Tony Bellew: Rocky por un día

Algunas veces los eventos deportivos son más de lo que pueden parecer. El ascenso a la élite en ciertas ocasiones es más que un simple triunfo ante tu rival. De vez en cuando la mística, o el simple devenir de los acontecimiento transforman una victoria en algo más que eso. Y eso fue lo que sucedió el pasado domingo día 29. Goodison Park(estadio en el que habitualmente juega el Everton) acogió una velada de boxeo. Pero no una más, el título escogido para la cartelera fue Real Life Rocky Story. El propio nombre ya daba una idea de lo que buscaban los organizadores, pero la realidad igualó, si es que no logró superar, a la ficción.

En el combate estelar que ponía en disputa el título mundial del peso crucero del Consejo Mundial de Boxeo tomó parte Tony Bellew, un buen púgil inglés que seguramente no suene de mucho a aquellos que no siguen el noble arte, pero puede que a la mayoría les resulte más familiar el nombre ‘Ricky Conlan’, el rival de Adonis Creed en la última entrega de la saga Rocky. Como a estas alturas ya se puede deducir, Bellew fue el encargado de encarnar en el celuloide al rival de Adonis Creed. Y los que hayan visto la película recordarán donde se celebraba la gran pelea entre ambos protagonistas. Pues sí, en Goodison Park.

Es evidente que no existen las casualidades y que la promotora de Bellew supo aprovechar el tirón de la cinta para aumentar la expectación del pleito. El plan era sencillo, aprovechar un magnifico escenario y sacar réditos de una buena historia para lograr una gran entrada, sin olvidar la importancia de captar la atención mediática. Dicho y hecho, Sky Sports emitió en directo la velada y unas 15.000 personas asistieron a verla en directo. Un éxito rotundo que tuvo su gran broche en el duelo estelar.

 El sueño se hacía real y Bellew se transformaba en campeón del mundo

Tony Bellew contra Ilunga Makabu. ©Zimbio

Tony Bellew alza su cinturón de campeón del mundo | ©zimbio

Porque en el ring se termina el guión y comienza la realidad. No importa cuánto planifique el organizador, ni la publicidad del evento, dentro de las 16 cuerdas solo quedan dos hombres que luchan por vencer. Y aquí fue donde Bellew emuló al héroe de las carteleras y transformó una gran promoción en un evento para recordar. Su pelea ante el congoleño Ilunga ‘Junior’ Makabu fue digna de un buen guión de Hollywood. En primer lugar, el británico no partía como favorito. Además, para afrontar este duelo, Tony tuvo que subir dos categorías de su peso habitual (del semipesado al crucero). Pero, por encima de todo, la mayor dificultad que tuvo que enfrentar era el nível de su rival: un púgil fuerte, rápido y con buena técnica. Bien es cierto que casi todos los análisis coincidían en que no era descartable la sorpresa, pero que el favoritismo debía recaer sobre el africano.

El primer asalto de la contienda no hizo más que demostrar que no iba a ser un camino de rosas. Bellew quiso llevar el peso del combate, buscó lanzar más combinaciones y arrinconar a su rival en las cuerdas. Mientras que Makabu se contentó con esperar su momento, supo defenderse de forma acertada de las acometidas e intentó conectar sus contraataques en el momento preciso. Dicho y hecho, su plan encontró premio cuando apenas restaban diez segundos para el tañido de la campana. Una zurda impecable derribaba a Bellew que incluso dio una voltereta hacía atrás en su caída, en parte debido a la sorpresa y en parte por la fuerza del puño. Solo el fin del asalto pudo evitar males mayores. El publico ya se temía lo peor ante lo sucedido al púgil local que podía salir derrotado antes de haber tenido tiempo de mostrar sus puntos fuertes. Pero una de las máximas del bóxeo dicta que ganar una batalla no es lo mismo que ganar la guerra. Y en cada combate se disputan tantas como asaltos: en los doce en los que estaba pactado el choque, podía pasar de todo.

El segundo round mantuvo un guión parecido, el boxeador local siguió buscando presionar a su rival y conectó algunas manos interesantes. Mientras que Makabu no modificó su estrategia, sabía que iba por delante y que podía finiquitar a su oponente si lograba otra buena contra. Pero en el tercero sucedió lo inesperado. Bellew logró que sus puños fueran haciendo mella en su adversario. Cerca del ecuador del round uno de ellos dañó a Makabu que tuvo que buscar protección en las cuerdas, pero no fue suficiente para evitar las acometidas que le llegaban, sin dejar llevarse por la emoción del momento, Bellew lanzó un repertorio de impactos bien dirigidos que minaron la resistencia del congoleño. La guinda al pastel fue un croché de izquierda que obligó al arbitro a detener la contienda. El sueño se hacía real y Bellew se transformaba en campeón del mundo. Lo hizo de una forma realmente difícil de predecir, con una remontada inesperada y sellando el triunfo con un golpe espectacular. Más que eso logró el sueño de coronarse como campeón en el estadio en el que juega su equipo. Pero por encima de todo y aunque fuera solo por una noche, Tony Bellew logró emular la leyenda de Rocky.