Raquel Córcoles: “El rollo de gafas de pasta y camisas de cuadros es la estética de publicista de toda la vida”

“Eres de pueblo si naciste en un lugar dónde no hay Corte Inglés”. Así comienza Soy de Pueblo, el primero de los tres cómics publicados de Moderna de Pueblo. El personaje, fenómeno en las redes sociales y fuera de ellas, es el alter ego de Raquel Córcoles (Reus, 1986). Formada en publicidad y periodismo, Moderna de Pueblo surgió como una solución creativa que le abriera las puertas a una agencia de publicidad mejor (una Sra. Rushmore o McCann Erickson me cuenta entre risas). Sin embargo, a partir del éxito y la viralización de sus viñetas, desechó la idea de continuar trabajando para otros para dedicarse plenamente a su proyecto personal, editando un segundo volumen: Los capullos no regalan flores. Actualmente, junto a Carlos Carrero, su pareja y parte del equipo de Moderna de Pueblo, acaba de lanzar El Cooltureta, la historia de un obsesionado con la cultura y el primero de los libros en los que el protagonista principal no es Moderna. A su vez también colaboran en publicaciones como Cuore o GQ, además de con diversas marcas y creadores.

Antes de su conferencia durante la edición de este año del Viñetas desde o Atlántico tuve ocasión de charlar un ratazo con Raquel. Hablamos sobre Moderna, familia, humor y publicidad. Pero ¿para que lo voy a resumir en esta entradilla si lo podéis leer a continuación?

Raquel Córcoles durante el Viñetas desde o Atlántico | ©Ada Seoane Alló

Raquel Córcoles durante el Viñetas desde o Atlántico | ©Ada Seoane Alló

¿Una “moderna de pueblo” puede llegar a mutar en “moderna de ciudad”?
Supongo que cuando llevas muchos años, sí. Cuando escribí Soy de pueblo era todo más reciente y la ciudad te fascina mucho más. De repente parece que llevas tanto tiempo que empiezas a decir frases tipo “es que Madrid es un pueblo”, como que ya te lo conoces todo. Pero bueno, es como el final de Soy de pueblo, te cambias a otra ciudad y vuelves a sentirte de pueblo porque son otras reglas, otro tipo de gente y estás desconectado otra vez. Si tienes una raíz de haber vivido en un sitio más pequeño siempre se te acaba quedando ese complejo de no acabar de pertenecer a una gran ciudad.

Por lo que se ve a través de los comentarios en redes sociales o preguntándole a gente que te sigue y es fan de las aventuras de Moderna de Pueblo, tu público se siente muy identificado con lo que cuentas. ¿Por qué crees que sucede esto?
Yo lo busco. Siempre intento no hacer viñetas sobre mi vida en concreto, sino buscar cosas que nos pasen a todos. Prima la idea de que me haya pasado a mí, pero si le pasa a una amiga y veo que es una cosa muy típica o un tema del que me gustaría hablar, hago que a Moderna o alguno de los personajes les suceda algo así. Además, en publicidad te educan para buscar insights, cosas que a todos nos han pasado; en la agencia los jefes te machacan con eso. Al final hacer viñetas es también hacer un poco esto. Trabajando con Carlos buscamos cosas que nos pasan a todos y nos hacen gracia. ¡Cuando sabemos que una viñeta va a funcionar bien es porque hemos dado con algo que le pasa a mucha gente!

