Ponle un V8 a tu portátil

Un PC preparado para los últimos videojuegos es caro. Cualquiera que haya tenido que sufrir con un Crysis que parece una película de stop-motion sabe de lo que hablo. La razón, también la sabemos todos. La CPU sigue en sus 3 GHz – y bien que está ahí, si no queremos que se derrita. ¿Más núcleos? Realmente la lógica de los juegos no requiere tanto. La RAM, qué vamos a decir. Nadie me llamará loco por tener una máquina con 32 GB. El almacenamiento se ha disparado hasta el punto de que la papelera de reciclaje es casi un chiste.

Así que, cómo no. La tarjeta gráfica. Cada año – o menos – los desarrolladores de software dejan las GPUs de la anterior generación prácticamente inútiles. Los fabricantes, claro, se frotan las manos. Supongo que esto es lo que hay, si uno quiere seguirles el ritmo. Pero tiene (o tenía, que para algo escribo) un matiz bastante más doloroso para nuestros presupuestos cuando se trata de portátiles. A fin de cuentas, si uno sabe usar un destornillador (o tiene un conocido que sirva a tal efecto), podemos reemplazar la tarjeta gráfica de nuestra torre por el último modelo, dejando el resto de componentes intactos. Y también intacta una buena porción de nuestra cartera.

Pero uno puede no estar como para tener una torre en casa, y a la vez un portátil para el trabajo (y una tablet, y un smartphone, y una TV inteligente, y un ebook, y un robot de cocina, y un robot antiminas, y un drone Avenger, y esta auténtica tontería, y consume, consume, ¡maldito!). Puede que tenga que llevar el portátil por el mundo adelante por razones laborales, pero me gustaría poder usarlo en los descansos para enfrentarme a hordas de zombies soviéticos con un Kalashnikov. Desgraciadamente, esto significa que:

a) gracias a Ella mi portátil se va a convertir en una sandwichera. Hacer visibles esos mundos espectaculares es una actividad intensa para la tarjeta, y va a hacer que sude. Esto lo acepto como parte de la existencia, igual que la lluvia en Galicia o la desaparición de los calcetines.

b) cuando los desarrolladores de Metro decidan que es estrictamente necesario mostrar en la pantalla el movimiento independiente de todos los hierbajos de un campo, no sólo voy a tener que cambiar mi tarjeta gráfica. Voy a tener que comprar una máquina nueva.

Me niego a gastar más de lo necesario en semejante carrera armamentística. Pero entiendo que esa no es la elección de todo el mundo.

Sus buenas razones tendrán los fabricantes, diréis. Y realmente, cambiar los componentes internos de un portátil es una tarea delicada. No creo que haya mercado en que el usuario promedio tenga que pelearse con el nudo gordiano que habita en las carcasas.

Mi decisión personal es intentar jugar con algo de retraso, y tratar de esconderme de la vigilancia de los spoilers cual Solid Snake. Me niego a gastar más de lo necesario en semejante carrera armamentística. Pero entiendo que esa no es la elección de todo el mundo. Lo que es más: si todos lo hiciésemos, simplemente todos pagaríamos demasiado.

Ahora es el momento de decir, Santi, muy bien, ¿y qué me quieres contar con esto? ¿Quieres deprimirnos? Bueno, lógicamente escribo por algo. Una opción poco conocida es una tarjeta gráfica externa, o eGPU. ¿Qué? Del mismo modo que no pretendemos llevar encima del portátil los 4 TB de <información importante> que guardamos en un disco duro externo en casa o en el maletín, ¿por qué no separar también la potencia de la tarjeta gráfica?

Creo que no hace falta venderos las ventajas. Menos peso, menos consumo cuando no se juega. El calor infernal de la tarjeta se queda en su caja con un ventilador dedicado, y la GPU puede ser tan grande como queramos. Un V8 conectado a un kart. Nada de estar limitado por estar dentro de un portátil. Y por supuesto, fácilmente reemplazable. Es decir, cómprate un pórtatil, trátalo bien, y no tendrías por qué cambiarlo en años sin dejar de lado estar siempre preparado para los últimos juegos. Shut up and take my money.

Y, tristemente, la respuesta que he oído a esto ha sido, invariablemente: pues sus buenas razones tendrán las empresas para no hacerlo.

Sí. Sí que las tienen. Que si cuela, cuela. La tarea de transferir toda la información entre el portátil y la posible GPU externa no es fácil. Hace falta una buena autopista para tanto coche. De nada sirve tener una granja que genere millones de huevos por hora si no podemos enviar más que mil a la vez a su destino, y tiramos el resto. Vamos, un plug-and-play tipo USB no es una opción. Pero no desesperemos. No hace falta recurrir a un InfiniBand. El puerto Thunderbol desarrollado por Intel (y probablemente popularizado por su uso en productos de Apple) tiene, ahora mismo, suficiente ancho de banda como para ser capaz de darle una tarjeta gráfica aceptable a algún portátil tipo netbook en el que en principio no sería ni una opción jugar – o usar cualquier otra aplicación gráfica.

