Sin ellos no es lo mismo

Abril es sinónimo de cotas y adoquines. De épica, de ataques de otra época y de victorias cargadas de barro y alegría. Abril es el mes de los monumentos, y sobre todo de las dos clásicas de adoquines más famosas del mundo: Flandes y Roubaix. Y hace años que abril era el mes de dos nombres: Tom y Fabian. Pero este año no estuvieron en abril, y Flandes y Roubaix desde luego que no fueron lo mismo.

Con la ausencia de Boonen y Cancellara las clásicas de adoquines se quedaron descafeinadas

Boonen no pasó de París. Y ni siquiera en la carretera que lleva camino a Flandes, si no en la que llevaba dirección Niza. Allí, una grave caída dejaba al belga sin sus objetivos favoritos: las clásicas. Semanas después, en Harelbeke, el suizo que mejor ha pasado los adoquines en la historia decía adiós a sus opciones tras otra caída. Sin los dos estaba claro que Roubaix y Flandes no iban  a ser lo mismo. Muchos nos frotábamos las manos pensando que sin un dominador claro las carreras serían más abiertas y la diversión mayor. Sin embargo, la ley del miedo fue superior a la ambición.

Kristoff en Flandes

Kristoff se llevó Flandes con facilidad por delante de Terpstra – ©Ciclismo a Fondo

Kristoff y Degenkolb han sido los “sucesores” de Cancellara y Boonen en estas dos clásicas. Los dos han sabido jugar las cartas a la perfección y tanto el noruego (en Flandes) como el alemán (en Roubaix) han ganado con total merecimiento. A pesar de su condición de sprinters, han atacado para estar delante, y sabiéndose los más rápidos han sabido ser los mejores en los últimos metros. Su actuación ha sido la nota positiva de estas clásicas y también de la temporada. No olvidemos que Kristoff es sin duda el ciclista del año y que Degenkolb ya había triunfado en la Milan-San Remo (solo tres corredores han repetido en el mismo año victoria en la ‘Classicissima’ y en el velódromo de Roubaix). El problema ha sido la actitud de otros ciclistas y otros equipos.

Kristoff y Degenkolb fueron de los pocos que dieron la cara en las grandes clásicas. De ahí, sus victorias. Decepcionante ha sido la actuación de equipos como Etixx o de ciclistas como Peter Sagan

La mención a parte en estas dos carreras se la lleva el Etixx Quick-Step. Un equipo preparado para arropar a su líder Tom Boonen, y que aún así se ha mostrado como el equipo más superior en estas dos clásicas. Sin embargo, tácticamente se han equivocado en múltiples ocasiones. Como consecuencia, simplemente han podido disparar al palo (dos segundos puestos). En Flandes, Tersptra se inmoló relevando a Kristoff hasta la misma recta de meta. No le negó un relevo hasta los últimos tres kilómetros, y el noruego agradeció el gesto venciendo al sprint con facilidad. Todos esperábamos algo más del anterior ganador de Roubaix, que por lo menos podía haber hecho dudar a Kristoff un poco más.

En Flandes también estuvieron en el corte final. Stybar demostró piernas para llegar al terceto de cabeza, donde tenía un compañero (Lampaert), e incluso fue capaz de robarle la segunda plaza a un velocista como Van Avarmaet. El problema es que en ese grupo había un mal cliente. Mal cliente que no existía cuando dos Etixx abrieron diferencias gracias al ataque de Bradley Wiggins. El británico fue el único capo de la carrera que dio la cara junto a Degenkolb. El problema de Etixx no fue la falta de efectivos, si no la falta de decisión, de saber elegir el momento adecuado para arriesgar.

Degenkolb

La culpo no ha sido solo de Etixx, si no que también podríamos hablar de otros muchos equipos. Como el Sky quemando naves por Geraint Thomas y dejándolo solo en las últimas cotas de Flandes o la poca presencia de dos Lottos (El Soudal y el Jumbo). Qué decir de ciclistas que prometían tanto como Peter Sagan y que ha aguantado en los grupos delanteros pasándolo mal. En resumen, los adoquines han sido una ocasión desaprovechada para muchos y sobre todo por el ciclismo. Porque esta semana todos esperábamos algo en ausencia de los dos capos. Hacía tiempo que no se veía un sprint tan numeroso en el velódromo de Roubaix, o un Carrefour de l’Arbre con tantos ciclistas luchando por la posición.

Porque en la vida sin Boonen y Cancellara impera el miedo, el pinganillo y la especulación. No existen los ataques épicos y las tácticas de equipo hace tiempo que han perdido el sentido. Porque las clásicas sin ellos, de momento, no son lo mismo. Por eso los adoquines ya han comenzando la cuenta atrás. Esperando, tranquilos, sabiendo que todo volverá a ser igual cuando puedan hacer botar a las bicicletas de Fabian y Tom dentro de 365 días.