Por qué Pedro Sánchez no puede ser Obama (aunque lo intente)

Dicen que en comunicación política está todo hecho, aunque allá por 2008 un senador afroamericano del Partido Demócrata consiguió ganarse la simpatía del mundo y de una gran mayoría del electorado estadounidense con una campaña que aún se estudia a día de hoy: Barack Obama. Han sido muchos los que han intentado repetir esta fórmula, pero ninguno ha sido capaz de reeditar su éxito. Sin ir más lejos, en España nos encontramos con ejemplos muy claros, como el de Podemos (we can, lema de campaña de Obama en 2008), un partido que, a pesar de haber cambiado su estrategia desde entonces, sí diseñaron una campaña para las Elecciones Europeas de 2014 (salvando las distancias) similar a la de Obama. Más cerca en el tiempo nos encontramos con Sinaí Giménez, un candidato a la alcaldía de Vigo que, a pesar de no pasar de ser una anécdota en la campaña electoral, también se adjudicó el título de “Obama gallego”: quería convertirse en el representante en las esferas más altas de poder de una etnia que él consideraba oprimida. Cambiaba el escenario (Vigo y los Estados Unidos) y la etnia, gitana y afroamericana, respectivamente.

Pero ayer mismo vimos otro proyecto de Obama en gestación que no tiene pinta de poder llegar a buen puerto. Hablo de Pedro Sánchez, quien durante su nombramiento oficial como candidato a la presidencia por el PSOE adoptó algunos gestos más propios de la política estadounidense que del panorama patrio. El líder de los socialistas apareció ante una gran bandera de España, un símbolo que generó polémica entre militancia y simpatizantes. Al terminar su intervención y, entre una nube de aplausos, subió la esposa de Pedro al escenario. Después de la foto de rigor se fue por donde había venido. Esta forma de envolver el producto es muy común en Estados Unidos, pero… ¿funcionará en España?

El hecho innegable es que Pedro Sánchez, por mucho que lo intente, no es Barack Obama. Tienen cosas en común, eso sí: ambos tienen buena planta y capacidad para comunicar. La telegenia siempre es importante. A pesar de desembarcar en la carrera presidencial siendo completos desconocidos, cuentan con el apoyo de un partido de gran tradición en un sistema bipartidista. En ambos casos este partido es el más progresista de los dos y viene desde la oposición vendiendo el cambio. Pero ya el eslogan que lo anuncia deja a las claras que algo falla: si Obama utilizaba un sintético “change”, en la foto de más abajo podemos ver el de Pedro, “el cambio que une”. Ahora que todos se adjudican el título de garantes del cambio, ese “que une” subrayado parece un hueco para rellenar a gusto del consumidor. No deja de ser irónico que un gesto que se supone busca unir a la ciudadanía española divida de tal manera a la militancia del partido.

Ahora que todos se adjudican el título de garantes del cambio, ese “que une” subrayado parece un hueco para rellenar a gusto del consumidor.

Escenografías calcadas, mundos diferentes | ©Huffington Post & Libertad Digital

Escenografías calcadas, mundos diferentes | ©Huffington Post & Libertad Digital

Y es que en temas de política interna, al menos de cara a la galería, Pedro también falla. Son muchos los que critican el silenciamiento de las voces discordantes y el sistema de primarias con avales. Pero el problema es también de imagen: durante la campaña de las primarias para elegir un nuevo secretario general todos hablaron de integrar a los demás candidatos en su nueva ejecutiva, cosa que no sucedió. Pérez Tapias, al frente de Izquierda Socialista, se muestra cada vez más disconforme con la actual directiva: ayer mismo denunció la ausencia de banderas republicanas y símbolos del PSOE durante la celebración. Eduardo Madina, por su parte, es probablemente la voz más crítica con Sánchez dentro del Comité Federal del partido. Volviendo a la analogía con Obama, recordemos que éste nombró a su rival en las primarias, Hillary Clinton, vicepresidenta. Y eso que la campaña que los enfrentó a ambos fue bastante más sangrienta que la del PSOE, muy lastrada por un pseudodebate que dejó pocas cosas claras. Es una cuestión de cultura de democracia interna: los socialistas acabarán puliendo esos gestos y entendiendo las primarias como un gesto de normalidad democrática, no como una excepcionalidad.