Los números para este método aún no son perfectos. Los 20 GBit/s del Thunderbolt son suficientes para una Nvidia de la serie M. Sin embargo, no compite ni de cerca con los 250 GBit/s del bus PCI x16 que tenemos dentro del portátil, al que normalmente se conectan las tarjetas. Y hacen buena falta para modelos como la popular serie GTX, también de Nvidia.

Sin embargo, creo – y no soy el único – que el principal motor del desarrollo es la necesidad. Si aquí hubiese un mercado, me hallo completamente convencido de que veríamos nuevas versiones del Thunderbolt – o de lo que fuera – con capacidades cada vez más cercanas a las de las últimas tarjetas gráficas. Así que la cuestión de por qué no hay un mercado recae, precisamente, sobre quien está fabricando estas conexiones de alta capacidad. Sobre quien está frenando al motor. Es decir, Intel.

Por algún motivo – aham, a Intel le hace gracia poner auténticos problemas a la hora de “permitir” a un producto usar la conexión Thunderbolt. Exacto. Benditas patentes. Hasta la gente de Apple, que recordemos, es el principal usuario de Thunderbolt en sus productos, se queja. Y hablamos de gente que normalmente se dedica a convencerte de que el gato con tres patas que les has comprado en realidad está lleno de ventajas. En particular, es curioso cómo no ha conseguido salir al mercado ninguna de las soluciones para tarjeta gráfica externa que se han ido proponiendo en los últimos años. Dudo que sea por falta de clientes, desde luego.

Si es una buena estrategia comercial o no, no me atrevo a juzgarlo. Tener un monopolio así es muy jugoso, ya que no cualquiera se puede subir al carro de implantar un nuevo estándar de transmisión de datos a alta velocidad. Por el otro lado, USB no sería lo que es hoy si cada producto que pretendiese utilizarlo necesitase el permiso de Intel. Allá ellos. Para nosotros, es claramente malo.

Como ya dije, no quiero sólo deprimir a la gente. Si tienes ganas y estás lo bastante loco, puedes montarte un Do It Yourself. Hay gente lo bastante maja como para vender adaptadores Thunderbolt-a-PCI. Por ejemplo, entre muchos otros. Pero además de ser demasiado caros, no están pensados para tarjetas gráficas, sino para discos duros o tarjetas de captura de video, que suelen consumir menos que una GPU, y no requieren refrigeración. Hace falta, pues, un poco de bricolage para montarlo. Por suerte, la caritativa comunidad de los Internets ha hecho una cantidad transfinita de tutoriales al respecto. Si quieres embarcarte en la aventura, Google y Youtube serán tus mejores amigos.

eGPU

Sí que es feo, sí

Sé que esto puede resultar un poco excesivo, teniendo en cuenta que para conseguir una tarjeta externa simplemente “aceptable” uno invierte bastante trabajo, algo de dinero, y un poco más de riesgo de cargarse un elemento en el proceso. Casi – o no casi – hace que compense comprarse un nuevo portátil con esa tarjeta “aceptable”, que en realidad no va a costarnos mucho más.

En otras circunstancias, terminaría aquí, con un llamamiento al consumo responsable, y a que esto se trata de más que de tener o no tener la mejor tarjeta gráfica actualmente disponible. Tenemos una responsabilidad, nuestros hábitos como consumidores determinan el comportamiento futuro de las compañías, el poder está en nuestras manos, si hacemos esto finalmente recogeremos los frutos, bla bla y bla.

Alguien tenía que ponerle el cascabel al gato.

Pero eso es un poco insulso, y si he escrito esta pequeña recapitulación histórica, es porque hay novedades. Que son a la vez buenas, y malas.

Dos gigantes del los gaming laptops, MSI y Alienware, han decidido que a ellos todo esto de vender un portátil nuevo cada vez que haya que cambiar las tarjetas no les va. Que total, no se dedican a fabricar pantallas, y saben que sus clientes están más que dispuestos a pagar lo que haga falta, pero eso sí, por lo que quieren. Así que en el último CES lanzaron sendas sendas bombas. Van a sacar al mercado sus propias cajas externas para eGPUs. Y hablamos de conexiones tipo PCI – es decir, con toda la potencia de una conexión interna. El precio acompaña, lógicamente. Pero esa no es la mala noticia.

La mala noticia es que la conexión es propietaria, y por ahora sólo va a estar disponible en modelos muy específicos de ambas marcas. Si funciona, puede que veamos una nueva versión de la película Blu Ray vs HD DVD. O de VHS vs Betamax, si eres un hipster y te va el rollo retro. Puede que quizá una se generalice y la podamos encontrar finalmente en otras marcas. Puede que ambas. Va a llevar tiempo. Y puede que ninguna llegue lejos.

Mi conclusión, o más bien mi esperanza, es que esto es la piedra angular de un nuevo modelo de venta que podría finalmente desplazar al ciclo de compra/juega/juega mal/juega horriblemente mal/compra de nuevo en el que está metida la industria ahora mismo. Alguien tenía que ponerle el cascabel al gato. El tiempo dirá.