Roberto Blanco Valdés: “Estoy curado de vanidades”

A través del cristal de la puerta se deduce que la luz está apagada. El color de esta no coincide con el del marco, que muestra aún las heridas de guerra del pasado diciembre. Esto termina de confirmar las sospechas: la de hoy es una entrevista necesaria. Llamamos y, desde dentro, la voz de un hombre nos invita a pasar. Ya dentro, hay algo macabro en la casualidad de encontrar su despacho empapelado de viñetas recortadas de la prensa a lo largo de los años. En persona, Blanco Valdés sorprende. Es un hombre menudo, con una mano pequeña que aprieta con firmeza la de sus invitadas. En un par de minutos, dispone las sillas en un triángulo, coge una botella de agua y se sienta. Mira continuamente a los ojos y acostumbra a empezar las frases en clave de “yo”. Con sus palabras, deja claro que es muy difícil ser él, pero le da igual, le encanta. Bienvenidos al despacho donde nace la polémica. Con ustedes, Roberto Luis Blanco Valdés.

Imagen: Lidia Lareo

Imagen: Lidia Lareo

¿Cómo se ve el debate sobre la reforma constitucional desde la cátedra?

 Es una cosa curiosa y que llama bastante la atención, el debate sobre la reforma constitucional en España es un debate en el que han participado de una forma poco activa los profesores de Derecho Constitucional. Hay algunos profesores que hemos participado en el debate desde los medios de comunicación,  y es cierto que en el ámbito académico hay algunas publicaciones o libros, pero ha habido pocos profesores que participen en los medios. Incluso ha habido una especie de temor a entrar en el tema de la reforma constitucional pensando que había que esperar un poco a ver cómo iba perfilándose la eventual propuesta de reforma antes de opinar. A mí me llama la atención, porque por ejemplo cuando se produce todo el tema del Estatuto de Catalunya hay un silencio muy llamativo de los profesores de Constitucional, y en este tema en concreto hay una sensación de que debería haber más gente opinando desde la academia. Yo, por ejemplo, la próxima semana no, la otra, no sé si el día 27 o el 23, participo en un seminario. Hay seminarios y hay reuniones, pero el hecho de que los partidos no hayan informado muy bien de qué quieren reformar, qué hay que reformar…  Yo creo que ha retraído a la gente, que prefiere opinar sobre seguro a arriesgar.

¿Debate necesario o cortina de humo?

El objetivo de una reforma constitucional no es poner al día las constituciones, sino solucionar problemas, y el único problema que tenemos planteado que exige una reforma constitucional es el problema territorial.  Esto plantea un problema gravísimo que es, sin duda, el mayor problema que plantea la reforma constitucional: que en realidad en España tenemos dos problemas territoriales que exigen soluciones contradictorias. Tenemos un problema territorial y es que el estado de las autonomías es un estado muy descentralizado que  tiene pocos instrumentos de colaboración interadministrativa de traspaso de información. Hay que cerrar el mapa de distribución de competencias, no podemos tener un artículo como el 152 que deja transferir todo y nada y que se permite hacer lo que quiera dependiendo de que tengas o no mayoría. Y hay otro problema territorial en España que es el problema de los nacionalismos. Que es el problema catalán y el problema vasco, en estos momentos, el problema catalán. Que exigiría esto, según algunos para resolverlo una reforma de la constitución que lleva un sentido totalmente contrario. Yo defiendo la primera reforma, no creo que sea un tema urgentísimo pero creo que sería conveniente hacerla. Y estoy en contra de la segunda reforma.

¿Y qué alternativa propone para los que creen lo contrario?

Yo creo que hay que tener paciencia y hay que aguantar el tirón. Alguien dirá que eso no es una solución. Bueno, lo fue con el País Vasco. Ahí tuvimos una reivindicación independentista muy fuerte, aunque es verdad que el nacionalismo vasco fue mucho más respetuoso con la legalidad que lo está siendo el nacionalismo catalán.  Cuando a Ibarretxe se le dijo que no desde el Constitucional, ahí se paró. Yo tengo la esperanza de que esto será lo que ocurra.  Y si mañana, en un arrebato de locura, CIU y Esquerra Republicana decidiesen declarar unilateralmente la independencia, habrá que aplicar los mecanismos que figuran en la Constitución.