Vía Facebook: Moderna de Pueblo

Imagen vía Facebook: Moderna de Pueblo

En otras entrevistas afirmas que las creadoras y los creadores tienen que atreverse a mostrar su trabajo. ¿Qué motivo piensas que lleva a muchas personas a no enseñarlo?
Miedo. Incluso a veces hay mucha gente que dice cosas como “yo trabajo para mí mismo” o “no quiero que nadie me influya”. Creo que el fin de todo creador es comunicar algo, expresarte. Si al final el mensaje no llega a nadie, es un acto un poco incompleto. Todas las personas que me he cruzado aquí, en el mundo de la ilustración, desde La Volátil a Ana Oncina, son gente que se ha atrevido a enseñarlo, desde el primer momento han tenido feedback y eso es lo que te motiva a seguir. Obviamente te influye y va a condicionar como llevar tu trayectoria, pero no es algo malo, al contrario. Gente de antes, como Ana Miralles, me comentaba que hay momentos en que no recibes nada, no ganas mucho dinero de ello, tampoco notas el calor de la gente porque eran épocas en dónde no había internet, y que había estado a punto de dejarlo muchas veces. Los creadores que estamos enseñándolo y tenemos respuesta, eso te engancha y te motiva para seguir currando; te crea un mono. No enseñarlo es un momento pánico. Cuando creé el grupo de Facebook por primera vez me daba pánico dar a invitar a que se hicieran fans de la página a todos mis contactos. Eso es lo más vergonzoso, porque si fracasas o si es ridículo, quien se va a enterar van a ser precisamente tus amigos. Es el mal trago que hay que pasar. Una vez hecho esto, puede que no guste tanto o que sí, o que un amigo te diga que le gustó algo que tú pensabas que sería lo que menos llamaría la atención. Invitar a todos tus amigos a que vean eso es el momento más difícil y el que da más miedo. Una vez superado, ya es seguir adelante.

¿El capullismo es hereditario?
Si, bueno, influye mucho la educación, la persona y los valores que tenga o como trate a la gente, si tiene empatía o no. La verdad es que no tengo ni idea. Es bastante incorregible llegado a una edad. Quizá la palabra es “contagioso”: te tratan mal a ti, tu sufres y te haces una coraza; tratas mal a alguien por precaución, por querer sentirte el fuerte que no fuiste en la anterior relación o para que no te vuelva a pasar lo mismo. Creo que a todos nos marcan mucho las relaciones que tenemos.

Vía Facebook: Moderna de Pueblo

Imagen vía Facebook: Moderna de Pueblo

¿Cuando vuelves al pueblo te tratan como una famosa o como “la hija de tal”?
No soy de una familia de estas antiguas de que te conocen como “la hija de tal”, pero los amigos de los abuelos (mis abuelos tienen una frutería y verdulería) sí que te conocen como la hija de la Paquita o la nieta; además nos parecemos todos mucho en la familia. No, en todo caso te hacen bromas los amigos de siempre. También se ofenden un poco por el rollo de “pueblo” porque creen que les estoy diciendo que “son de pueblo” y en realidad tiene que ver con la sensación que tienes tú cuando llegas a una gran ciudad, no que en el pueblo sean unos paletos. Me dicen “que no es un pueblo, ¿por qué dices eso? Así haces mala publicidad de Reus, y Reus es una ciudad”. Al final toda la gente que se ha ido a vivir a grandes ciudades y lleva mucho tiempo fuera, conserva pocos amigos, los muy buenos que ya son de toda la vida; y cuando vuelves es para ver a la familia y a esos amigos.

Tu madre forma parte de la historia en Los capullos no regalan flores y además la mencionas como ayudante en los agradecimientos. ¿Son las madres un gran apoyo para las creadoras?
Si, las madres y en muchos casos también los padres, desde que apuestan por tu educación. Yo creo que tenemos unos padres de una generación que se han sacrificado; han vivido bien en el sentido de ir mejorando de status, pero también se han privado de todo para dárselo a los hijos. Yo tuve esta suerte. No era una familia que tuviera dinero, pero que todo lo que ganaban era para que estudiásemos. Te inculcan mucho eso. Mi madre pasó por una época que era como una coach de “tú puedes hacerlo, puedes conseguirlo, eres la mejor”, de esto que ella te ve con ojos de heroína y te da una confianza de que puedes alcanzar lo que quieras y piensas a veces “¿quién me lo va a decir, si no es mi madre?” Ese ánimo es necesario. Si tienes a unos padres que no acaban de confiar en ti puedes conseguir también lo que quieras pero quizás necesitas un refuerzo de otra persona que te diga “yo creo que eres bueno en esto”. Mi padre era más conservador en el sentido de “no dejes el trabajo, con lo que me ha costado pagarte la carrera” y mi madre era como “claro que sí, tú triunfarás en lo que quieras”. Entonces llega el momento en que ya no es importante el criterio sino que te animen.

