Guía incompleta de perlas eurovisivas

Eurovisión llega un año más. Los jóvenes han dejado de apoyar con todas sus fuerzas a la delegación española, que cada año elige su canción con menos repercusión. Quizá sea el último reducto de la ilusión que se respiraba en España a finales del franquismo por abrirse al exterior, pero ese significado hoy ya no tendría sentido. Es innegable que ahora es en los campos de fútbol donde se dirime la competitividad europea en su sentido más romántico. Pero, a pesar de ello, ver Eurovisión sigue teniendo ese atractivo del último momento. Estoy segura de que este sábado más de uno cederá ante la curiosidad de ver lo que este festival tiene que ofrecernos. Quizá sea la nostalgia de buenas canciones que fueron al festival o la de aquellas que, a pesar de los años, siguen provocando carcajadas. Demos rienda suelta a la nostalgia eurovisiva.

1961: “Estando contigo”, Conchita Bautista

España comenzó a participar en el festival de Eurovisión en 1961. En nuestro estreno, una Conchita Bautista con peinado de señorona y, como no, con el preceptivo traje de flamenca, interpretó “Estando contigo”. El poderío español se demostró, además de con los incontables volantes, con la potente y marcadamente flamenca voz de la artista. Las imágenes, todavía en blanco y negro, dan una idea también de la época.

1966: “Yo soy aquel”, Raphael

No hace mucho en Compostimes constatábamos que Raphael sigue siendo aquel. Pero, ¿cuál es el origen? Pues la leyenda viene del festival de Eurovisión en el que un joven Raphael iniciaba una reclamación identitaria que se extiende al presente. La canción que ahora los hipsters reclaman para sí era objeto de orgullo nacional a mediados de los sesenta. Ese flequillo poblado, esa caída de ojos nos hacen cuestionarnos si de verdad sigue siendo aquel. En una época en la que la elección de los cantantes no era muy clara, Raphael pudo volver en el 67. Fue, paradójicamente, el telonero de una Masiel que se hizo con el primer puesto en 1968.

1969: “Vivo cantando”, Salomé

Este fue el año crucial para España en Eurovisión. Tras la victoria de Masiel, TVE debía organizar el festival. Fue todo un reto que movilizó presupuesto y equipo humano para conseguir emitir una gala en color. Ese año la representante de España fue Salomé con su “Vivo cantando” y los intercalados “¡hey!” de tres coristas con pinta de camareros. Laura Valenzuela, la presentadora, tuvo que lidiar con un empate a cuatro entre Reino Unido, Holanda, Francia y España. Era la primera vez que se producía un empate en el primer puesto y, ante la falta de normativa, se dio por ganadores a los cuatro países. Hay que destacar que ese año Austria no envió representante alguno a Eurovisión por se España una dictadura. El festival, testigo de la alta política.

1970: “Gwendolyne”, Julio Iglesias

Un icónico galán español en un icónico festival. Julio Iglesias también tuvo la oportunidad de enfrentarse a la audiencia europea con una canción de título impronunciable. Muy en su línea, la letra habla de desamor. Su look “total blue” destacaba ante el decorado gris. Desde luego la elección del vestuario deja patente que a Julio no le gusta pasar desapercibido. Ya por aquel entonces se adivinaban sus maneras de galán.

 1974: “Canta y sé feliz”, Peret

A mediados de los setenta también tuvo su oportunidad “el gitano pijo”. Con su pantalón acampanado y su peinado estrafalario, Peret viajó a Reino Unido para representar a España a ritmo de rumba. En escena se presentaba con la guitarra española, un coro numeroso y una corbata que pocos encontrarían asumible. De la susodicha despuntaba un pequeño micrófono que le daba, si cabe, el toque definitivo de verbena.

1978: “Bailemos un vals”, José Vélez

A finales de la década José Vélez interpretó una canción que sigue siendo un hit en las bodas y verbenas. Y lo cierto es que tal como iba vestido parecía el novio de la tarta. La peor parte se la llevaron las tres coristas, con traje de madrina señorona y voz de pito. El cantante consiguió quedar entre los 10 primeros clasificados y nos legó un conocidísimo tema.

1979: “Su canción”, Betty Misiego

La voz solemne de esta intérprete no parece la más adecuada para cantar “Quiero que sienta conmigo esta canción, que deje atrás su mal humor”. Su vestido de diva de la ópera y sus movimientos a lo Paloma San Basilio no pegan demasiado con la filosofía facilona de la canción. En medio de la actuación incluso peina a una niña y comparte escenario con más infantes. Betty consiguió el segundo puesto para España.

1981: “Y solo tú”, Bacheli

Una vez más se escoge a un galán para ir a Eurovisión. Bacheli canta sobre el amor con un ritmo más pegadizo y, de vez en cuando, invita a bailar con un “Lalalalá”. El “uououo” también tiene un lugar en su canción. España entraba en la década de los ochenta apostando por canciones más bailables, como requería la época. Lo que se mantinene constante es la despeinada melena del cantante.

1985: “La fiesta terminó”, Paloma San Basilio

La diva que no consiguió ser Betty Misiego llegó en el 85 con la actuación de Paloma San Basilio. Enfundada en un largo vestido con brillos, defendió una canción que requería de toda su potencia vocal. Elegante en los gestos y movimientos, rechazaba una y otra vez a su “amor”. A pesar de su ejecución, no consiguió un puesto destacado.


1988: “La chica que yo quiero”, La década prodigiosa

Quizá uno de mis espectáculos favoritos de Eurovisión. La letra guarda perlitas maravillosas como la que reza el estribillo: “Made in Spain, tatuado en su piel, cien mil vatios de sol alumbrándote cada día. Made in Spain, pasaporte especial, ella es made in Spain, la mejor garantía”. Los cuatro componenetes iban acompañados de un guitarrista un poco perdido. Vestidos con trajes de torero y de flamenca tuneados, interpretaron una canción que ya presagiaba la obsesión por la Marca España.

1990: “Bandido”, Azúcar Moreno

Azúcar Moreno fue el grupo encargado de inaugurar los noventa. Largas uñas rojas, joyas doradas y vestidos apretados fueron los complementos perfectos para su actuación. De vez en cuando un sonido de castañuelas acompañaba a sus voces. Además, impregnaron toda la pieza con un baile difícilmente calificable, hay que verlo.

Una vez llegados los noventa la historia de Eurovisión es más conocida por todos: vivió una cierta decadencia y resurgió de sus cenizas con los triunfitos. La edición de Rosa batió todos los records de audiencia. Poco después, ir al festival era un mérito cada vez menos prestigioso que se consolidó con la actuación de Chikilicuatre. Este año, paradójicamente, vuelve una triunfita, Edurne. Armémonos con palomitas porque el sábado volveremos a sentarnos a ver Eurovisión.

Imagen de portada: olevision.com