A la caza de Mou

El ser humano, en un acto de simpleza absoluta y de carencia intelectual, ha desarrollado la nociva tendencia de tratar de clasificarlo todo. En nuestro afán por taxanomizar, a veces cometemos el error de catalogar cosas cuya complejidad propia hace incatalogables. Supongo, forma parte de la obsesiva necesidad que tenemos de organizar las cosas, de tenerlas bajo control . Tenemos la habitual manía de dividir las cosas, pues, en dos grupos. Ese típico ‘blanco y negro’ que esconde bajo su manto la más absoluta perversión y que oculta toda una variopinta escala de grises. Los ejemplos son profusos y observables en diversos ámbitos de la vida humana.

En el mundo del fútbol sucede un poco lo mismo. La prensa deportiva española, pérfida como ella sola, construye conflictos para crear partes enfrentadas, instigan la confrontación entre grupos y forman corrientes de opinión en función de sus intereses. En un ejercicio de ávida desinformación, buscan crear elementos opuestos que incentiven el sensacionalismo preponderante en el periodismo deportivo.

Así, en los últimos años podemos ver una clara tendencia a crear héroes y villanos en el planeta futbolístico. Una de las figuras más desdibujadas y atacadas es la del entrenador portugués José Mourinho, cuyo paso por el Real Madrid le sirvió para ganarse unos cuantos enemigos. La relación del técnico portugués con los periodistas deportivos españoles distó mucho de ser ideal, e incluso ahora, dos años después de que Mourinho abandonase la capital, los ataques hacia su persona son frecuentes y desmedidos. El actual entrenador del Chelsea generó una absoluta aversión en el colectivo de periodistas deportivos españoles, con Manolo Lama, que le calificó de asesino, como principal exponente del movimiento.

La prensa deportiva crea héroes y villanos en función de sus intereses, con el objetivo de formar corrientes de opinión. Uno de los villanos por excelencia en el fútbol actual es José Mourinho

Mourinho, El Villano, está pasando por uno de sus peores momentos de su carrera como entrenador. El Chelsea deambula por la zona baja de la tabla, en decimoquinta posición, y las sensaciones que está transmitiendo su juego son nefastas, por lo que lógicamente el entrenador está en la cuerda floja. En este momento, claro, las críticas por parte de los periodistas españoles se intensifican. Ayer mismo, por ejemplo, en una columna de opinión del diario El País se decía lo siguiente: “Mourinho es un personaje indigno y llorón con un narcisismo infantil tan avanzado que carece de la capacidad para comprender que hace el ridículo frente a todos aquellos que han logrado llegar a un mínimo de madurez emocional”. La redacción, de un rigor periodístico bastante cuestionable, no es un caso aislado: la prensa deportiva española odia a José Mourinho, con una fuerza obsesiva y casi preocupante. La opinión pública sobre The Special One no difiere demasiado con respecto a la de los periodistas. Una ojeada rápida a los comentarios de usuarios en varios medios de prensa online es suficiente para comprobarlo: ser despreciable, incompetente, engreído o barriobajero son algunas de las lindezas con las que tildan al entrenador del Chelsea. No seré yo el que proponga al bueno de Mou como candidato al Nobel de la Paz, pero es indignante ver el linchamiento público al que se ve sometido de forma constante.

Es también innegable que Mourinho es un entrenador que siempre ha demostrado, allá donde ha estado, un compromiso encomiable con el club para el que trabaja. Defiende a sus jugadores ante las críticas externas, pero no tiene ningún reparo en señalar a quien no está demostrando una actitud óptima. Así, en la presente temporada, tras una derrota, afirmó no estar contento con el desempeño de siete de sus jugadores titulares, aclarando también que no estaba contento de la labor que estaba realizando él mismo. Los titulares en España, sin embargo, presentaban una realidad muy diferente: “Mourinho culpa de los malos resultados a los jugadores”. Puro sensacionalismo con la intención de generar todavía más odio hacia el entrenador portugués.

Las noticias relacionadas con el entrenador del Chelsea en la prensa española tienden habitualmente al sensacionalismo y a presentar una imagen negativa de él

Durante su estancia en el Real Madrid, el suceso que puso definitivamente a los periodistas españoles en su contra fue el conflicto entre el técnico e Iker Casillas. El guardameta, que durante años fue uno de los mejores del mundo en su puesto, sino el mejor, no supo aceptar su evidente declive, al igual que no lo supieron aceptar los periodistas españoles. Mourinho, a quien no le tiembla el pulso a la hora de sentar a leyendas, dio un toque de atención al portero, pues consideraba que no se estaba esforzando lo suficiente. Ahí estalló todo, el portugués fue declarado persona non grata y cambió Madrid por Londres. La distancia, como ya se ha dicho, no fue suficiente para calmar las aguas, y la caza de Mou se convirtió en una de las actividades favoritas de ese grupo de privilegiados pseudo-periodistas. Cualquier episodio medianamente conflictivo era una excusa perfecta para atacar impunemente al de Setúbal y corroborar así esa imagen demoníaca que nos venden de él.

José Mourinho, evidentemente, ha cometido errores graves, como el incidente con Tito Vilanova u otras salidas de tono que han estado fuera de lugar. Pero no es el monstruo que nos intentan vender, no es un ser vil y despreciable al que sólo le importa él mismo. Se dice de Mou que destrozó al Real Madrid, y si bien la época en la que el portugués se sentó en el banquillo del Santiago Bernabeu fue convulsa, no es justo culpabilizarle exclusivamente a él. José Mourinho deja huella allí por donde pasa: en el Oporto, en el Inter y en el Chelsea le tienen en un pedestal. En Madrid, fue víctima de la presión que ejercieron aquellos que no compartían su forma de ver el fútbol. La caza no parece tener fin.

Fotografía de portada: Ⓒ The Guardian