente más favorables a intensificar sus lazos en el seno de la Commonwealth y sus relaciones trasatlánticas, al margen de la Unión Europea. En este sentido, el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) es un actor crucial para entender la actual situación de agitación social en torno a este tema y la campaña de desprestigio antieuropeo, ya que se trata básicamente de un partido protesta cuya máxima razón de ser es su oposición a la UE y la demanda de una mayor intensificación del control migratorio, siendo actualmente el partido británico que más asientos ocupa en el Parlamento Europeo.

Todo esto quiere decir que, desde David Cameron hasta Nigel Farage (líder de UKIP) han conseguido ser lo suficientemente inteligentes como para hacer del tema de la permanencia del Reino Unido en la UE un debate donde lo mque se discuta sea más el encaje de UK en la UE, que sobre la consideración de UK como un Estado miembro, con obligaciones homologables al resto de Estados. Todo ello, con perdón del considerable apoyo popular a la UE por parte de formaciones como el Partido Laborista, el Partido Nacional Escocés, los verdes o, en horas bajas tras haber ocupado la vicepresidencia del anterior ejecutivo de Cameron, los Liberal-Demócratas.

Gráfico 1

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En este clima de polarización, el radicalismo euroescéptico amenaza el futuro laboral y las expectativas de dinamismo y emprendimiento de millones de jóvenes británicos que han nacido, han crecido y se están beneficiando de la riqueza material y vital de un proyecto sin precedentes donde un mercado único hace posible la actividad económica, la seguridad jurídica y la transición hacia un mercado único digital en un espacio democrático compartido.

The Economi

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Irónicamente, el principal argumento de los partidarios de abandonar la Unión Europea, tras una larga y ostentosa campaña de propaganda y supefluo despilfarro de recursos, es el ingente gasto que suponen a las arcas públicas y al bolsillo de las familias británicas, sus contribuciones como a la Unión Europea.

| © The Economist

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Ha sido así, que en este cúmulo de coincidencias aparentemente de carácter sincrónico, sobrevenidas a causa de Dios sabe si la rotación lunar, este 23-J el Reino Unido reducirá a un acto fortuito y fugaz de un día de duración, el esfuerzo de casi medio siglo de consensos y discrepancias, de cohesión y bienestar social, de acuerdos comerciales y de apertura económica; de democracia y equiparación de derechos entre ciudadanos pertenecientes a lo que ya son 28 países.

Un Referéndum que se presenta como un acto de libre decisión democrática supuestamente amparado en la libre determinación de la ciudadanía, que sin embargo puede llegar a privar a millones de jóvenes y menores de edad para votar, de las ventajas derivadas de formar parte de un ámbito territorial donde la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas es una realidad a lo largo de un marco tan amplio y tan diverso de donde las diferencias culturas y económicas se disipan a la cooperación mutua y a la Unión de más de 500 millones de personas.

The Observer

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Como conclusión, más allá de Inglaterra, los populismos de izquierdas y de derechas, los propios Estados Nacionales y sus representantes políticos parasitan y actúan dentro de las Instituciones condicionando su transparencia en mayor medida que cualquier otro Lobby, impidiendo su evolución y convirtiendo a la UE en una especie de monstruo burocrático paraestatal que hace las delicias electorales del populismo euroescéptico.

Mientras, las encuestas sobre relativas al Brexit se tambalean con resultados muy ajustados para ambas opciones, y Europa y su legitimidad democrática corren el riesgo de convertirse en rehenes, secuestrados por los enemigos de lo que el filósofo Karl Popper llamó en su día “la sociedad abierta”.

Artículo realizado por: J. L. Maíz