La Gloria o la muerte, la batalla por el Santo Grial

Corría el año 2008 y estaba un servidor cursando el bachillerato cuando un compañero de clase, bastante versado en el mundo del anime, me encomendó encarecidamente el visionado de una serie llamada Fate/stay night, la cual yo desconocía.  La cosa, de buenas a primeras, no pintaba nada mal. ¿Un anime basado en una de las novelas visuales de más éxito en Japón cuyo argumento comprende la lucha sin cuartel de siete magos, denominados masters, que invocan a siete poderosos espíritus, los servants, héroes del pasado, para que sólo uno, el último que sobreviva, pueda alzarse con el trofeo de la contienda, el mismísimo Santo Grial? Por supuesto, dónde va a parar, me dije, se acabaron mis tardes de merendar bocadillos de jamón serrano tirado, semicomatoso, en el sofá, como un elefante marino tras la temporada reproductora, viendo alternativamente reposiciones de Pasión de Gavilanes, el Ninja Hattori y Evangelion. Por desgracia, la serie terminó por aburrirme a los pocos capítulos y la dejé de lado, enfrascándome en otros menesteres.

Recientemente, al ver que la franquicia Fate seguía adelante y que anunciaban para este año la conclusión de la, al menos a la vista, alucinante, Unlimited Blade Works (una especie de remake con uno de los caminos alternativos que podías elegir en la novela) me dispuse a darle una nueva oportunidad a la temporada original. La impresión volvió a ser negativa. Los personajes continuamente hacían oposiciones para ver quién actuaba de una forma más arbitraria, infantil o, directamente, estúpida. Una historia que debía ser épica (por Dios, que estaban en la maldita Quinta Guerra del Santo Grial, eso tiene que ser más épico que un Kame Hame Ha de Son Gohan) por momentos parecía sacada de una comedia cutre, así como romantiquilla, con tintes de harén colegial y, por si fuese poco, la animación dejaba muchísimo que desear, como si estuviese varios lustros desfasada (os juro que la aberrante imagen de este enlace aparece de verdad en la serie).

Pero todo cambió cuando Fate/Zero entró en escena. Vaya absoluta Maravilla. Sí, con mayúscula. Porque lo vale. Pocas veces me he sentido más afortunado por darle una oportunidad a un anime en el que, en circunstancias normales, no me habría fijado. Hablamos de la precuela de Stay Night, que marcándose un Star Wars, apareció tiempo después de la historia a la que precedía, concretamente unos 5 años, separada en dos temporadas cortas de una docena de episodios. A diferencia del paupérrimo Studio Deen, los encargados de llevar a la pequeña pantalla la historia esta vez eran Ufotable, unos tipos que, aunque llevan poco en el mundillo, realmente saben lo que hacen y, aún encima, con historia a cargo de Gen Urobuchi, uno de los mejores artífices nipones a nivel de guiones para series de animación, como ya dejó constancia en Madoka Magica, Psycho Pass o en los primeros episodios de Aldnoah Zero. Cuando los astros se alinean de esta manera las cosas no pueden fallar.

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El apartado visual de Fate/Zero es abrumador, este tipo de alardes son normales a lo largo de los capítulos / creativeworks

La premisa es muy similar a la de su secuela, sólo que tiene lugar una década antes, en tiempos de la Cuarta Guerra del Santo Grial, pero el resultado es mucho más sorprendente. La historia es cruel, tensa y, por momentos, muy oscura. Las alianzas nacen y se rompen, los personajes se muestran a punto de alcanzar el éxito sólo para caer derrotados, humillados y ver sus sueños truncados y rotos en pedazos. El deseo por alcanzar el Grial, que una vez obtenido podrá concederte cualquier petición, hace que incluso los más benévolos sean capaces de actos terribles para lograr sus objetivos, mientras los rayos de luz y esperanza y las caídas del turbio anochecer se suceden dramáticamente a lo largo de los capítulos. Pocas series tratarán tan mal a sus protagonistas y muchas menos serán tan capaces de sumergirnos en los aspectos más sombríos de la moralidad y la naturaleza humana.

