Scream Queens: cómo reírse de todo

Para ver a adolescentes asesinados por un psicópata disfrazado puedo ver cualquier slasher, pensé. Hay mucho donde escoger como para tener que ponerme a ver una serie que fusila el género tan descaradamente y que además tiene como protagonista a Emma Roberts. Pero cuando leí que en Scream Queens podía ver a un asesino vestido de mascota de equipo de fútbol descabezar con un cortacésped a una wannabe de Taylor Swift sorda, me tuve que tragar mis palabras. Esa serie era para mi.

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Algo terrible tuvo que pasar en el rodaje de Glee para explicar las producciones posteriores de Ryan Murphy y Brad Falchuk, sus creadores. Esas escalas y arpegios, felicidad e hipercorrección pueden perturbar a cualquiera, pero algo extra tuvo que haber para que lo siguiente que hiciesen Murphy y Falchuk fuera American Horror Story, seguido de Scream Queens. Series que dan una imagen más turbia del ser humano y que salpican.

Scream Queens (creada por Falchuk, Murphy e Ian Brennan) toma el género slasher, lo fusila, lo parodia y lo homenajea. En 1995 una integrante de la hermandad Kappa Kappa Tau muere dando a luz en una fiesta. Veinte años después un asesino, el Diablo Rojo, empieza a cargarse a toda Kappa que se le ponga a tiro. Puede deberse a que su presidenta, Chanel, sea el mal vestido de ídem, pero todo apunta a que el parto en el 95 tuvo algo que ver.

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Lo mejor de Scream Queens es su capacidad de reírse de todo. La serie es capaz de generar y mantener un misterio, de hacer que nos preguntemos quién es el asesino y cambiar de apuesta cinco veces por episodio. Pero es una sátira hacia hermandades, universidad (a través del genial papel de la Decana Munsch, interpretado por una también genial Jamie Lee Curtis), los millennials, las películas de terror, los noventa, todo. No deja títere con cabeza. Literalmente.

En Scream Queens Falchuk, Brennan y Murphy nos invitan a bajar al sótano del ser humano: hacen una serie protagonizada por sociópatas con los que nos sentimos muy identificados, recordándonos que el asesino podría ser cualquiera de nosotros. La única persona medianamente decente de la serie, Grace, es a la que más ganas tenemos de ver colgada de sus intestinos. Entre las risas, Scream Queens nos dice que nosotros también somos personas terribles, invitándonos a un poco de reflexión.

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Pero la serie consigue que lleguemos a esta reflexión siendo tan frívola como es: sin necesidad de discursos moralistas ni otro método que sátira pura y dura. Por eso cuando se intenta poner seria y mostrar que hay cosas que no están bien y que hay que cambiar el mundo, el resultado no es bueno. Son diálogos que resultan forzados, que no encajan con el conjunto y que cuesta tomarse en serio. El mensaje que la serie quiere dar queda claro sin necesidad de hacerlo tan explícito.

Parte del encanto de la serie es lo absurdo de sus diálogos, decisiones tomadas por los personajes y situaciones: todo resulta exagerado para llevarnos a pensar que cualquiera puede ser el asesino. El desarrollo de algunas de las tramas es absolutamente demencial. Pero el hacer tan obvio que sea una parodia es lo que le da a la serie su estilo.

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El estilo visual de Scream Queens es otro de sus puntos fuertes, desde sus estilismos y localizaciones a las escenas más sangrientas, que casi salpican, como sus creadores nos tenían acostumbrados en American Horror Story.

Scream Queens nos tiene entre la tensión, el asco, la risa y el pringue. Es una serie que con su frivolidad consigue llevarnos a reflexionar, y que es capaz de burlarse de todo, sobre todo de sí misma.