La no-mejor liga del mundo

Dos semanas han transcurrido desde que el Valencia superó la última ronda previa a la fase de grupos de la Champions League, máxima competición del panorama futbolístico europeo. La clasificación de los chés suponía que cinco equipos españoles disputarían dicho campeonato, una cifra jamás alcanzada por ningún otro país anteriormente, y que servía para constatar la posición dominante que ocupa el fútbol nacional en el ámbito continental.

Apresurados y con urgencia desmedida, gran parte de los medios de comunicación tildaron el momento de histórico, con esa costumbre suya tan absurda y frecuente de hiperbolizar todo suceso acontecido. Además, se aprovechó la ocasión para tratar de fortalecer con tono vigoroso el espíritu patrio, apropiándose de los méritos ajenos usando esa dolorosa e irritante primera persona del plural cuando alguien con quien compartes ámbito geográfico consigue un determinado éxito.

Y como errar en la perspectiva se ha convertido ya en deporte de masas, allí fue ésta, agitándose frenéticamente, a gritarle al mundo lo buenos que somos y a afirmar con severidad que la liga española es la mejor del mundo. La cuestión en sí es tan disparatada, a poco que se tengan unos escasos conocimientos sobre el tema, que cae por su propio peso. Porque es obvio, sí, que el fútbol nacional tiene a dos (o tres) de los equipos más potentes del planeta. Y tampoco es menos cierto tampoco que los dos mejores jugadores del mundo pertenecen a clubes españoles.

El buen hacer de los equipos españoles en competiciones internacionales puede dar una imagen errónea sobre la liga BBVA, que vive una época plagada de deficiencias estructurales y que no ha conseguido evolucionar a la par de otras competiciones ligueras

Lo que pasa es que hay que ir más allá de si Messi y Cristiano son muy buenos y marcan muchos goles. Que eso es sólo la superficie y bajo ella existe una oscura y vasta profundidad llena de indicios y evidencias que desarbolan absolutamente la afirmación mencionada en el párrafo superior.

Tampoco es que haya que tener un coeficiente intelectual excesivamente alto para darse cuenta de que, a la hora de entrar a valorar qué campeonato liguero es el ‘mejor’ (teniendo presente la subjetividad siempre intrínseca a este tipo de planteamientos), es necesario analizar y evaluar otro tipo de características, más allá de que en sus equipos estén los mejores futbolistas. Porque La Liga es una competición con múltiples y manifiestas deficiencias, las cuales giran mayoritariamente en torno a un eje:  unos organismos que anteponen los intereses económicos y televisivos a aquellos puramente deportivos. El fluctuante panorama futbolístico ha provocado cambios relevantes a los cuales hay que adecuarse de forma casi constante, pero mientras otros países — pocos — han sabido adaptarse a ellos, España no.

Se suele decir que las comparaciones son odiosas, y quizás sea cierto, pero si la equiparación se realiza de modo coherente, también pueden revelar datos de generoso interés. Así, lo lógico sería seleccionar todas aquellas características que tienen cierto peso específico a la hora de evaluar el nivel de una competición liguera, para posteriormente establecer un principio comparativo. En este caso emparejaremos a La Liga BBVA con la Premier League, considerada por gran parte del público como un referente desde el punto de vista organizativo. El objetivo es identificar las diferencias más destacadas para examinar de dónde derivan  y qué provocan.

Empecemos por la televisión. Los diversos canales son conscientes de la relevancia y del interés general que despierta el fútbol, por lo que la lucha por hacerse con sus derechos acostumbra a ser encarnizada. Y a su vez, la Liga de Fútbol Profesional también se percata de la colosal fuente de ingresos que está detrás de la venta de derechos de emisión. Esto es lógico y totalmente lícito, pero el caso torna en cuestionable cuando, en una lista de prioridades, el beneficio televisivo ocupa una posición anterior a los intereses deportivos de los equipos.

Esto sucedió, sin lugar a dudas, cuando la LFP tomó la decisión de llevar a cabo la dispersión horaria con el objetivo de ocupar más tiempo con fútbol. Una jornada de liga normal suele desarrollarse el viernes, el sábado, el domingo (por la mañana y por la tarde) y el lunes, y los encuentros que se disputan de forma simultánea prácticamente nunca suben de dos, lo que muchas veces resta interés y emoción. Además, la emisión es fundamentalmente de pago (después de que Movistar + se hiciese con los derechos), salvo un partido semanal que emite TVE, el cual no podrá ser nunca de equipos que disputen competición europea.

Mientras, en Inglaterra, hay un espacio reservado (los partidos del sábado a las 15:00) en el que coexisten cuatro o cinco encuentros, los cuales no pueden ser televisados en territorio británico. El motivo es que en esa franja horaria se juegan gran parte de los partidos de divisiones inferiores inglesas, por lo se decidió no emitir fútbol por televisión para instar a los aficionados a ir a animar a sus respectivos clubes.

