Islam y democracia: ¿Una relación tensa?

Uno enciende la televisión y lo primero que se encuentra son los gritos de “¡Allahu Akbar!” de una panda de colgados enarbolando una bandera negra mientras se cepillan brutalmente al occidental de turno. A veces también vienen acompañados de una extraña melodía con cierta musicalidad, pero siempre se representa lo mismo: grandes fracasos políticos en Oriento Medio de los países musulmanes. ISIS, represiones absurdas de la libertad de expresión, atentados… De hecho, esta misma semana han muerto 147 personas fruto de un ataque religioso en la Universidad de Garissa, Kenia. Todo parece indicar siempre que los países islámicos no están preparados para respetar los derechos humanos ni para ser considerados democracias. ¿Pero podemos fiarnos de la imagen que nos dan los vídeos tan bien editados de ISIS? ¿Hasta qué punto podemos estar seguros de que es la religión musulmana la culpable y no se debe a que están chalados? ¿Cuál es la verdadera relación entre islam y democracia?

En el libro Are muslims distinctive? A look at the evidence Steven Fish, profesor de política comparada en Berkeley, trata de responder a estas preguntas sin caer en argumentaciones baratas ni filosóficas. Para ver cuál es la relación entre islam y democracia no basta con ver vídeos de Youtube y juzgar desde el sillón de casa. Hay que acudir a los datos. Pero, ¿qué es democracia? En el estudio de Fish se usa la definición que da Juan Linz, que se basa en el control popular del Estado a través de elecciones libres y efectivas, y en la presencia de derechos de libertad de expresión. Pero obviamente no todas las democracias son iguales ni perfectas. Quien no tiene problemas de representatividad o corrupción tiene un Guantánamo a la vuelta de la esquina. Existen varios índices que tratan de recoger el grado de democratización de los países, pero todos son imperfectos, así que Fish, en vez de liarse la cabeza escogiendo uno, opta por usar cuatro de ellos. Para comparar los efectos emplea el porcentaje de población musulmana como medida del grado de “islamismo” de un país. De esta forma obtiene datos para 172 países, de los cuales 44 son considerados islámicos (aquellos con más del 55% de población musulmana).

Niveles de democracia países musulmanes y no-musulmanes. Fuente: Are muslims distinctive?

Niveles de democracia países musulmanes y no-musulmanes. Fuente: Are muslims distinctive?

Bueno, y ahora que ya tenemos los datos… ¿Cuál es la respuesta? Viendo el gráfico arriba expuesto, el resultado parece evidente: ¡los países musulmanes son sensiblemente menos democráticos! Asunto cerrado. Pues no. No seamos simplistas. Esta conclusión no responde a nuestra pregunta inicial. Y es que, ¿hasta qué punto podemos decir que los países islámicos son menos democráticos únicamente por ser musulmanes y no por otras causas históricas? Quizá sea únicamente porque los países musulmanes son en media menos ricos –y eso llevaría a peor calidad política–, o por características de tipo social ajenas al islam. Por ello Fish decide controlar (una palabra chula que usamos en econometría que significa cargarse el efecto distorsionador debido a variables extra y aislar así lo que buscamos) por PIB per cápita, esperanza de vida, tamaño de la población del país, nivel de diversidad étnica, si el país tiene dependencia del petróleo, si ha tenido una independencia tardía, si es país árabe y por el nivel de desigualdad de género en alfabetismo. Un montón de factores, vamos. ¿El resultado final? Los países musulmanes son entre 10 y 20% menos democráticos que el resto. Este resultado es robusto a utilizar diferentes medidas de democracia y diferentes especificaciones. Es decir, que si “teóricamente” tuviéramos dos países que fueran exactamente iguales excepto porque en uno el 100% de la población es musulmana y en el otro no hay ningún musulmán, el país islámico sería entre 10 y 20% menos democrático que el otro. ¿Es eso suficiente como para pensar que los musulmanes se van a poner a gritar Allahu Akbar y maten un par de occidentales desprevenidos cuando menos nos lo esperemos? Pues probablemente no. Pero es lo suficientemente como para generar diferencias del nivel Canadá – Polonia/Italia (10% menos democráticos que Canadá) o Canadá – Brasil/Sudáfrica (20% menos democráticos).

Por tanto parece quedar más claro que el islamismo y la democracia no se llevan muy bien. ¿Pero por qué se da esto? ¿Es quizá porque son países más pobres o porque suelen tener petróleo y el oro negro corrompe las mentes de los líderes? No, ya que el autor controla por factores socioeconómicos y por la presencia de petróleo, y los resultados no se ven alterados. Pero tal vez estos factores no afectan porque tampoco tienen mucho que ver con la religión. ¿Y si fuese porque los países musulmanes son más corruptos? Fish estudia los niveles de percepción de la corrupción, y determina que una vez controla por una serie de variables que podrían contaminar los efectos del islamismo, encuentra que los países musulmanes no son significativamente más corruptos que el resto. ¿Y si es debido a la presencia de mayor violencia en los países islámicos? De nuevo, Fish observa que estos países tienen menores niveles de homicidios y que no son distinguibles del resto de Estados en cuanto a las muertes en violencia política a gran escala. Por tanto, los países musulmanes no son más violentos en este aspecto, al contrario de lo que se suele creer, si bien es cierto que tienen más actos de terrorismo que el resto. Pero lo que no está tan claro es si el terrorismo es una causa de la falta de democracia o un efecto de la misma. ¿Y qué hay de la desigualdad de género? Si bien es cierto que en los países islámicos la mujer tiene un estatus relativamente más bajo que en el resto y esto podría afectar negativamente al grado de democratización, el autor encuentra que la desigualdad de género no aporta información útil y significativa a la hora de explicar el nivel de democracia de un país (al menos para los indicadores de democracia que el autor usa).

Ratio de alfabetismo mujer-hombre en países musulmanes y no-musulmanes. Fuente: Are muslims distinctive?

Ratio de alfabetismo mujer-hombre en países musulmanes y no-musulmanes. Fuente: Are muslims distinctive?

Pero hay un hecho que resulta bastante curioso, y es la actitud con respecto a la democracia de los propios musulmanes. Visto lo visto, uno quizá esperaría una visión bastante rancia de la democracia por su parte. Usando datos de la encuesta World Values Survey a más de 90 000 personas –20 000 de las cuales son musulmanes–, Fish encuentra que si bien inicialmente la población islámica tiene una actitud menos favorable hacia la democracia, cuando se controla por factores externos son prácticamente indistinguibles del resto. ¿Qué nos queda entonces? Fish reconoce que es incapaz de dar con la clave, y nos deja sin el porqué que buscábamos.

Por tanto y resumiendo, si bien es cierto que los países musulmanes tienen unos niveles inferiores de democracia cuando se les compara con el resto, las causas de esta mala relación son inciertas. Quizá la siguiente pregunta que deberíamos plantearnos es si está el islam preparado para evolucionar y adaptarse como lo hicieron otras religiones en su momento, o si por el contrario su estructura política interna lo hace incapaz de reforma. Pero esa ya es otra cuestión a la que por ahora somos incapaces de contestar.