“El nacionalismo vasco fue mucho más respetuoso con la legalidad que lo está siendo el nacionalismo catalán.”

Habla de “las dos Comunidades” en las que prima la cuestión independentista. ¿Y Galicia?

Yo en realidad creo que Galicia queda en el primer grupo. Galicia es una comunidad autónoma en la que los nacionalistas son muy débiles y nunca han tenido una representación potente en el Congreso de los Diputados ni en el Senado. Tienen una relevancia en el Parlamento de Galicia, pero es una fuerza poco relevante, es incomparable con la situación de Catalunya o del País Vasco. No, yo creo que Galicia está claramente en la primera opción. Cuando se elaboran los estatutos de autonomía, el catalán y el vasco en el 79 y el de Galicia en el 80, se aprueba en el 80 con mucho retraso en octubre como consecuencia de que se intenta rebajar el nivel de autonomía de Galicia. Cuando se aprueba la Constitución, se busca una forma que permita dar un tratamiento especial a Catalunya y al País Vasco. Se decidió que este tratamiento se le daría a aquellas Comunidades que hubiesen pleibiscitado Estatutos de Autonomía antes de la Guerra Civil, y Galicia entró en el cupo. Ahora bien, desde el primer momento se intenta rebajar su nivel de autonomía. Galicia, desde el primer momento, entraba en el otro pack. Finalmente no se consiguió, hubo una propuesta muy fuerte en por parte de los partidos de la izquierda y  se aprobó un Estatuto equiparable al catalán y al vasco, pero si mañana hubiera una reforma asimétrica, a Galicia le iría mal. Esa reforma beneficiaría a Catalunya , al País Vasco, a Madrid… pero, desde luego, a Galicia no.

Imagen: Lidia Lareo

Imagen: Lidia Lareo

 Abandonando ya el Derecho Constitucional… Qué se le pasa  por la cabeza cuando encuentra la puerta de su despacho tapiada y rotulada con acusaciones de fascismo.

Bueno, esto como no es la primera vez que me pasa, uno ha hecho un poco de callo. Lo que se le pasa a uno por la cabeza es “ya han vuelto estos”, no me queda duda ninguna de quienes son. Son sectores del nacionalismo radical que lo que pretenden es que no hable. Y hay una cosa que te agradecería que pusieras en la entrevista, y es que quieren no hable fuera de clase. En realidad, la razón por la que a mí se me ataca de manera reiterada no es por lo que digo en clase, yo soy un profesor. A mí, en los panfletos,  además de insultarme, una de las cosas que se decían era una indignidad, una mentira absolutamente intolerable (se refiere a acusación de dar “mítines anticatalanistas” en clase). Yo soy una persona en clase de una imparcialidad absolutamente exquisita. Incluso digamos que hago esfuerzos para, explicando una asignatura en la que es muy difícil no hablar de política, nunca se pueda demostrar a partir de lo que una posición de partido, una posición parcial, nunca jamás. Cuando digo es nunca, jamás. Yo he hablado del Estatuto de Catalunya en clase por que tocaba hacerlo. Yo digo que en mi opinión determinadas cosas son contrarias a la Constitución, pero que hay colegas tan listos o más que yo , igual de honestos en sus juicios que opinan lo contrario. Lo hago siempre. La razón por la que vienen a tapiarme la puerta es por lo que escribo en los periódicos. Lo que se pretende es que lo que digo en el periódico, lo que digo en todos los medios –no lo que digo en clase, que jamás digo nada que pueda molestar a nadie, a ninguna sensibilidad, ni siquiera la de estos individuos-, me lo calle. Se pretende coartar la libertad de expresión de un individuo, que la ejerce en este caso mediante un instrumento que es la pluma. Yo no hago otra cosa que hablar y escribir, y lo que se pretende es, desde una manera violenta, coartar mi libertad de expresión. Callarme, intimidarme, asustarme, darme miedo para que me calle.  Me llaman fascista, un fascista es un individuo que utiliza la violencia para que los demás no ejerzan derechos y libertades. Que cree estar en posesión de la verdad y que cree que su verdad le autoriza para evitar que los demás manifiesten su manera de pensar.

