No sé quién fue Philip Seymour Hoffman

La primera vez que vi a Philip Seymour Hoffman fue gracias a Cameron Crowe. Conocí a Lester Bangs. Le estaba diciendo a Snoopy que para ser un buen periodista hay que ser honrado y despiadado, que estaba a punto de vivir el estertor final del rock & roll y que la única moneda de cambio en este mundo en bancarrota es lo que compartes con otro cuando no eres guay. Podría estar diciéndomelo a mi.

oscarcine.com

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En Casi famosos, como en muchas de las películas en las que participó, Philip Seymour Hoffman tuvo un papel secundario. Pero no creo que se pueda llamar “papel secundario” a en lo que él convertía sus roles. La pasión, la dedicación con la que Hoffman construyo cada uno de sus personajes logró que estos fueran lo mejor de la película que los incluyese. Hacía brillar por encima de cualquier otro su personaje, siempre sin ensombrecer el conjunto o la cinta. Y eso es algo difícil de hacer. Y Hoffman hacía que pareciese tan fácil. Verlo entre los intérpretes era una garantía.

Decir que fue un actor camaleónico también me sabe a poco. Gracias a Paul Thomas Anderson conocí a los entrañables Scotty (Boogie Nights) y Phil Parma (Magnolia). Y a Dean Trumbell (Embriagado de amor) y Lancaster Dodd (The Master), que me pusieron sobre la pista de que también podía ser un hijo de puta. Otras cintas, como Antes que el diablo sepa que has muerto, lo confirmaron. También podía ser el patético Allen en Happiness, el ambiguo padre Flynn en La duda, el cínico Zara en Los idus de marzo. Capote en Capote. Un desfile de personajes en el que cada uno nada tiene que ver con el anterior. Pero todos trabajados con la misma intensidad. Hoffman buscaba que le creyésemos, y lo lograba en cualquier registro. 

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Es imposible no querer a Phil Parma, es imposible no temer a Lancaster Dodd, es imposible que Caden Cottard no le rompa el corazón a uno. Y aunque un buen guion siempre tiene que ver a la hora de crear a un buen personaje, Hoffman era capaz de ir un paso más allá. Hacer un gran trabajo de lo que podía ser en papel un personaje mediocre y, con buenos personajes escritos, trabajos excepcionales. De lo que Hoffman era capaz era de hacernos olvidar que es él y realmente conectar con sus personajes. Es peor ver cómo rechazan a Scotty en Boogie Nights que que pasen de una de verdad. Y en Casi famosos o Radio encubierta, Lester o El Conde parecen estar hablando directamente con uno. Hace único cualquier personaje, en cualquier registro, consiguiendo hacernos olvidar que es el intérprete. Quizá sea lo que hace de él un gran actor. 

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No sé quién fue Philip Seymour Hoffman. Pero no me gustó leer que lo habían encontrado muerto en su apartamento. En Synecdoche, New York, Hoffman da vida a Caden Cottard. Un director teatral que está dirigiendo la obra de su propia vida. La película la dirige Charlie Kaufman. Si la hubiese dirigido Hoffman y hubiese sido sobre su propia vida quizá podría entrar a valorar algo sobre ella. Pero lo único que puedo decir sobre él es que creo que fue un actor único. Y no me gustó leer que lo habían encontrado muerto en su apartamento porque ya no voy a conocer ningún nuevo personaje al que dé vida. Por suerte no me canso de volver a los que ya conozco. Y sigo retrasando ver A most wanted man.

nbcnews.com

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