Las cosas buenas acaban por llegar

Dicen que Lombardía siempre llega tarde. Le gusta esconderse al final del calendario, acicalándose, quizás para buscar el lugar exacto de la subida decisiva o para preparar las mejores vistas del lago de Como. Son sus cosas, pero cuando las hojas caen aparece con todo su esplendor. Muy tarde para los que no han dado ni un respiro a sus piernas durante el año, pero en el momento justo de los que saben guardarse una bala para el último duelo de la temporada. Porque aunque llegue tarde, pocas victorias saben mejor que las que se consiguen en este Monumento. Quizás, porque las cosas que se retrasan son las acaban llegando con más fuerza.

Lombardía es una carrera especial. Por su categoría y por sus fechas, ya que estamos ante la última oportunidad del año

A Lombardía le han quitado el “Giro” y lo han dejado en “Il Lombardía”, pero por suerte no le han quitado un recorrido atractivo, un kilometraje perfecto y toda su emoción. Tampoco esa sensación de oportunidad, de aferrarnos a las últimas pedaladas al máximo nivel que podremos disfrutar hasta enero o de intentar despedir la temporada con una sonrisa y no con un regusto amargo. En general, de dejar tu sello en un libro que se está a punto de cerrar. Eso todo es Lombardía. Y más si al cóctel se apuntan ciclistas valientes.

Ciclistas a los que les gusta atacar de lejos y que son capaces de olvidarse del maldito pinganillo. Que pueden llegar al Tour de Francia con el maillot amarillo de la última edición y que no se van a casa después de la primera minutada. Esos que resisten, que atacan y que se llevan una victoria menor aunque sea por la épica. Ciclistas que fallan, a lo grande, pero que reconocen sus errores antes que nadie. Y sobre todo ciclistas que son capaces de atacar en todos los terrenos.

Nibali levanta los brazos en la meta de Lombardía - ©Cyclingstips

Nibali levanta los brazos en la meta de Lombardía – ©Cyclingtips

Corredores como Vicenzo Nibali. Ganador de las tres grandes, aspirante eterno en primavera y vencedor por fin en otoño. En una de sus carreras, que llevaba mucho tiempo persiguiendo y que consigue cuando más falta le hacía. Tras una temporada casi en blanco, cuestionado por el manager de su equipo y con otro compatriota pisando más fuerte que nunca. Por eso el Tiburón de Mesina atacó hasta la extenuación y demostró que las subidas son tan importantes como las bajadas. Allí forjó su victoria, en el penúltimo descenso antes de llegar a Como, la ciudad donde recuperó la sonrisa camuflada entre sus lágrimas de alegría. Antes levantó los brazos con rabia, mientras una bandera italiana de plástico se enganchaba en su maillot de campeón nacional. Esa bandera, procedente del público, sí que tenía los colores en su sitio, no como la de su maillot. Justicia poética porque por fin todo volvía a su sitio en el entorno del “Tiburón”.

Ganar aquí es acabar la temporada con una sonrisa. Y si no que se lo pregunten a Vicenzo Nibali

El pódium lo completaron dos ciclistas a los que el éxito este año también les ha llegado tarde: Dani Moreno y Thibaut Pinot. El primero buscará en Movistar el reconocimiento que en Katusha no encontró y el segundo buscará triunfar en Francia, en su casa, allá por el mes de julio para no tener que recuperar en septiembre. Cuarto llegó Valverde, con calambres y sin fuerzas, pero con lo justo para darle a su equipo una clasificación simbólica por tercer año consecutivo. Esa que entrega la UCI y que es tan prestigiosa para algunos entendidos. Así es el ciclismo de ahora, ese donde priman premios inútiles por delante de la heroica.

Porque el ciclismo debería ser otra cosa. Algo más parecido al que hacían Gimondi, Merckx o Hinault. Palabras mayores, pero son nombres que han conseguido lo mismo que Nibali: tres vueltas grandes y el último monumento de la temporada. Ese que sirve para poner el punto y final al curso ciclista con una sonrisa, en este caso la de un italiano. Algo que no sucedía en la clásica de las hojas caídas desde el año 2008, en la única edición de las últimas diez donde un español no pisó el pódium. Esto es “Il Lombardía”, o como la quieran llamar, esa carrera que tarda en llegar pero que siempre llega a lo grande. Y así tiene que ser. Porque si las cosas se retrasan acabarán llegando con más fuerza. Y si dudan de esta afirmación, háganle esa pregunta a Vicenzo Nibali.