Pero el derecho no es una ciencia exacta, ¿dónde está la imparcialidad?

En el ámbito del derecho, de las ciencias sociales, no es posible la imparcialidad absoluta, pero es posible ser imparcial a base de dar todas las versiones de un asunto. Yo soy imparcial en la defensa de los valores constitucionales. Yo no sólo explico Constitución, yo hago proselitismo constitucional.  No sólo creo que la Constitución debe ser respetada como base de nuestro ordenamiento jurídico, sino que además estoy de acuerdo con ella, por tanto en clase la explico en positivo. Pero cuando explico temas polémicos, como el matrimonio de los homosexuales, el aborto, la constitucionalidad del estatuto de autonomía… la imparcialidad consiste en explicar la regulación legal y dejar claro que esto no altera en ningún caso los dilemas morales que se puedan plantea. La imparcialidad es posible a base de exponer los argumentos a favor y en  contra.

“Yo no sólo explico Constitución, yo hago proselitismo constitucional.”

¿Cuál es el mensaje que cree que quieren mandarle?

Cállate. El mensaje es cállate. Cállate de una puta vez. Nos molestas, no nos gusta lo que dices, ¡cállate ya! Este es el mensaje. Y yo soy ya mayor para que nadie me mande callar. Yo estoy muy bregado, he luchado contra la dictadura franquista y no estoy dispuesto a que nadie me mande callar intimidándome. Si esto llegara a los niveles que ha llegado en otro sitio pues uno podría plantearse qué hacer. La intimidación consistente en tapiarle a uno la puerta es mucho menos grave que la intimidación consistente en entrar en un periódico y asesinar a periodistas, pero el principio que mueve, el principio ideológico que mueve a unos y otros es el mismo: no me gusta lo que dices y quiero que te calles. A uno lo intimido de una manera y a otro de otra manera mucho más brutal, incomparable en gravedad… Dios me libre compararme yo con los compañeros de Charlie Hebdo, que han sido asesinados, pretendo comparar a los que hacen eso. El que tiene como objetivo que te calles y utiliza la violencia y la intimidación para eso, parte siempre del mismo principio: que con la intimidación puede conseguir que quien dice cosas que no le gustan deje de decirlas.

¿El miedo al que piensa diferente también es xenofobia?

Claro, el miedo al que piensa diferente también es xenofobia. No lo es en el sentido etimológico de la palabra, pero el odio al que piensa distinto es la manifestación digamos más brutal de xenofobia, por una razón fundamental, porque la clave de la sociedad democrática es el pluralismo político. El pluralismo político presupone un cierto relativismo moral, que no tiene más límite que el de la constitución o el de los valores democráticos. ¿Es mejor que haya orden o libertad? Pues habrá quien prefiera el orden y hay quien prefiere menos orden y más libertad. Hay una cosa muy bonita que dice un amigo mío, Pérez Royo, y es que el principio de igualdad del artículo 14 no garantiza que todos somos iguales, porque todos somos diferentes, hay hombres y hay mujeres, hay listos y hay tontos, hay bajos y hay altos… Lo que garantiza el artículo 14 no es que todos seamos iguales, sino que nadie va a ser discriminado por ser diferente. El derecho a no ser igual, a ser diferente a los demás y no ser discriminado por ello. Porque en realidad, todos somos distintos.