En Estados Unidos la bandera no genera ningún tipo de controversia: la práctica totalidad de la militancia del Partido Demócrata aprueba que Obama aparezca siempre con ella. Basta con buscar opiniones sobre el acto de ayer para comprobar que en España no es así. El propio Sánchez se declara republicano, aunque dice respetar la monarquía y el sistema constitucional actual. Esta postura es compartida por las bases, pero del respeto a la monarquía a plantar una bandera con una corona de proporciones épicas en un acto de partido hay un trecho. A veces el márketing político se centra en vaciar la imagen de contenido y envolverla para su consumo: la imagen es el mensaje. El problema comienza cuando una simple bandera tiene tantas connotaciones. Y es que en la política europea confluyen tantos años de historia y corrientes políticas que hacen palidecer a Estados Unidos, donde dos partidos ideológicamente similares con matices se reparten el poder.

El carisma es una cuestión particular: depende de la percepción de cada uno. Un servidor considera que Obama desborda carisma, mientras que Pedro Sánchez todavía tiene una asignatura pendiente. Lo que sí se puede valorar es el discurso de cada uno, un aspecto en el que Pedro también cojea. Entre otras cosas, la campaña de Obama en 2008 giró en torno a dos puntos muy claros y fácilmente reconocibles: la retirada de tropas de Irak y la creación de un sistema público de salud. Esto último era un proyecto tan identificado con su persona que los medios pasaron a llamarle Obamacare: eran dos aspectos diferenciadores. Del hecho de que ocho años más tarde no haya cumplido ninguna de las dos ya hablaremos otro día. El tema es que ayer Pedro Sánchez habló de cuáles eran sus prioridades: acabar con el paro y la corrupción. Así, en genérico. Dos principios que defienden desde el PP hasta Podemos, pasando por Vox o las CUP. Hace falta transmitir un mensaje, no quedarse en generalidades. Lo concreto es lo que convence.

 El tema es que ayer Pedro Sánchez hablaba de cuáles eran sus prioridades: acabar con el paro y la corrupción. Así, en genérico

Eduardo Madina no pudo ser la Hillary Clinton de Pedro Sánchez: no hubo integración | ©Libertad Digital

Eduardo Madina no pudo ser la Hillary Clinton de Pedro Sánchez: no hubo integración | ©Libertad Digital

Mención aparte merece el papel de la mujer en estas campañas, a la que ya hacía mención antes. En Estados Unidos las esposas de los candidatos forman parte activa de la campaña: son un actor político más. La propia Primera Dama, más allá del hecho de que accede a su cargo por ser cónyuge del presidente, tiene una serie de funciones institucionales. Aquí, sin embargo, la esposa de Pedro Sánchez hizo de mujer florero: estaba aplaudiendo en primera fila, subió al escenario para la foto y se fue. Las críticas de radicales tras los pactos del 24-M han hecho que el PSOE se redefina: Pedro tiene que ser un hombre de Estado. Se acabaron los vaqueros y la camisa remangada, que dejan paso al traje completo. En este acto la mujer ha sido un complemento: se quería hacer ver que el candidato socialista era un hombre casado y, por tanto, más fiable que esos malvados solteros. Otro gesto que en un partido que se dice comprometido con la lucha feminista debería escamar… y mucho.

Si algo ha dejado claro el tiempo es que el modelo estadounidense, con sus virtudes y sus defectos, no se puede exportar a Europa. Los bandazos que ha dado nuestra política y la variedad de las propuestas ideológicas hacen imposible la proliferación de actos tan simplones que sí pueden funcionar cuando las elecciones son un cara a cara entre dos candidatos como en Estados Unidos. La bandera se ha llevado todas las portadas, pero el problema es lo que está por venir. Habrá que ver si esta escenificación es flor de un día o pasa a ser la marca característica de los actos de Pedro Sánchez. Por el bien de nuestra política esperemos que no nos abandonemos a la mercadotecnia electoral estadounidense. Pero bueno, si hay que hacerlo… al menos podían adoptar la parte buena.

P.D: Les invito a buscar un puño y una rosa en el acto de proclamación de ayer. Se llevarán una sorpresa.