¿#FashionVictims o #FashionOpportunities?

El famoso hashtag que titula este artículo fue trending topic hace apenas unas horas debido al reportaje de Jordi Évole sobre la explotación laboral de las multinacionales en Camboya. Las reflexiones que hace Évole son interesantes e incitan reflexiones profundas sobre nuestro sistema productivo global. Deja entrever que estos trabajadores tienen condiciones paupérrimas, y que en el caso de Inditex el haber trasladado la producción a estos países ha sido dañino para España. Pero hay ciertos aspectos del análisis de Évole que resultan superficiales y sobre los que quiero entrar más a fondo. Porque lo que en apariencia es una cosa, puede acabar siendo otra muy diferente.

No hay evidencia sistemática que demuestre que, en general, las empresas multinacionales afecten adversamente a los trabajadores

Pensemos en la cuestión a priori y analicemos los diferentes efectos que están en juego. ¿Por qué iba una multinacional a ofrecer salarios paupérrimos y condiciones infernales? La respuesta es obvia: así reducen los costes, aumentan los márgenes y maximizan los beneficios. De hecho, esto podría ser el determinante de la inversión en el lugar: “movemos la empresa a donde nos cueste menos”. Pero ese no es el único escenario teórico posible. Una multinacional podría también ofrecer salarios superiores o mejores condiciones para así poder atraer a los trabajadores más productivos del sector, ya que de todas formas siguen siendo baratos. También, dado que las inversiones suelen ser elevadas y conllevan riesgos, podrían buscar estabilidad y seguridad legal, que suelen venir con mejores condiciones laborales. Por tanto, a priori podríamos tener ambos efectos opuestos. La multinacional como explotadora salvaje y la multinacional que va más allá de la mecánica simple de “salarios bajos = más beneficios”. La pregunta, en realidad, es cuál de estos dos efectos domina al otro en el mundo real. Le pido al lector que deje sus prejuicios de lado por unos minutos y que medite conmigo sobre estas otras cuestiones: ¿Generan las multinacionales un efecto negativo sobre sus trabajadores (es decir, los explotan)? ¿Cuál hubiera sido la alternativa para ese trabajador de no existir la multinacional? ¿Si trajésemos las fábricas a nuestros países ellos estarían mejor?

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Porcentaje de población en diferentes niveles de pobreza. ©Banco Mundial.

Y ahora que las cuestiones claras quedan claras, vayámonos a los datos. La evidencia sobre el tema es bastante consistente. Los expertos Drusilla K. Brown, Alan V. Deardorff, y Robert M. Stern analizan el grueso de la evidencia sobre este tema y concluyen que “no hay evidencia sistemática que demuestre que, en general, las empresas multinacionales afecten adversamente a los trabajadores, provean incentivos para empeorar las condiciones laborales, paguen menores salarios que los trabajos alternativos o repriman los derechos laborales. De hecho, hay un gran conjunto de evidencia empírica que apunta a lo contrario (…) aumentando los salarios gracias a una mayor productividad y a un aumento en la escala productiva, que en el proceso mejora las condiciones laborales”.  También afirman que la inversión extranjera directa está relacionada positivamente con el porcentaje de sindicación y negativamente con un índice de trabajo infantil. De hecho, las multinacionales pagan de media el doble que el salario local en los países pobres. Los trabajadores vietnamitas en fábricas de ropa y calzado están en el top 20% de la población que más gastan a nivel familiar. En las fábricas subcontratadas por Nike en el año 2000, el salario anual es entre tres y cinco veces el salario mínimo. Esto no quiere decir que puedan existir casos flagrantes de violación de derechos humanos. Obviamente siempre es deseable que los controles para que casos claramente inhumanos e ilegales no se den sean mayores y más estrictos. Pero no podemos hacer de la excepción la regla.

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PIB per cápita en países seleccionados. ©Banco Mundial.

Y es que no todo se queda dentro de los trabajadores de estas empresas. Es un hecho que la pobreza a nivel mundial se está reduciendo a pasos agigantados (en parte gracias a la globalización), y eso incluye a la propia Camboya que aparece en el reportaje de Évole y a otros países famosos por producir ropa y calzado. Esos mayores salarios se traducen en mayor gasto, demanda y desarrollo. Si nos trajésemos las fábricas de vuelta estaríamos privando a esos trabajadores de la oportunidad de que el futuro sea mejor que su presente. Es cierto que ahora mismo su situación es mejorable -siempre lo es-, pero es claramente superior a la de hace treinta años, cosa que se debe en gran parte a esto.

Porcentaje de la población en situación de pobreza en Camboya. ©”Where Have All the Poor Gone? Cambodia Poverty Assessment 2013,” World Bank.

Nos gustaría que todo el mundo fuese tan rico y tuviera las mismas oportunidades que nosotros. Pero por desgracia hacerlo es mucho más difícil de lo que parece. Los pasos en pos del progreso son pequeños, tortuosos y están llenos de tropiezos. No existe una solución universal -los economistas llevan discutiendo sobre el tema décadas- y eso nos duele. Y eso es normal. Pero antes de clamar al cielo ante la mínima injusticia percibida es necesario reflexionar sobre las consecuencias del mundo que tenemos delante. El mundo no es perfecto, y no todas nuestras buenas intenciones tienen las consecuencias que deseamos. Por eso conviene que a la hora de hacer un análisis de un tema complejo como es este miremos los datos y la evidencia que nos aportan los expertos y no nos limitemos a la evidencia anecdótica. Porque quizá lo que en superficie sea una #FashionVictim en realidad sean #FashionOpportunities.

Nota del autor: en este artículo hago referencia a lo que nos dicen los datos en agregado. Obviamente podría haber alguna historia que nos indicase lo contrario -por ejemplo, la presencia de trabajo infantil-, pero esta resulta anecdótica, de la misma forma que no extrapolamos al mercado laboral de nuestro país que haya algún empresario explotando a inmigrantes sin papeles. Hablo de la situación para la mayoría de estos trabajadores.

Fotografía de portada: ©Theslowcatwalk.