Has estudiado publicidad y luego periodismo. A día de hoy ¿cuál de las dos facetas te ha aportado más en tu vida laboral?
Yo creo que publicidad. En la manera de concebir el personaje: crear algo con lo que mucha gente se identificara; eso viene de la publicidad. Luego lo de crear frases, eslóganes, jugar con las tipografías… Eso lo hacíamos en los carteles publicitarios: llamar la atención con un texto y luego poner más texto abajo. Estéticamente es todo de ahí. Y también lo de buscar insights. Al final lo que he aplicado, lo que diferencia a Moderna de Pueblo de otro cómic, han sido cosas como incluso la manera de promocionarme en redes sociales, el contenido viral… De trabajar en la agencia quieras o no aprendes, te enseñan y te fijas en lo que funciona y lo aplicas a las viñetas. Tampoco era una obsesión buscar que se compartieran pero cuando empecé y vi que pasaba, sabía por qué motivo se compartían. Entonces también, sin querer, sigues buscándolo.

Una de las cosas que pasan con muchos estudiantes de publicidad es que en vez de usar sus conocimientos trabajando en una agencia, acaban creando un producto propio o haciendo de sí mismos uno, como ocurre con Moderna de Pueblo. Háblame sobre esta experiencia.
Era la época en que no veías posibilidades. Los que queríamos hacer publicidad nos habían vendido rodajes en Malibú, con unos guiones súper divertidos, unas galas de premios tipo Cannes, una vida súper emocionante y llegas y te dicen “tú no vas a cobrar, el presupuesto para la campaña en que tienes que pensar es cero, es decir, invéntate lo que sea para que triunfe”. Te pasas el día echando humo de la cabeza por ellos, y encima no te aceptan ideas que tú dices “esta idea era oro”. Creo que es inevitable que al final pienses “si yo me estoy partiendo la cabeza para vender algo que me importa un pepino, un buen publicista debería saber vender algo suyo”. Yo lo hice para encontrar trabajo en una agencia mejor en realidad, pero enseguida, cuando vi que funcionaba, me quise dedicar a esto porque ya ni me interesaba buscar una agencia.

¿Qué supone Carlos Carrero para ti y tu trabajo?
Muchísimo. Llevando un proyecto personal llega un momento que, a pesar de las redes, te acabas cansando y perdiendo fuelle. Cuando llegas a vivir de ello y se convierte en una obligación de repente no sabes si lo estás haciendo bien o no. Él me da desde apoyo en guión, cuando estás saturada, y en inspiración: ideas y un punto de vista nuevos. Incluso el hecho de hacer las viñetas juntos quita presión de las redes sociales cuando te ponen a caldo. Cuando eres tú solo, el trabajo es muy solitario. Además él es ingeniero y ha conseguido que Moderna de Pueblo sea algo tan organizado como podría ser una revista: tenemos una página dónde puedes encontrar todos los contenidos, está todo indexado, hay miles de visitas cada vez que colgamos una viñeta y la página no se hunde, hemos hecho el proyecto de la tienda online y en lugar de vender licencias hemos buscado productores y hecho productos desde cero. Todas esas cosas, imposible haberlas hecho sin Carlos. Yo tenía una desorganización total, hacía viñetas malas, no las subía porque no me parecían buenas… Carlos me ha ayudado a poner un orden y una evolución de la marca; incluso a plantearnos qué imagen das o qué  mensajes no queremos dar y no pecar en repetirnos. Es como un equipo. Yo creo que ahora se da mucho eso de que una pareja termine trabajando juntos cuando un proyecto te absorbe tanto. Él me decía “o me uno, o me voy” porque ya era exagerada la implicación. Cuando dejó el trabajo era un momento en que nos venían tantos encargos que los tenía que rechazar, no podía ni contestar e-mails, ni organizarme. La llegada de Carlos ha servido para poder crecer y no quedarme como una autora desbordada que de repente cuelga una viñeta cada dos meses; y también para lanzarnos a hacer el libro del Cooltureta (aunque él odia que le relacionen con el personaje).

