El engañoso reconocimiento de la victoria

Ha pasado casi un año desde que hizo historia. El 31 de agosto de 2014 vencía a la china Li Xuerui, convirtiéndose en la primera española y tercera europea en proclamarse campeona del mundo de bádminton. Dejó de ser una desconocida para el público general y su nombre empezó a salir en los medios. El domingo Carolina Marín repitió la hazaña contra la campeona olímpica Saina Nehwal. Casi un año después, volvió a demostrar que el reconocimiento se lo iba a ganar a golpe de victoria y que conseguiría que un deporte minoritario ocupase portadas. Yakarta acogió la final que catapultó definitivamente a Carolina a la historia: es la primera jugadora no asiática que gana dos mundiales.

Ahora los medios hablarán de bádminton unos días, quizás unas semanas, después se cansarán. Las portadas de los diarios deportivos darán exclusivo protagonismo a los rumores del mercado de fichajes. Los aficionados que han aparecido súbitamente, impulsados por el eco del triunfo, se olvidarán y buscarán a otro campeón mundial al que aclamar. ¿Qué habría pasado si Carolina Marín hubiese perdido la final? El humo efímero del título no puede empañar la realidad. La realidad de los deportes minoritarios en los que la familia del propio deportista es la auténtica ayuda. Deportes en los que federaciones sin muchos recursos se acuerdan del jugador cuando interesan los contratos publicitarios.

Y, en esto, los medios son culpables pero el público también. Las audiencias de un partido de fútbol no son comparables a las de un mundial de natación o de gimnasia. Javier Fernández y Ona Carbonell son muy aclamados cuando las medallas aparecen en sus cuellos pero, la mayor parte de los ciudadanos, no se reúnen con sus amigos para ver las más de dos horas que puede suponer un evento de ciertos deportes. Los ciudadanos pueden cambiar la situación, igual que lo puede hacer un artículo, una portada o un reportaje televisivo. Porque cientos de textos sobre la competición más extraña del planeta no servirán de nada si el esfuerzo no es recíproco. Carolina Marín y su trayectoria de lucha solitaria deja así una lección. Cometer el error de elogiar sólo la victoria final, sin pararse a observar el camino recorrido y sin mirar al que no llega tan alto, es un reconocimiento engañoso.

Fotografía de portada: ©Matt King/Getty Images AsiaPac