¿Podemos fiarnos de las encuestas?

Son tiempos difíciles para la demoscopia. En un año plagado de citas electorales el panorama político no podría ser más cambiante… e interesante. Hace ya cuatro años Álvaro Pombo, quién sabe si ebrio de felicidad o de otras sustancias, describió en un mitin de UPyD la realidad del momento: vivíamos en la política de la disyunción. O PP o PSOE. El Premio Planeta y Nadal, eso sí, erró en su predicción de futuro: creía que el partido magenta sería el que introduciría la conjunción copulativa, la “y” que simbolizaría los pactos. Esa era de los pactos se acerca, pero dejando de lado a UPyD. Y, de paso, a IU. Todo esto se puede intuir a través de las continuas encuestas y las Elecciones Andaluzas. Aunque éstas no fueron más que un espejismo, sí que ayudan a ver la realidad. Ni tanto para PSOE y PP, ni tan poco para Podemos y Ciudadanos: Andalucía es una de las comunidades que más respeta sus tradiciones en lo que al voto se refiere.

Es mejor no quedarse con las cifras como un dato grabado en piedra: hay que observar la tendencia

Pero vamos al tema: las encuestas. Se han convertido en un termómetro que no sólo intenta definir el panorama político, sino que también marca la agenda de los partidos. De encuesta en encuesta el PP da marcha atrás con la reforma de la ley del aborto, el PSOE (más bien un asustado Pedro Sánchez) se carga a Tomás Gómez, Podemos modera su programa inicial y Ciudadanos se siente en la cresta de la ola. Al final son las encuestas las que van propiciando cambios de unos y otros. El problema es que, en un momento político tan convulso, es difícil fiarse de ellas. La mayoría suelen definirse, simplificando mucho, por la intención directa de voto y el voto probable declarado. Luego nos encontramos con la famosa cocina, resultante de comparar los resultados de la encuesta con elecciones, encuestas preelectorales y demás. Más allá de los cocineros a los que se le va la mano con las especias, este sistema ayuda a acercarlas a la realidad. Así es como se puede intuir que, por ejemplo, las encuestas suelen dar una intención de voto al PP muy inferior al resultado final, algo a tener en cuenta. Pero claro, con la aparición de partidos nuevos todo este sistema se va al traste. Hay más variables y es complicado acercar las encuestas a la realidad. Por lo tanto, es mejor no quedarse con las cifras como un dato grabado en piedra: hay que observar la tendencia.

El tetrapartidismo perfecto de la última encuesta de Metroscopia | Fuente: El País

El tetrapartidismo perfecto de la última encuesta de Metroscopia | Fuente: El País

La última encuesta publicada a nivel nacional, la de Metroscopia para El País del pasado domingo, revela un panorama que se veía venir, pero igual no hasta tal extremo: habría un empate técnico entre Podemos, PSOE, PP y Ciudadanos, en el que el primero tendría el 22.1% de los votos y el cuarto el 19.4%. Huelga decir que estas variaciones entran dentro del margen de error de cualquier encuesta, por lo que la colocación de esos cuatro podría ser cualquiera. Sin embargo, aquí sí que observamos claramente la tendencia a abandonar el bipartidismo para pasar a un sistema tetrapartidista. Si bien lo primero ya se imaginaba con la irrupción de Podemos, el repentino ascenso de Ciudadanos ha hecho que se vuelva a redefinir el panorama político que reflejan las encuestas. Estamos siendo testigos de un procedimiento bastante extraño: tanto Podemos como Ciudadanos han ido a unas elecciones con una gran presencia en televisión (en el caso de C’s en todos los medios), han obtenido un resultado sorprendente y luego ha llegado la consolidación mediante subidón en las encuestas.

Dos líderes que han conseguido hacer saltar por los aires el bipartidismo | Fuente: Libertad Digital

Dos líderes que han conseguido hacer saltar por los aires el bipartidismo | Fuente: Libertad Digital

No podemos observar los datos de intención de voto como si fuesen una verdad absoluta. Sin embargo, sí que hay datos tan apabullantes que no se pueden obviar y no hacen más que confirmar la tendencia: el 72% de los encuestados desaprueba la gestión del Gobierno, el 74% a afirma que sus medidas han incrementado la desigualdad y el 81% cree que los buenos datos del paro son pequeñas variaciones y no grandes pasos “en la buena dirección”. Sin embargo, de un tiempo a esta parte el PP (ateniéndose a las encuestas) no está perdiendo predicamento: en noviembre del pasado año su intención de voto según Metroscopia era de un 20.7%, mientras que este pasado domingo de un 20.8%. Coincidiendo con el ascenso meteórico de Ciudadanos, el PSOE pasó del 27.7% de diciembre al 21.9% ahora. Ni las Elecciones Andaluzas han conseguido darles un balón de oxígeno. Si se desaprueba tanto la gestión del Gobierno pero últimamente parece que no le cuesta votos en las encuestas… ¿qué está pasando? Parece que la mala gestión del PP y el mensaje de la herencia recibida que pesa sobre el PSOE están debilitando a un bipartidismo criticado por C’s y tachado de casta por Podemos. Sumando todo esto, nos encontramos en un momento de incertidumbre en el que la tendencia es clara, aunque no podamos fiarnos de las cifras concretas de las encuestas: no veremos tan pronto ni bipartidismo ni mayorías absolutas. A partir de ahora el que quiera gobernar tendrá que pactar. Y, de esa forma, ganamos todos.