Via Facebook: El Cooltureta

Imagen vía Facebook: El Cooltureta

¿El Cooltureta busca enganchar al target masculino?
No queríamos hacer nada de Moderna porque ya habíamos hecho el de Los Capullos y la editorial quería otro libro. Aunque podíamos haber pedido un tiempo quisimos explorar nuevos personajes. Más que enganchar al público masculino era un nuevo reto el ser capaz de hacerlo y ver que aportaba hacia el otro personaje. Si hubiera existido algún otro personaje femenino que viéramos que daría tanto juego individualmente también podríamos haberlo escogido: por ejemplo la Blogger de Moda. En ese momento subimos por casualidad un par de viñetas del Cooltureta y generaron muchísimo debate. Como las redes sociales son un termómetro dijimos “ostras, pues este personaje también tiene mucha identidad” y pensamos en qué historia podría haber detrás de un tío obsesionado con lo cultural. Buscar un personaje masculino quizás viene también de querer que los chicos se animen a leerlo, que así se enganchen a Moderna y no lo vean como algo de chicas; es una barrera al público que las autoras tenemos. De todos modos al final el personaje central sigue siendo Moderna, pero por ejemplo en el próximo libro la idea es que lo siga siendo pero creando personajes nuevos como se fue haciendo en el libro del Cooltureta.

Los publicistas tienden a ser muy frikis. ¿Han creado ellos a los modernos?
Han sido uno de los modernos. Uff puede ser, los publicistas captan tendencias y luego te las ponen como referentes. Siempre dicen que la publicidad va un poco por delante de la sociedad en cánones. Al final como siempre te venden que si consumes el producto serás así de cool, te van a poner la estética que esté más de moda. Yo cuando empecé a ver hipsters anunciando todo ya es seguro que es mainstream, cuando antes una abuela hubiera visto un barbudo y se hubiese asustado. El royo de gafas de pasta y camisas de cuadros es la estética de publicista de toda la vida, también ha influido.

Está habiendo un gran auge (o por lo menos más visibilidad) de mujeres en el plano artístico. En el caso concreto del humor (gráfico, monologuistas…) parece que la mujer ha perdido el miedo a exponer sus ideas bajo ese tono. ¿A qué crees que se debe?
Porque empezamos a coger ventaja en cualquier profesión y tenemos más referentes. La que tiene mérito por ejemplo es Maitena, porque no había nadie y ella estaba ahí, haciendo humor desde su punto de vista. Y ahora yo creo que cuantos más referentes haya, más mujeres habrá. Nosotras no tenemos ningún problema con eso, es al contrario, nos mola hacer humor y decidir nosotras como queremos vernos: no necesito ser la mujer que un tío me dice que tengo que ser, ni dar esa imagen de perfecta. También hay la creencia esta de que “las mujeres no hacen gracia”.

¿Se deben poner límites al humor?
Si no te gusta un humor, no lo sigas. A mi pocas veces me ha ofendido un humor. Cuando veo algo machista digo “tienes la gracia en el culo”. Si hago un chiste donde me posiciono en una opinión, al que tenga la opinión contraria tampoco le va a hacer gracia. También es más difícil a veces hacer humor sin ofender. Nosotros lo intentamos, es de las decisiones pactadas. Puedes intentar ofender a alguien o puedes currártelo para que no se ofenda nadie y aún así este bien. Hay gente que nos percibe como que criticamos mucho. Para nosotros es autocrítica. No creo que haya que poner límites. Obviamente si ves que alguien está mal de la cabeza, que está haciendo unos chistes que son para encerrarle, pues quizás hay que mirar a esa persona.

Raquel Córcoles | ©Ada Seoane Alló

Raquel Córcoles | ©Ada Seoane Alló

¿España está preparada para la cantidad de juventud creativa que está saliendo día a día a través de internet?
Quizás se transforma un poco gracias a eso, incluso cambiamos la percepción del país en dónde vivimos. Si no ves que hay gente haciendo cosas guays te deprimes más. Cuando ves que hay un montón de personas, desde música a cine, de los que dices “que cracks” y piensas en la suerte que tienes de vivir aquí, en que quizás puedes hacer tú también algo que valga la pena, te desacompleja.