El amor

Foto: Real Total.

Foto: Real Total.

Una de las grandes maravillas del deporte de equipo es esa especie extraña e indescriptible de simbiosis generada entre cada individuo y su entidad. No han sido pocos, a lo largo de la (corta) historia de la práctica deportiva, los personajes que han terminado por convertirse en vértices de un escudo. Ciertos deportistas sin los cuales es prácticamente imposible entender lo que ha significado un equipo en la historia del deporte al que se aplique. Deportistas que han amado a sus clubes y clubes que han amado a sus deportistas.

Este concepto puramente romántico y la deriva (prioritariamente) futbolística han resultado ser completamente incompatibles. Más allá de casos concretos como han sido los de Steven Gerrard, John Terry, Xavi Hernández o Iker Casillas, pocos futbolistas han decidido, a lo largo de la última década, hacer carrera en un único equipo. Los motivos son disparatadísimos y diversos, pero lo único que parece claro es que se ha perdido el amor. En un universo futbolístico en el que la balanza se ha inclinado en favor del éxito momentáneo, el compromiso ha perdido consideración.

Los futbolistas se han convertido, en una inequívoca pérdida de humanidad, en meras mercancías cuyo gran castigo ha sido el de aceptar su propia condición. En el día del cierre del mercado de fichajes, en cada 31 de agosto, las miradas vuelven a posarse en la grava y los billetes comienzan a señalar destinos de forma arbitraria. Alejado del equilibrado (aunque exageradamente activo) modelo de traspasos de la NBA, el fútbol europeo continúa en la línea de las desigualdades monetarias, siendo aquellos con capacidad económica los que llenan bolsillos y frenan carreras de forma continua.

Un caso paradigmático en este sentido es el que está viviéndose en la portería del Real Madrid, uno de los equipos que, a nivel mundial, siguen una política de traspasos con mayor carencia de lógica y coherencia. Una portería ya de por sí inestable en la que, en los últimos tres años, se ha vivido uno de los episodios más turbulentos de la historia reciente madridista con el enfrentamiento entre Jose Mourinho e Iker Casillas y la posterior defenestración del meta de Móstoles.

Tras la salida del, hasta la pasada campaña, capitán del Real Madrid hacia Porto, la portería del equipo blanco se quedaba con el costarricense Keylor Navas, fichaje de bombo y platillo del previo verano, como único inquilino. Pronto aterrizaría en Madrid desde el Espanyol su teórico suplente, Kiko Casilla, un portero de garantías y sin, a priori, voluntad de disputar el puesto titular al meta tico. Sin embargo, el tornado no había hecho más que comenzar a generarse.

El debate sobre la incorporación de David de Gea al Real Madrid ha sido una constante durante todo el verano. El portero del Manchester United se declaró en rebeldía ante su entrenador Louis Van Gaal y dejó claro que su intención era incorporarse al club blanco. Sin embargo, las cosas se complicaron y su fichaje acabó por postergarse perpetuamente. Mientras, Keylor Navas observó todo el maremágnum de pseudoentendidos pronunciándose al respecto sin decir palabra. El costarricense entrenó, hizo la pretemporada y ha jugado los dos primeros partidos de Liga sin emitir una sola queja. Y ha brillado.

El pasado sábado, ante el Real Betis, Keylor Navas realizó su última exhibición vestido de blanco (curiosamente, también una de las primeras). El Bernabéu lo aplaudió y vitoreó. Mientras tanto, su salida ya se estaba gestando. El peso mediático, la constante y hasta enfermiza necesidad de renovación del Real Madrid y su propio orgullo como club pelearían hasta el final por David de Gea pese a contar con uno de los mejores porteros del planeta bajo sus palos.

Keylor Navas podría abandonar el Real Madrid y disputar la próxima temporada ocupando la meta del Manchester United, formando parte de la operación que traería a De Gea al equipo español. Sobre su futuro rendimiento poco se puede predecir, pese a que sus antecedentes dejan claro qué clase de portero es y, sobre todo, qué tipo de persona puede abandonar la entidad blanca. ¿Podría Keylor Navas haber amado al Real Madrid? Quizá. Sin embargo, y sin haber cometido error alguno, no tuvo oportunidad de hacerlo.

A menudo se pueden leer críticas hacia los futbolistas que los tildan de mercenarios, ese término tan extendido que suele referirse al individuo que sobrepone su pretensión económica a la emocional. Pese a todo, el paradigmático caso de Keylor Navas debe hacernos reflexionar. Y es que quizá no sean los deportistas quienes han perdido el amor. Puede que, después de todo, sea el propio entramado deportivo el que les impide amar. No debemos olvidar, por duro que sea, que sólo aquel que no ama queda exento de que le rompan el corazón.