Encuentro con Jean-Luc Godard en NUMAX

18 de marzo del 2015. Aki Kaurismäki estrena Nubes Pasajeras. Un estreno con una nueva digitalización en 2K. Pero no estoy aquí para hablar de tecnología, sino para hablar de dónde se estrenó. Al lado de la mítica sala Capitol, aparece en el mapa una nueva sala. La música comparte calle con una pequeña sala de cine: NUMAX. Sin nada que envidiar a las grandes salas de exhibición, no es solo películas. También comparte en un local, en comparación, muy pequeño, un laboratorio gráfico y una librería. Curiosamente, la sala Capitol fue un cine hace décadas, y ahora lo es su vecina.

Último domingo de mayo del 2015. Aburrida, miro en el correo el boletín de los próximos días en NUMAX. No tenía ganas de cine, la verdad. Buscaba una escapatoria, un descanso más largo del normal a los exámenes finales. Y de repente me encuentro con un viejo conocido: Jean- Luc Godard. ¿Ir o no ir? La primera sopresa fue ver que era una película en 3D. Sería lo primero que viera en 3D del cineasta francés. Pero había una pequeña aclaración que olvidé antes de investigar un poco más sobre el film. Al lado del título, entre paréntesis leí 2D. Godard, y 3D como 2D. Solo por ser de un revolucionario de la Nouvelle Vague francesa de los años 60, Adiós al lenguaje (Adieu au langage, 2014) merecía la pena.

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Y no defraudó la inversión. Pero fue más alta de lo esperado: 6,2€. No es bueno salir de casa sin DNI, o sin cualquier otro documento que acredite que eres menor de 25 años y estudiante (o desempleado, menor de 18 años, jubilado o abonado). Dije adiós a la tarifa reducida, a pagar 4,8€. El precio medio es bastante más bajo que el precio de una sala convencional, que ronda los 7-8€ sin tarifas especiales, dependiendo de la ciudad. En el mismo mostrador que sirve de cafetería (no solo con publicidad antes de cada película hay que amortiguar la inversión en el proyecto NUMAX), pagué 6,2€ por una entrada rectangular, pequeña, y en color, mucho más bonita que las entradas impresas blancas de CINESA. Y al otro lado, a la derecha gente rezagada, curiosos, o lectores contemplaban las estanterías de la librería. Mientras, observaba la cartelera al más puro estilo tradicional: un mural blanco con letras en negro anunciaba los horarios, como en las películas americanas. Acababa de llegar y ya eran las 20:00. Adiós al lenguaje empezaba a las 20:00.

Unos pasos a mi izquierda, y ya estaba en la entrada de la sala, no sin antes detenerme a coger uno de los folletos informativos de la película. En lugar de palomitas que guíen el camino a la sala, 70 butacas. Rojas. Una sala y pantalla pequeñas. Pero dotadas con una imagen y sonido profesional como los de la salas de cine de un centro comercial. Fila 8, última, butaca 5. Toda una fila para mí, en las filas de delante, cerca de una veintena de personas. La media de edad de los espectadores hizo que me sintiera mucho más joven. Aunque no hay edades estándar para disfutar del cine. Mucho menos para disfrutar de Godard, su único estándar es pensar, y hacer pensar.

Adiós al lenguaje comenzaba. No tenía ni la más remota idea de lo que me iba a encontrar. La sinopsis del propio autor que tenía delante, en el folleto informativo, prometía más un poema que una sesión de cine.

“a idea é simple

unha muller casada e un home solteiro

atópanse

ámanse, discuten, voan puñadas

un can vaga entre a cidade e o campo

pasan as estacións

o home e a muller atópanse de novo

o can está cando eles

o outro está nun

un está no outro

velaquí os tres

o antigo marido estrágao todo

empeza o segundo filme

igual ca o primeiro

e porén non

da especie humana pasamos á metáfora

e daremos en ladridos

e laios de bebé”

Si fuera tan fácil resumir la película en 18 líneas. El resumen tradicional perdería fuerza. ¿Si lo que vamos a ver se acerca más a un poema que a una película de acción, por qué no introducir al espectador en construcciones poéticas desde el principio? Los versos anteriores, convertidos en una sinopsis más común de un drama sería algo como:

“La historia trata sobre una pareja formada por una mujer casada y un hombre soltero que se conocen de casualidad y acaban enamorándose. Con el tiempo comienzan a discutir día tras día y tienen demasiados problemas sentimentales como para ser felices juntos. A su vez, la película cuenta como un perro va paseando entre el campo y la ciudad y un día se encuentra con la pareja. El perro intentará hablar y ejercer de mediador para intentar solucionar sus problemas y hacer que vuelvan a ser felices.” (SENSACINE)

Lo verdaderamente complicado es enfrentarte a esta pieza sin haber leído lo anterior. ¿Quién es la pareja? ¿Qué es lo que sucede realmente entre ellos? ¿Cuál es el significado, la interpretación de todas las imágenes interpuestas, aparentemente aleatorias? ¿Y el de los títulos? Lo que no podemos interpretar es el uso del 3D. Éste se quedó en Sitges 2014 (Festival Internacional de Cinema Fantástico de Catalunya). La fragmentación del relato, los intertítulos, la rotura cronológica, un montaje más ideológico que narrativo… entre muchos otros factores, todos ellos innovadores, peculiares, impactantes… y un largo etcétera de adjetivos impactantes, en el buen sentido. Todo hace de Adiós al lenguaje una película difícil de interpretar, pero una sesión de cine agradable: la composición, los planos que parecen casi imposibles, el color, la actuación tan cuidada a la par que extraña, el sonido, las citas de autores, los diálogos breves, las voces de los personajes (la versión original subtitulada ayuda)… Los títulos divisorios, tan característicos en Godard, no solo son títulos: indican el comienzo de cada parte de la historia, y aquí la historia en sí, la relación entre una pareja y un perro salvador, comienza después de una serie de títulos que parecen emular la historia de la humanidad, con esas imágenes aparentemente aleatorias insertadas en el relato. No hay que subestimar ninguna de las fragmentaciones, tienen una función: dividir y llamar la atención. Y es más, consiguen que el espectador piense, que diga exactamente adiós al lenguaje tradicional, que el cineasta rompe y trasciende.

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Salí de NUMAX 70 minutos más tarde con la misma sensación que aun tengo ahora: no estar segura de haber comprendido la historia. Creo que es lo que más me ha gustado, una inseguridad que hace pensar en las fronteras del lenguaje cara a cara y cinematográfico. Casi una semana más tarde sigo pensando lo mismo. Adiós al lenguaje está dentro de una de las tres secciones de NUMAX, “os ollos verdes”. Toma su nombre de una colaboración de Marguerite Duras, escritora y cineasta francesa, publicada en 1980 en Cahiers du cinéma: Les yeux verts. Es una sección dedicada a películas de estreno con difícil distribución en salas comerciales. Además de ser películas que de alguna forma reformulan la narración y la forma de ver cine. Es decir, son películas que de alguna forma invitan a la reflexión, o reflexionan. Las otras dos secciones son un hueco para estrenos y reestrenos de clásicos digitalizados.

No importa de qué color tengas los ojos, la diversión y la reflexión están aseguradas. En las películas de Jean-Luc Godard y en NUMAX.