Faltar al respeto al fútbol

La situación del Chelsea en esta temporada 2015/16 es completamente bochornosa. El vigente campeón de la Premier League, probablemente la liga de fútbol más prestigiosa del planeta, se encuentra decimosexto en la tabla clasificatoria prácticamente al término de la primera vuelta, a un único punto de los puestos de descenso que marca un recién ascendido como el Norwich City y a la friolera de 20 puntos del líder, el sorprendente Leicester City de Claudio Ranieri.

Lo curioso en este caso es que la situación del equipo londinense no parte de lo deportivo. Los resultados del equipo, a saber, cuatro victorias, tres empates y nueve derrotas en dieciséis partidos disputados, son producto de la tensión interna que se vive en la entidad, a nivel de relación entre futbolistas y el que, hasta ayer, era el entrenador del equipo. Sorprenderá a pocos que el susodicho no fuese otro que el portugués José Mourinho. Después de una temporada de éxitos relativos en la que el equipo se proclamó campeón de la competición liguera pero patinó tanto en Champions como en la FA Cup, el ambiente ha explotado en este nuevo año.

El papel mediático de Mourinho ha seguido dejando mucho que desear | ©Telegraph.

El papel mediático de Mourinho ha seguido dejando mucho que desear | ©Telegraph.

Tampoco le falta tono llamativo al hecho de que el equipo, sin embargo, haya conseguido clasificarse como líder de su grupo en Champions League, pese a que su grupo estuviese compuesto por tres equipos débiles como Oporto, Dynamo de Kiev y Maccabi Tel-Aviv. Después de sufrir para clasificarse, a Mourinho aún le sobró tiempo para faltar de nuevo al respeto a Iker Casillas, ahora meta del equipo portugués, señalando que “ahora podrá ganar la única competición que le falta: la Europa League”, con su habitual tono sarcástico.

Las continuas faltas de respeto de Mourinho llegaron a una plantilla que, desde agosto, se ha empeñado en mostrar tanta o menos profesionalidad como su técnico. El equipo ha mostrado, partido tras partido, una actitud completamente lamentable buscando provocar el despido forzado del entrenador, el cual ha terminado por llegar tras caer en la jornada dieciséis ante el Leicester por dos goles a uno. Para cualquier aficionado del equipo o mismamente del fútbol, ver un partido de los dieciséis disputados en la Premier este año por el Chelsea servirá para evidenciar esta situación.

Diego Costa se ha dejado llevar física y futbolísticamente hablando | ©Baobongda.

Diego Costa se ha dejado llevar física y futbolísticamente hablando | ©Baobongda.

Sin embargo, la cosa va más allá. Y es que el bochorno de la actitud del equipo ha llevado a que su incompetencia haya desaparecido por momentos, particularmente en aquellos en los que la credibilidad aparente y económica del club se ven puestas en entredicho. En enfrentamientos directos con grandes equipos, como por ejemplo Arsenal o Tottenham, al Chelsea no le ha costado apenas esfuerzo competir e incluso ganar. Lo mismo ocurrió cuando necesitaron clasificarse a octavos de final de la UEFA Champions League ante la posibilidad de hacer un ridículo histórico y perder todo el dinero que supone quedarse fuera de las eliminatorias europeas.

La reflexión única que se puede extraer de un equipo que ha mostrado una actitud tan irreverente e inexplicable sobre el césped como se puede comprobar en la actitud de Diego Costa durante toda la temporada, es que no han titubeado a la hora de reírse de sus aficionados. A la hora de faltar el respeto al fútbol. Formando parte de una actividad profesional en la cual cientos de equipos se parten la espalda cada fin de semana para hacer honor a su profesión y sobrevivir económicamente, el Chelsea ha aprovechado su acaudalado margen de maniobra para hacer el más completo ridículo. Uno de tantos en la carrera como técnico de José Mourinho y otro en la gestión de Roman Abramovich.