“Lo que garantiza el artículo 14 no es que todos seamos iguales, sino que nadie va a ser discriminado por ser diferente. El derecho a no ser igual, a ser diferente a los demás y no ser discriminado por ello. Porque en realidad, todos somos distintos.”

¿Usted bajaría de la tribuna para debatir con los alumnos que piensan diferente?

No, yo debato con los que no piensan como yo todos los días, todas las semanas, en programas de radio, programas de televisión… incluso he debatido muy fervientemente con gente que piensa muy distinto. Estoy cansado de debatir, cansado en el sentido de que lo he hecho muchas veces. Hay una cuestión elemental en la que hay que estar de acuerdo para debatir, y es que la manera de resolver la discrepancia es hablando.  Yo estoy dispuesto a debatir con cualquiera, salvo con quien debata y al final saque el mamporro del bolsillo y me pegue con él en la cabeza. Eso no lo estoy dispuesto a hacer, pero a debatir con cualquiera, sí claro. Yo tengo fuertes convicciones, posiblemente equivocadas, pero algunas las tengo desde que soy relativamente joven y no las he cambiado.

Cuarta vez en quince años que le atacan de este modo, ¿se hubiese podido evitar debatiendo a tiempo?

No, yo creo que no, yo creo que los estudiantes, si es que son estudiantes, que no lo sé, que pretenden que me calle, no quieren debatir conmigo, lo que quieren es que me calle. Lo que no quieren es que haya debate, porque si quiseran debate, hay mil maneras de debatir, hay periódicos, hoy en día además está la red…. No suelo leer las cosas que escriben sobre mí en la red por una cuestión de salud mental, porque en realidad en la red lo que hacen es insultarte. Cuando la gente que piensa como presumiblemente piensa esta gente entra en discusión contigo, no quiere debatir contigo, lo hace para insultarte directamente. A la gente que practica la violencia hay que aplicarles la ley, no hay que hacer otra cosa. Yo estoy dispuesto a discutir con cualquier chaval que venga a decirme que él es partidario de lo que sea, de la independencia de Catalunya, de la de Andorra o de la de Pontevedra, cada uno es muy dueño de pensar lo que le dé la gana, pero claro, siempre y cuando que el debate se mantenga en los límites del debate.

Imagen: Lidia Lareo

Imagen: Lidia Lareo

¿Dónde sitúa el límite de lo que debe ser escuchado o no?

Esto es difícil de determinar. Yo creo que el límite a la libertad de expresión es el Código Penal. Es la injuria, es la calumnia, es la apología del terrorismo, la apología de la violencia… Decía  el otro día en V Televisión, justo el día que se produjo el atentado de Charlie Hebdo (dos días antes de la realización de esta entrevista)  un caso polémico.. Hay un cantante español que creo que se llama Javier Krahe, que en su día cocinó un crucifijo. A mí me parece de un mal gusto extraordinario y de una falta de respeto absoluta, un ataque de mal gusto gratuito. Pero tengo claro que eso no se debe prohibir, eso lo permite la libertad de expresión. El límite es la injuria, no se puede llamar borracho a quien no es borracho, no se puede llamar ladrón a quien no roba. No se puede decir en los periódicos “viva ETA”, u otro grupo de extrema derecha… Hay límites, pero yo creo que hemos de ser cuidadosos y no limitar más allá de lo que está limitado, que es el Código Penal.

¿La universidad le parece indulgente?

Yo creo que es totalmente flexible, en el sentido de que muchos de esos grupos tienen locales en la universidad, y son grupos que se han dedicado a hacer acciones de carácter… No sé si violento, pero en todo caso intimidatorio. Yo creo que la universidad es de una tolerancia incluso excesiva.

Siguiendo con la universidad, y después de unas Navidades con su Chapando en Navidad hasta en la sopa, buscando su nombre en Twitter encuentro lo siguiente: Hoxe é ese día do mes no que Blanco Valdés publica un artigo criticando Boloña para gañar adeptos. ¿Por qué tanta fijación?