La Premier League ha superado a La Liga en muchos aspectos: espectacularidad, asistencia a los estadios, horarios, popularidad global, recaudación…

Esto, junto a unos horarios coherentes y adaptados al estilo de vida inglés, provoca que el porcentaje de ocupación de los estadios de la Premier League se mantenga muy elevado de forma constante, lo que contribuye a transmitir una imagen positiva del campeonato, más atractiva y vibrante. Todo lo contrario a lo que sucede en España, donde los estadios que ocupan la totalidad de su aforo se cuentan con los dedos de una mano, y donde tristemente es habitual ver campos de fútbol medio vacíos, debido a que el tirón mediático es inferior, a los precios casi prohibitivos y a los infaustos horarios, que conforman un rocambolesco y caótico paisaje en el que el espectáculo deportivo es el que sale perdiendo.

Porque La Liga, otrora el campeonato liguero más seguido en el mundo, ha perdido enteros con respecto a la Barclays Premier League. Buena muestra de ello es la cantidad total que ingresa cada una de ellas por venta de derechos televisivos: mientras La Liga recibió 760 millones de euros en la temporada 2014/15, la Premier percibió 2247, casi el triple. Y eso, a pesar de que la mitad de los partidos de cada jornada en Inglaterra no se emiten, como ya se ha comentado anteriormente.

Obvia comentar la importancia de tener una fuente de suministros económicos así en el fútbol actual, pero también es relevante la forma en la cual los ingresos se distribuyen entre los diversos equipos. En España, donde la diferencia entre clubes era inmensa, se ha realizado este año una modificación con el objetivo de suavizar ese abismo, pero los cambios se antojan insuficientes. Por un lado, los equipos con menos posibilidades económicas pasarán a recibir una cantidad mayor, pero los dos gigantes nacionales (Barcelona y Real Madrid) seguirán obteniendo exactamente lo mismo que hasta ahora: más de 150 millones de euros. La Premier, que también ha firmado un flamante nuevo contrato, muestra un reparto mucho más equitativo y que ayuda a minimizar las diferencias entre los equipos, contribuyendo a crear una competición más igualada e imprevisible. Un buen ejemplo de esto es que, a pesar de que la Premier recibe el triple que La Liga, los dos equipos punteros de esta última ingresan más que cualquier equipo inglés. En la siguiente tabla, elaborada por Roberto Bayón, podemos observar la desigualdad entre ambas ligas. Un dato bastante revelador se descubre al comparar la diferencia entre el primero y el último en ambos campeonatos: 146 millones en España y 48 en Inglaterra.

Comparación entre la distribución económica de Liga BBVA y Premier | Roberto Bayón ©

Comparación entre la distribución económica de Liga BBVA y Premier | Roberto Bayón ©

Estos dos tipos de distribución tienen, obviamente, consecuencia de gran magnitud. Si observamos el presupuesto destinado a fichajes por los conjuntos de ambas ligas, también se observa que los equipos ingleses han podido realizar desembolsos importantes por sus nuevos futbolistas. El club de la Premier que menos ha gastado en el mercado de fichajes estival ha sido el Swansea, con 13 millones de euros. En España nos encontramos a trece equipos (más de la mitad) que no han llegado a esa cifra.

Ingresos y gastos en fichajes este verano (datos en millones de euros) | Elaboración propia

Ingresos y gastos en fichajes este verano (datos en millones de euros) | Elaboración propia

Además, el bajón mediático que ha sufrido el campeonato nacional ha traído consigo un efecto secundario: los jugadores de los equipos de la zona media-baja de la tabla de La Liga suelen tener contratos de corta duración, lo que provoca que cuando alguien destaca tiene la posibilidad de marcharse libre y, por tanto, no dejar dinero en las arcas del club. Si estos equipos no consiguen recaudar mediante traspasos, y la cantidad que reciben de los derechos televisivos también es escasa… nos encontramos en un escenario en el cual muchos equipos no tienen dinero para llevar a cabo contrataciones, teniendo que recurrir a cesiones o a fichar jugadores libres, que generalmente son descartes de otros clubes con mayor capacidad económica. Las consecuencias de todo esto son palpables y, en ocasiones, dramáticas, como muestran los múltiples problemas financieros a los que tienen que enfrentarse diversos equipos de fútbol españoles, siendo el más reciente el caso del Elche.

Como se dijo antes, las evidencias son claras y cuantiosas. La Liga está desorbitadamente lejos de ser la mejor liga del mundo, por mucho que así nos la intenten vender.

 Fotografía de portada: pasionporelbalon.com