Libros para aprender sobre política

“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.

Miguel de Unamuno

Al igual que le ocurría a Unamuno, muchos libros acaban causando en nosotros un cambio mucho más que momentáneo. Esperar esa sensación es lo mínimo que se le puede exigir. Sin embargo, de una forma mucho más inconsciente, nos acaban entregando conocimientos que explican procesos de nuestro día a día. La ciencia ficción ha resuelto muchos más pactos de los que España ha vivido en los últimos meses. Entre sus historias fantásticas se ocultan muchas de las respuestas que las matemáticas no parecen conseguir en la realidad. En Compostimes, hemos seleccionado cinco libros que nos enseñan otra forma de entender la política, mucho más apropiada que nuestros propios informativos.

‘FUNDACIÓN’, Isaac Asimov (Adrián Lijó)

¿Y si mezclamos política, ciencia, historia, economía, sociología, ficción, religión y psicología? Tendremos una novela que, más allá de ser referencia única de la ciencia ficción escrita por el mejor novelista del género, nos traslada como espectadores a disfrutar, entender y aprender cómo funciona el poder. El poder representado en todas sus facetas posibles: desde alcaldes hasta comerciantes, pasando por curas y emperadores. Ambición, conciencia social y guerra. Viajamos a un futuro donde el universo está conquistado y el imperio galáctico llega a su fin, y la pregunta que se hace el libro no es: ¿Cómo impedimos que este sistema caiga?, sino ¿cómo hacemos que el sistema se restaure lo antes posible, una vez que haya caído? Hasta nos trae una hipótetica nueva ciencia, la psicohistoria, capaz de establecer mediante las matemáticas las probabilidades de los acontecimientos futuros. Si no te gusta la ciencia ficción disfrutarás de esta obra maestra de Asimov, y si te gusta… leerla será mejor que un orgasmo.

‘TIEMPOS DIFÍCILES’, Charles Dickens (Marta R. Suárez)

En esta novela se muestra el poder que la anulación del sentido crítico tiene sobre nuestra voluntad y nuestro pensamiento. Sobre nuestra forma de ver la vida y la política. Se hace especial énfasis en la educación como arma para generar curiosidad y no sólo como mera herramienta que obliga a memorizar conocimientos que se dan como objetivamente verdaderos con una intención clara. Louisa piensa lo que le dicen y, a veces, si no le dicen cómo no sabe pensar. “Son los icebergs errantes, los que se dejan llevar por cualquier corriente, los que hunden barcos”, reza Dickens. Y con su relato nos advierte del peligro de crear una sociedad abúlica y manejable. Por eso se ubica su historia en una ciudad industrial de la Inglaterra victoriana. Marca las diferencias entre los poderosos y el rebaño que los sigue sin cuestionamientos ni críticas. Para la reflexión.

‘ALGO VA MAL’, Tony Judt (Andrea Oca Domínguez)

El escritor británico deja claro desde el principio que la historia es cíclica y que, si queremos avanzar superando los errores ya cometidos, no podemos descuidar el análisis del pasado. Nos traslada al contexto social posterior a la Segunda Guerra Mundial para hablarnos de problemas del momento como el desempleo o la situación de los campesinos. Introduce el que es el gran debate del siglo pasado y del actual: el papel del mercado en la regulación económica. Judt defiende la política socialdemócrata aportando datos y argumentos sólidos que, se esté o no de acuerdo, hacen reflexionar sobre este modelo político. Finaliza con una defensa feroz de lo público y la colectividad, donde el papel de un Estado que garantice los recursos sociales lleva al bienestar común.

“La libertad es la libertad. Pero si conduce a la desigualdad, la pobreza y el cinismo, deberíamos decirlo con claridad en vez de ocultarlo bajo la alfombra en nombre del triunfo de la libertad sobre la opresión”.

‘EL DISPUTADO VOTO DEL SEÑOR CAYO’, Miguel Delibes (Marta R. Suárez)

Con la sencillez de lo auténtico. Así es la lección de política que impacta, como un golpe imprevisto, para agitarnos la cabeza. Y las ideas. Delibes sitúa en la efervescencia política de la Transición un relato en el que varios jóvenes urbanitas buscan votos por los pueblos. Se encuentran con Don Cayo, un hombre de campo que les hace recuperar un poco de su humildad perdida. Llenos de prejuicios acuden a convencer a un viejo de pueblo que probablemente nada entienda de política. Y ese es el error, el subestimar al otro, el pensar que la política está alejada del día a día y, en fin, de la vida. También en olvidar que los jóvenes universitarios lo son por las manos cansadas de sus antepasados, a quienes deben lo que son. Pensar que la política es un elixir sólo digerible por unos cuantos iluminados es el error. Curar la arrogancia, la solución.

‘HISTORIA DE DOS CIUDADES’, Charles Dickens (Alberto Losada)

Es fácil reconocer cierto recelo hacia los franceses en las obras de Charles Dickens. No sorprende por tanto que en ‘Historia de dos Ciudades’ realice una crítica comparación entre la ordenada y sobria ciudad de Londres frente a la caótica París inmersa en plena revolución. La historia se centra en una joven inglesa llamada Lucie Manette que viaja a Francia para encontrarse con su padre, un médico francés recién salido de prisión. En esta primera visita al París prerrevolucionario la novela presenta de forma introductoria los últimos coletazos del absolutismo francés, en el que la nobleza no repara en excesos mientras el pueblo llano pasa hambre y conspira contra los poderosos. El inevitable conflicto social estalla con el asalto a la Bastilla que da inicio al periodo conocido en Francia como El Terror. Es entonces cuando la familia Manette (tras su plácida estancia en Londres) ha de regresar a un París dominado por Madame Guillotine. Significado político: Dickens compara dos grupos sociales enfrentados en un contexto histórico decisivo. El planteamiento inicial pretende explicar las acciones revolucionarias bajo los principios de igualdad y justicia dando a entender que su lucha defiende una causa noble. Cuando los republicanos acceden al poder este escenario cambia de forma drástica: la justicia parece haber sido relevada a un segundo plano y el sentimiento de venganza desencadena terribles actos de represión que no escatiman en crueldad. La obra muestra que en una sociedad dividida por heridas profundas los actos revolucionarios corren el peligro de desencadenar olas de violencia injustificada.