¿Por qué el carnaval de Viana?

Para los que conocen pero no comprenden

Si un pueblo existe es gracias a la pervivencia de sus costumbres, o, en otras palabras, a los esfuerzos de varias generaciones por no perder algo considerado importante. Esto no quiere decir que todo lo de antaño sea necesariamente bueno. A mi juicio, apelar a la ancestralidad no es una razón legítima para defender una tradición, como tampoco los juicios superficiales son suficientes para condenarla.

No obstante, sí que me parece necesario preservar las tradiciones auténticas, aquellas que despiertan el fervor popular, aquellas que no se convierten en puras campañas de marketing ni de causas políticas, aquellas que llegan de otra época sin haber perdido sus señas de identidad. En resumidas cuentas: aquellas que conservan su autonomía y sus valores en una época tan mercantilizada y escéptica como la nuestra. Uno de estos casos es el carnaval de la comarca ourensana de Viana do Bolo, en la que persiste el aura genuina del entrudio ―denominación antigua, propia de la zona, para designar al carnaval―.

Se encuentran, omnipresentes, la burla, el jaleo y la rebeldía

El entrudio no se compone de una suma de elementos aislados como puedan ser el fulión, los boteiros, la harina, la mula o los lardeiros, sino que todas ellas son manifestaciones de un sentir común, lleno de ilusión y vitalismo. Por ello, el carnaval no es solamente lo que se hace, sino también todo cuanto lo rodea. Así, por un lado, concierne a la identidad, entendiendo el fulión como un himno y los boteiros como embajadores; por otro, implica superstición, ya que a través de la harina se procura despertar la prosperidad y la buenandanza. Más allá se encuentran, omnipresentes, la burla, el jaleo y la rebeldía que reina en estas jornadas; y, asimismo, como en toda fiesta popular, los ritos carnavalescos se suceden al amparo de la hospitalidad de los anfitriones para con los huéspedes, buscando siempre la fraternidad y el entendimiento.

Boteiros de Viana, con el fulión al fondo ǀ © Mª Ángeles Bembibre

Boteiros de Viana, con el fulión al fondo ǀ © Mª Ángeles Bembibre

Consideraba Hemingway, en su ‘Teoría del iceberg’, que las novelas y los relatos nunca deben revelar todo, sino que, deliberadamente, deben conservar una parte oculta para que en esa laguna opere la elocuencia tácita del misterio. Yo, cuando contemplo a la gente de fuera que viene a disfrutar del carnaval, lamento que se queden tan solo con la punta del iceberg cuando, en realidad, lo visible es una parte ínfima respecto a todo lo que es el carnaval de Viana. ¡Qué razón tenía aquel que dijo que lo esencial es invisible para los ojos!

Fotografía de portada: © mgfotoletrasgaliza.blogspot.com.es