Este artículo lo había escrito ya de una forma distinta, más amplio. Se titulaba El disparate de los exámenes de Enero y tuvo doscientos y pico mil lectores en todo el mundo. Tenemos los análisis de Google Analytics. Este último tuvo, por ejemplo, menos tweets, porque el twitter ha bajado en relación con Facebook, pero el anterior tuvo como 5.000 tweets. Bien, hay algunos a los que no les caigo bien, que dicen estas cosas. ¿Buscar adeptos? Yo digo lo que me parece oportuno, para buscar adeptos hay cosas más fáciles de decir, esto suele generar pocos adeptos en la universidad. Lo que consigues es que muchos alumnos que están de acuerdo manifiesten que están de acuerdo. Hay muchos alumnos que están deseando que muchas cosas se digan y no se dicen. Entonces yo soy uno de los pocos que dice algunas cosas. Por ejemplo, que examinar en el mes de enero es un disparate que no tiene ni pies ni cabeza.

¿Usted examina en enero?

Por petición de mis alumnos, yo lo que hice fue una prueba de conocimiento previa a las vacaciones. El problema no es sólo que los exámenes sean en enero, es que el sistema de Bolonia es un disparate en su conjunto.  No se pueden hacer clases interactivas con tres grupos de setenta alumnos. No hay clases interactivas, no hay evaluación continua. Lo que pretendía Bolonia, que era la máxima flexibilidad en la movilidad territorial, ha desaparecido. Tú ahora quieres ir a A Coruña a hacer Romano porque aquí no hay quien lo apruebe y tienen que convalidarte, porque los planes son totalmente distintos. Para llegar al máximo de movilidad, hemos instalado el máximo de diversidad, que supone el mínimo de movilidad. Y lo de los Erasmus ya es cosa aparte.

¿Pese a Bolonia, hay futuro?

Yo no transmitiría ningún tipo de angustia a los alumnos. El resultado final no varía sustancialmente, yo  creo que en términos generales los alumnos tenéis un horizonte más amplio que el que teníamos nosotros. Vosotros sabéis idiomas, sabéis inglés, que en mi época en bachiller se daba francés… Habéis viajado muchísimo, yo la primera vez que me monté en un avión ya era profesor de universidad. Para las chicas será más fácil, sois más y mejores, aquí desde luego la diferencia es abismal. Nosotros acabábamos y nos poníamos a trabajar, vosotros tendréis que hacer un máster. Siempre digo a mis alumnos que procuren hacer un buen posgrado. No un posgrado cualquiera, en España los buenos posgrados son caros y hay, digamos, pocos mecanismos. También hay préstamos, que algunos creen que esto es una mercantilización, pero para quien no pueda hacer un máster de 30.000€ porque sus padres no se lo pueden pagar, y hay muchos másteres de 30.000€ que son los buenos, los buenos no cuestan 2.000.

“Esto es el coste del privilegio inmenso que es escribir en un periódico, que es uno de los privilegios más grandes que se pueden tener en la vida.”

Ya para concluir… ¿Que hablen mal, pero que hablen?

No, no, que hablen bien.  Yo estoy curado de toda vanidad desde hace muchos años, llevo muchos años en primera línea de la opinión en Galicia. Escribo tres artículos a la semana en La Voz de Galicia, que es el cuarto periódico de España. Llevo muchos años yendo a televisión y radio, he escrito muchos libros y he hecho muchas cosas para revistas de pensamiento, algunas muy importantes… Estoy curado de vanidades. No digo que no tenga la vanidad que tenemos todos los profesores universitarios, que la tenemos más alta que el resto de profesionales, pero la tengo muy cubierta. Que hablen mal no, que hablen bien o que no hablen. Yo estoy cansado de que me insulten. Ahora ya empieza a pesarle a uno. Conste que esto es el coste del privilegio inmenso que es escribir en un periódico, que es uno de los privilegios más grandes que se pueden tener en la vida. Pero la verdad es que sí, estoy un poco cansado.