Si mencionaba a los personajes es porque la personalidad y humanidad dada a los mismos es increíble. Ninguno de los siete magos (y mucho menos sus siete servants) sobra en la historia, aunque bien es cierto que al ser una obra coral de apenas 25 capítulos en total, no se llega a desarrollar emocionalmente al mismo nivel a todos ellos, pero afortunadamente, en el guión priorizan a los más interesantes.

Kiritsugu Emiya, padre adoptivo de Shiro (el protagonista de FSN) es un ex mercenario, un alma mutilada, un hombre que busca un fin tan idealista e infantil como la paz mundial pero que no reparará en cuestionables métodos, sucias estratagemas y todo tipo de trucos, por escabrosos y maquiavélicos que sean, para alcanzar su meta. Es el tipo de persona que si tuviese que matar a 100 personas con sus propias manos para salvar la vida de otras 300 lo haría sin pestañear. Su servant, en contraste, es Saber, el personaje principal de casi todas las series Fate. Ella es la verdadera encarnación de Arturia Pendragón, la legendaria monarca portadora de Excálibur que, según nos cuentan, tuvo que hacerse pasar por hombre para lograr el respeto en un mundo de hombres. Aunque a veces peque de ser un poco como un pan sin sal, la tensa relación (por momentos casi inexistente) que mantendrá con su master, debido a su horror ante la falta de escrúpulos de éste, pese a perseguir un fin igualmente noble, y la amistad con su esposa, serán extremadamente interesantes.

Pocas series tratarán tan mal a sus protagonistas y muchas menos serán tan capaces de sumergirnos en los aspectos más sombríos de la moralidad y la naturaleza humana.

Weaver Velvet es, como no, el clásico adolescente inseguro, llorón y ávido de amor que tiene que aparecer en todos los animes. Un poco como Simon en Tengen Toppa Gurren Lagann, pero si Simon tenía a Kamina para compensar, Weaver ha logrado invocar como servant al genial Rider. Y la verdadera identidad de Rider no es otra que Iskandar, Alejandro Magno, el genuino Rey de los Conquistadores. Este pelirrojo grandullón es irreverente, valiente, jocoso, decidido y, como buen rey, tan egoísta como magnánimo. El arquetipo de héroe clásico, y uno de los pocos que aportan pequeñas notas de humor en un anime tan serio. Rider es uno de los personajes más queridos por los seguidores de la serie, hecho totalmente merecido (afortunadamente, NO tiene NADA que ver con Colin Farrell en Alejandro “ricitos de oro” Magno) gracias a su bondad y a la fuerte amistad que desarrolla con Weaver a través de los episodios.

Pero es desde el principio Tokiomi Tohsaka, padre de familia de una de las estirpes de magos más importantes y aliado con el sacerdote Kirei Kotomine (quien dará más de una sorpresa a lo largo de la trama), quien tiene todas las de ganar, pues en su poder está la carta ganadora. Como se explicaba en Fate/stay night, la clase de servant Archer no suele ser la más fuerte a la hora de combatir, pero Tokiomi logra invocar a Gilgamesh, el héroe más grande jamás habido y por haber. Su ego y su vanidad son tan grandes como su poder, y sus comentarios autofelativostan numerosos como sus posesiones. Es el rey, y dueño, de todo lo existente. ¿El ordenador desde el que estás leyendo esto? Es suyo. ¿El arroz con leche que cenaste anoche? Suyo. ¿Tu madre? Creo que no hace falta decirlo. Incluso tú mismo/a puedes creer que estás a salvo, pero algún día se te aparecerá desnudo encima de unas rocas y serás suyo. Bromas aparte, Gilgamesh tiene la capacidad de abrir la Puerta de Babilonia y arrojar un torrente de armas (los miles que coleccionó durante su vida) a sus oponentes, lo cual le da una importante ventaja frente a ellos.

