Romanticismo y fútbol underground

La percepción que uno tiene de las mañanas de los viernes cambia notoriamente cuando eres universitario. Están los que ya tienen por rutina comenzar el quinto día de la semana con una resaca que ya está inherentemente amoldada a sus cuerpos, pero también los que deciden ser estudiantes responsables y no han salido para estar a las nueve de la mañana en la facultad, bolígrafo en mano, dispuestos a tomar apuntes.

Y luego estoy yo, en una realidad alternativa diferente, que me he levantado a las 9:45 para ver un partido de fútbol entre Irak y Emiratos Árabes Unidos.

Pero no voy a hacer un análisis del partido (que dicho sea de paso, fue bastante entretenido), básicamente porque dudo mucho que a alguno de los lectores habituales de Compostimes le interese. De hecho, ni siquiera me interesaba a mí. He decidido sacrificar mi mañana libre para ver ese encuentro, que dictaminaría cuáles serían el tercer y cuarto clasificados en la Copa de Asia, y ni siquiera me parecía relativamente relevante.

Es una de esas cosas que haces y no sabes por qué las haces. O más bien sí. Por puro postureo. Porque siento una curiosa y quizás un tanto perturbadora parafilia hacia el fútbol  underground. Y joder, hay que reconocer que hay pocas cosas más undergrounds que un Irak – Emiratos Árabes Unidos.

Y el caso es que me aventuré a visionar dicho partido. No voy a mentir a nadie: no conocía a ningún jugador de ninguna de las dos selecciones. Mis conocimientos sobre fútbol internacional son aceptables (sin ánimo de sonar presuntuoso, claro), pero no tenía ni la más remota idea de quiénes eran esos 22 señores que saltaron el pasado viernes al estadio de la ciudad australiana de Newcastle a jugar a fútbol. Los comentarios en portugués proporcionados por el vídeo en streaming tampoco me ayudaron demasiado a incrementar mis ya de por sí escasos conocimientos sobre el fútbol en Oriente Medio.

Creo que otro de los motivos que encendieron en mi cabeza la brillante idea de ver este partido fue la extremadamente contraria situación que está viviendo cada uno de estos dos países, sociopolíticamente hablando. A pesar de ser dos naciones relativamente cercanas, sus diferencias son evidentes. Irak, tras la guerra finalizada en 2011, se encuentra sumido en la pobreza, mientras los conflictos armados no se han detenido y es considerado uno de los países más inestables del planeta. Por otro lado, EAU vive un periodo de gran desarrollo económico gracias a sus reservas de petróleo, con varias ciudades, como Dubai o Abu Dabi, que se han convertido en habituales destinos turísticos de muchas personalidades famosas.

Pero lo cierto es que los motivos que justifican lo que haces deben salir por sí mismos. Si tienes que rebuscar entre ellos para explicar por qué lo haces, dejan de ser motivos para ser excusas. Creo que en realidad me levanté a ver ese Irak – Emiratos Árabes Unidos porque soy un romántico. No en un sentido estrictamente literal, claro, pero encuentro cierto romanticismo en el hecho de “madrugar” para ver un partido de fútbol entre dos selecciones asiáticas de esas que podemos denominar outsiders. Cierto amor esotérico, cierta magia, cierto compromiso con el fútbol underground.

No hay mucho más que decir. Quizás soy un romántico o quizás tiene razón Tim Minchin cuando dice que uno de los mayores problemas del ser humano consiste en que dedicamos demasiado tiempo a buscar un sentido a cosas que realmente no lo tienen.

Quizás me he levantado un viernes a las 9:45 de la mañana para ver un Irak – Emiratos Árabes Unidos simplemente porque soy un poco imbécil.