Únete a la Brigada Mekakushi

Muchos grupos musicales a lo largo de estos últimos años han creado discos conceptuales a partir de historias ya creadas, fuesen fantasiosas o históricamente verídicas. Sabaton lo hizo no hace mucho con su Carolus Rex, basado en las hazañas militares de Carlos XII de Suecia, Blind Guardian nos regaló un pepinazo en 1998 con Nightfall in Middle-Earth, inspirado en El Silmarillion de Tolkien e incluso Judas Priest sucumbieron a la tentación con su infumable Nostradamus. Lo que no suele ser tan común es que sea una agrupación de canciones lo que termine inspirando una historia, sea animada o escrita. Esto es lo que ocurrió recientemente con Kagerou Project, una serie de canciones producidas en Vocaloid (un programa de creación de música con voces artificiales) por el joven músico nipón Jin en el año 2012, cuyo desmesurado éxito en Internet llevó a su autor a escribir una novela basada en sus temas musicales y, finalmente a que el Estudio Shaft (una de las empresas de animación más exitosas de los últimos años en tierras orientales) adaptase la trama a un anime a mediados del año pasado. Y ahí nació Mekaku City Actors.

Shintaro Kisaragi es un pobre infeliz que vive encerrado en su casa, aislado del mundo, desde hace un par de años. Su único contacto “humano”, al margen de los repartidores de comida que, suponemos, encargará a domicilio, se reduce a Ene, un aparente virus informático de apariencia femenina y con inteligencia propia que se ha colado en su ordenador y dedica su existencia a fastidiarle. Un buen día, por culpa de Ene, Shintaro vierte su Coca Cola (o Dr. Pepper, o lo que sea que beban allí) en el teclado, siendo convencido por su compañera cibernética para salir al centro comercial a comprar uno nuevo. La mala suerte de nuestro joven hikikomori hará que justo ese día sea el escogido por una banda terrorista para clausurar el lugar y tomar como rehenes a los visitantes. Shintaro tendrá que colaborar con unos extraños jóvenes capaces de desatar poderes sobrenaturales a través de sus ojos para liberarse de los captores. El grupo de zagales, que se hace llamar Brigada Mekakushi, le obligará a unirse a ellos y ayudarles en sus acciones. Y ese será solo el principio de su nueva vida.

formeinfullbloom.wordpress

No, no son una panda de grafiteros indeseables, son la Brigada Mekakushi / formeninfullbloom.wordpress

La calidad técnica de Mekaku City Actors está bastante por encima de la media. Para explicar esto hay que referirse a Shaft, su estudio creador y, aún en mayor medida, a Akiyuki Shinbou, director fetiche de la compañía. Este realizador japonés es, probablemente, uno de los artistas audiovisuales con más talento para la creación y composición de imágenes de su generación. Su mano está tras la creación de animes tan laureados como Madoka Magica (sé que menciono esta serie en casi todos mis artículos recientes, pero es que de verdad, es muy buena),  Bakemonogatari (y sus continuaciones) o Arakawa Under the Bridge. Y Mekaku tiene un poco de esos tres. Una revisión del género (en este caso de pandilla de chicos y chicas con poderes) dejando atrás los cánones habituales, como en Madoka, pequeñas notas de romance y humor absurdo al estilo de Arakawa y, sobre todo, un conglomerado artístico que la emparenta enseguida con Bakemonogatari. Porque lo primero que llama la atención en una obra de Shinbou es el apartado visual (si exceptuamos un breve momento en CGI en uno de los capítulos que, realmente, da vergüenza ajena).

Mekaku City Actors es un anime con una técnica de composición visual maravillosa

Tiende a utilizar secuencias largas, con poco movimiento, pero mucha significación. En los planos generales es casi como si pintase un gran cuadro, una escena estática creada para que nuestra atención se centre en pequeños puntos de la composición de forma alterna y sucesiva, siguiendo una armonía casi perfecta, algo similar a lo que ocurría, guardando las distancias, con los magistrales encuadres amplios que David Lynch comenzó a desarrollar en Twin Peaks. Lo habitual es encontrar a los transeúntes sin color, o directamente sin cara, para que destaquen lo menos posible y no distraigan nuestra capacidad de concentración de lo que están haciendo o diciendo los protagonistas. Hay pocas secuencias de acción, pero estas se resuelven con soltura y elegancia. La paleta de colores es reducida pero simbólica a la vez, asociando a cada personaje con una tonalidad particular y manteniendo esto durante toda la serie. La banda sonora, por su parte, basada en las canciones originales, pero compuesta y grabada para la ocasión, es acertada y variada, bebiendo en su mayor parte del rock y el pop con algunos tintes electrónicos

neetfansub

No podía faltar la habitual torsión de cuello de las series de Shaft / neetfansub.blogstpo

Los nueve jóvenes, personajes principales alrededor de los cuales gira casi toda la trama, tienen personalidades tan distintas como complementarias. Al principio parecen nacer a partir de los típicos estereotipos, pero cuando conoces la historia que hay detrás de cada uno, es imposible no empatizar con ellos, cogiéndoles, al menos, un mínimo de cariño tras saber sus vicisitudes pasadas y observar las presentes.

Mekaku resulta un gran anime, al menos comparado con toda la porquería que sale cada temporada y con la que nos bombardean a diestro y siniestro. Cierto que es que no es perfecto, ni mucho menos. Tiene fallos, algunos importantes, sobre todo a la hora de enfrentar su desenlace, que semeja corto, apresurado y poco explicado. Lo cierto es que, en palabras de sus creadores, la serie fue hecha pensando principalmente en que quienes conociesen previamente las canciones la disfrutarían más y por ello terminaron dándole un final distinto al que tenían la adaptación a novela o el conjunto de temas musicales, confiando en la sorpresa y la emotividad que causarían a los que se esperaban un desenlace similar. El problema es que esto dejó algo fríos a los que se acercaban por vez primera a esta historia. En resumen, un anime con una técnica de composición visual maravillosa, casi al nivel de su hermano Bakemonogatari, con una historia entretenida y cargada de misterio y personajes entrañables que vale la pena ver pese a las evidentes prisas con las que fue terminado. Para los que disfruten especialmente de los trabajos de Shinbou, su última obra se encuentra recientemente en emisión, y aún inconclusa, una comedia culinaria titulada Koufuku Grafitti.

(Imagen destacada de chikiotaku.net)