El resto de personajes tienen una cuota de protagonismo ligeramente menor, pero todos ellos aportan innegablemente al desarrollo, desde la nobleza y habilidad de Lancer, la locura de Caster, quien se olvida del Santo Grial y se dedica a asesinar niños junto a su master y a causar toda la destrucción posible, o los ilusos ideales de Kariya Matou y cómo este se ve arrastrado al sufrimiento por las circunstancias.

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Gilgamesh tiene el mérito de ser uno de los villanos más temibles y, a la vez, más horteras y homoeróticos del anime / vignette3.wikia

En cuanto al apartado técnico, resulta imperativo mencionar al estudio Ufotable como un caso aparte. Donde los demás estudios dibujan un cielo azul con colores planos, ellos logran un firmamento lleno de matices, con todos los tonos existentes entre el cian y el añil, plagado de nubes en movimiento que parecen increíblemente reales. Cuando otros animadores optan por una sucesión de planos estáticos para aligerar el trabajo de ilustrar un enfrentamiento, ellos nos deleitan con unas animaciones tan frenéticas como precisas y detalladas, que nos transportan al medio del combate. Cambios de plano imposibles, detalles alucinantes, panorámicas fluidas, todo está cuidado al máximo para deleitar a nuestras retinas. Teniendo como referencia la producción que nos ocupa, de Unlimited Blade Works y, sobre todo, de la saga de películas Kara no Kyoukai (amén pequeñas joyas sueltas como la OVA de Tales of Zestiria o lo que han ido enseñando en trailers de la futura God’s Eater), no sería exagerado afirmar que Ufotable son actualmente, y sin titubeos, el mejor estudio de animación oriental, al menos a nivel visual, en el cual su superioridad respecto a empresas de mayor renombre como Toei Animation, Pierrot o incluso Madhouse es, como mínimo, insultante. El único problema es que, una vez vistas varias producciones del estudio, cualquier otra cosa te va a saber a poco. Por lo tanto, no es de extrañar que la calidad técnica de Fate/Zero sea sencillamente sublime. No recuerdo ningún anime de su año (salvo quizás Madoka, gracias al innovador estilo visual que le aportaron desde Shaft, con todos sus collages y texturas) que esté a su altura en este apartado. Vale que no es perfecta, porque nada lo es (no, amigos, Scarlett Johansson tampoco, que os veo venir con eso), pero no voy a ponerme quisquilloso con un apartado artístico del cual no tengo una sola queja (bueno, esos coches…) ¡Y por si fuese poco, lo mejoraron aún más para su edición en Blu-Ray! La banda sonora, por su parte, es tremendamente inmersiva, por momentos trágica, a veces relajándose hasta cotas casi minimalistas, para pasar sin previo aviso a coléricos crescendos de magnitudes bélicas. Habrá momentos en los que la mezcla de ese fantástico derroche visual y la música épica que lo acompaña que te pondrán la piel de gallina, te harán llorar y, finalmente, te dejarán extasiado.

Fate/Zero tiene momentos que la hacen verdaderamente grande. El sufrimiento de la infancia de Kiritsugu, su trágico amor con Irisviel y la redención de su alma enferma al conocer a Shiro. El honor de Lancer en su lucha contra sus zafios enemigos, un verdadero caballero, ejemplo de rectitud y honestidad en unos tiempos demasiado mezquinos. Y la que es, a mi modo de ver, una de las escenas más grandiosas jamás propuestas en una obra audiovisual: La carga final de Alejandro Magno, sublime en la batalla, regio e implacable, enfrentándose a lo imposible, dirigiendo a Bucéfalo en una cabalgada a todo nada, a muerte o gloria, contra el dorado e invencible resplandor de Gilgamesh, el todopoderoso Rey de los Héroes. Cosas como estas pueden hacer que nos podamos tomar en serio al anime. Se acabó la crónica. Este redactor se va a ver la serie por segunda vez y deja de escribir aquí. El corazón se lo pide. Vosotros dejaos ya de Tokyosghouls, de Narutos y de OnePieces que nadie sabe donde están tras 15 años de serialización y disfrutad de la magnífica grandilocuencia de Fate/Zero.

(Imagen destacada de Taringa)