UPyD: ¿Principio del fin o de una nueva era?

25 de mayo. Anochece en Madrid. Todo sigue igual en sus calles mientras Europa decide su destino. Cerca de la Puerta del Sol, en la Calle Cedaceros, la alegría se consuma. Estamos en la sede nacional de UPyD, donde Rosa Díez celebra junto a Francisco Sosa Wagner un resultado esperanzador: cuatro eurodiputados, tres más que en la anterior cita electoral de estas características. Las sonrisas son el factor común entre los simpatizantes de la formación magenta. Quién les iba a decir que, diez meses más tarde, el partido estaría pasando por la que probablemente sea la mayor crisis a la que se ha enfrentado desde su fundación, allá por 2007. Ésa fue la noche que lo cambió todo: un partido casi desconocido liderado por un politólogo curtido en los platós de televisión se convertía en el cuarto partido con más eurodiputados, con cinco. Desde Catalunya también debutaba Ciudadanos, con dos escaños en su primera aventura con éxito más allá del ámbito autonómico. Al mismo tiempo, El País publicaba dos análisis postelectorales: Pierde el bipartidismo y otro que ha envejecido mucho peor, IU y UPyD confirman su subida y se postulan como bisagras para 2015. Quién te ha visto y quién te ve.

Rosa Díez haciendo campaña para las Elecciones Europeas antes de que Ciudadanos se interpusiese entre los dos | Foto: EFE

Rosa Díez haciendo campaña para las Elecciones Europeas antes de que Ciudadanos se interpusiese entre los dos | Foto: EFE

Pasaron los meses y todo permanecía tranquilo entre las filas magentas. Mientras tanto, un episodio crítico para UPyD se iba acercando lenta pero inexorablemente: el partido empezaba a conversar con Ciudadanos sobre una posible confluencia. Sin embargo, las condiciones exigidas por UPyD para concurrir con otro partido fueron demasiado para los “naranjitos”: transparencia absoluta (Transparencia Internacional puntuó a UPyD con un 9 y a C’s con un 3), política de pactos acorde con su ideario (del que se aleja bastante Libertas, partido junto al que C’s concurrió a las Elecciones Europeas de 2009) y un mayor control del transfuguismo. UPyD en su conjunto votó en contra de este pacto. Sin embargo, el eurodiputado y cabeza de lista en las Elecciones Europeas Sosa Wagner no se mostró conforme con esta decisión. Esto llevó a un conflicto que terminó con él fuera del partido por contravenir una decisión tomada democráticamente por el conjunto de sus militantes. Aquí nos encontramos con uno de los problemas de UPyD: la comunicación. A pesar de que esta decisión estaba absolutamente justificada, todo este proceso trascendió a la opinión pública como un golpe de autoridad de Rosa Díez.

El fantasma del pacto con Ciudadanos se mantiene sobre UPyD hasta día de hoy, e incluso cobró fuerza con el ascenso del partido liderado por Albert Rivera. La presencia en los medios y la fortaleza en la comunicación han hecho que Ciudadanos eclipse a UPyD, hasta el punto de que se han convertido en el principal representante de la conocida como “tercera vía” en España. Si nos fijamos en las encuestas, la intención de voto a C’s supera por mucho todas las expectativas de UPyD a lo largo de su breve historia. Y todo esto con un programa similar pero bastante más desdibujado que el que lleva defendiendo la formación magenta desde 2007. El salto de la demoscopia a las urnas traía consigo esperanza para UPyD, pero las Elecciones Andaluzas del pasado domingo (de las que Carolina Neira hizo una magnífica crónica) no sirvieron para despejar las dudas del partido. Mientras que Ciudadanos consiguió debutar en Andalucía, UPyD se quedó sin representación parlamentaria una vez más. Todos los ojos estaban de nuevo sobre la portavoz del partido.

Tanto medios como militantes esperaban una dimisión o, por lo menos, una asunción de responsabilidades. No sucedió ni lo uno ni lo otro.

La propia Rosa Díez convocó una rueda de prensa al día siguiente a las 16:00. Tanto medios como militantes esperaban una dimisión o, por lo menos, una asunción de responsabilidades. No sucedió ni lo uno ni lo otro. Las reacciones dentro del partido no tardaron en llegar: Toni Cantó, diputado y candidato a la presidencia de la Generalitat Valenciana, calificó la rueda de prensa como “decepcionante”. Hubo quien llegó más lejos todavía, ya que los también diputados Irene Lozano y Álvaro Anchuelo (junto a David Andina y Rodrigo Tena) abandonaron su puesto en el consejo de dirección de UPyD. Para rematar la situación, Irene Lozano pidió al día siguiente la dimisión de Rosa Díez en una entrevista concedida a la Cadena SER. Mientras, Carlos Martínez Gorriarán (número dos del partido) criticaba a los que “apuñalan por la espalda”. La situación es ahora mismo insostenible para UPyD, que debe hacer algo si no quiere caer en la irrelevancia política al término del año más electoral que se recuerda. Y digo un indeterminado “hacer algo” porque está claro es que no hacer nada y permanecer igual no es la solución.

Malagón reflexiona sobre las Elecciones Andaluzas y lo bien que le han sentado a Rosa Díez  | Fuente: Malagón (para CTXT)

Malagón reflexiona sobre las Elecciones Andaluzas y lo bien que le han sentado a Rosa Díez | Fuente: Malagón (para CTXT)

En sus orígenes, UPyD bebió directamente de la imagen pública de su portavoz para crecer y hacerse un hueco en el panorama político español. Sin embargo, la figura de Rosa Díez ha ido decayendo con el tiempo: en su momento era la líder nacional más valorada según el CIS, pero a día de hoy está muy lejos del aprobado (3’66). Hace tiempo que UPyD dejó de ser sólo “el partido de Rosa Díez” gracias a la lucha contra la corrupción y la defensa de la regeneración democrática. Hay que plantearse si a la hora de defender esto último la figura de Rosa Díez es contraproducente: la mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino también parecerlo; del mismo modo, un partido tiene que ser democrático (que en este caso no cabe duda de que lo es), sino también parecerlo. Y ahí la fama de autoritaria de Díez hace que UPyD pierda enteros, cuando la democracia interna es uno de lo pilares del partido. Es el momento de dar un paso atrás y dejar que el partido decida si quiere que sean otros los que ocupen la primera línea. Es el momento de que UPyD acabe de quitarse la etiqueta de ser “el partido de Rosa Díez” para reivindicarse como una formación que lleva defendiendo la “nueva política” desde su creación. Al fin y al cabo, otros nacieron antes y no se acordaron de hacerlo hasta el año pasado… y ahora están adelantando por la derecha (o atropellando, según se vea) a UPyD.

Imagen destacada: Malagon | Ctxt